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Economía

Antes de nada, trabajo

Cómo se las arregla un discapacitado en el tajo para labrarse una carrera profesional

el 04 dic 2009 / 22:34 h.

Una gran parte del colectivo no cree que pueda conseguir un puesto.

Cualquier ayuda es buena, pero lo cierto es que los términos que limitan la posibilidad de los discapacitados de acogerse al adelanto de la edad para la jubilación mitigan en gran parte el impacto de la medida en la situación del colectivo. Además, a pesar de los avances, aún hay una gran barrera que tienen que sortear para plantearse si disfrutar de la jubilación antes o después: el acceso al empleo. No en vano, los datos del INE cifran en 136.100 el número de discapacitados entre 16 y 64 años que buscaba un puesto en 2008, de los que el 22% quería "uno mejor". Por otro lado, 209.395 no lo hacían porque pensaban que era "muy difícil conseguirlo" por su estado.

José María Gussoni es vecino de Dos Hermanas, tiene 47 años y sufre una discapacidad desde los 22 derivada de una enfermedad. Obtuvo su primer empleo como camarero muy joven y se dedicó a ello por entero, con alguna experiencia en los tajos del campo cuando apremiaba la necesidad, hasta que su afección le cerró las puertas de los bares.

Por eso, considera que la principal preocupación del discapacitado es la del acceso al trabajo. "Para jubilarte, antes tienes que cotizar y nuestro primer problema es el de conseguir una oportunidad. Por un lado, hay funciones que no puedes realizar y, por otro, cuando sí puedes, compites en desventaja por los prejuicios de las empresas", explica.

Sin embargo, confiesa "haber tenido suerte" y haber sabido "manejarse" para quitarse los clichés de encima. "Para bien o para mal, si un discapacitado quiere conseguir y mantener un empleo, tiene que ser él el que haga el esfuerzo inicial de adaptarse a la empresa", aconseja.

Aunque hay de todo. "En mi trabajo actual, no tengo ningún problema, me han puesto facilidades desde el principio y si en algunas de mis labores necesito ayuda, me la dan sin que se considere que baja mi productividad". Así, opina que uno de los motivos que fomenta que haya empresas más solidarias -y empleos- es la obligación de cumplir con cupos para discapacitados, ya que hace que éstas conozcan mejor la realidad de estos trabajadores y les reserven puestos que pueden desempeñar mejor.

José Martín también es discapacitado sin opción a adelantar su jubilación con la nueva normativa, pero cree que asegurar el futuro de personas en su situación pasa por tomar medidas sobre el presente. Con 24 años -ya cuenta 42- sufrió un accidente laboral por el que perdió sin remedio la mitad del pie izquierdo y desde entonces ha ido "agarrándose" a los trabajos que le salían entre los que aún puede realizar.

Ahora hace labores de limpieza en un polígono industrial para una empresa de servicios -por intermediación de la Federación Provincial de Asociaciones de Minusválidos Físicos de Sevilla- y le va bien, pero recuerda las veces que se ha tenido que apretar el cinturón por culpa del recorte que su discapacidad producía en sus salarios. "Más de una vez me han dicho que no me queje, que además de lo que cobro tengo una paga, cuando entre las dos cosas no llegaba ni a 800 euros al mes", cuenta.

En este sentido, Martín destaca que los discapacitados tienen menos posibilidad de ahorro. "Hay que tener en cuenta que, encima de cobrar menos, tenemos más gastos. Yo, por ejemplo, necesito usar siempre el coche para moverme y en gasolina se me va un dineral".

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