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Jóvenes al día

Apoyo para llegar a pie hasta Santiago de Compostela

La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Sevilla informa entre mayo y agosto a los 10.000 vecinos de la ciudad que, sobre todo en verano, recorren parte de la ruta jacobea

el 19 jul 2014 / 08:00 h.

El centro de apoyo al peregrino de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Sevilla está estos días echando humo, ya que en la época estival se concentra la mayor parte de los sevillanos que, por razones religiosas o por simple amor por la naturaleza, aprovecha los días de tiempo libre para encaminarse a pie a la capital gallega, final de una de las peregrinaciones más antiguas y bellas del planeta. La ayuda al peregrino la brindan en verano hasta 11 voluntarios que se van turnando. Entre mayo y agosto de 2013 atendieron, explica el vicepresidente de la asociación de amigos, Manuel Oliva, a unas 10.000 personas. A la mayor parte les expendieron la credencial de peregrino, porque al estar Sevilla al inicio de uno de los caminos que llegan a Santiago, la Vía de la Plata, la inmensa mayoría de las consultas las plantean vecinos de la ciudad. Por fortuna, apenas atienden torceduras o ampollas. «Pero una vez cada diez años sí que nos encontramos con algún peregrino del norte de España que no le presta atención ni al sol ni a las temperaturas y comienza a hacer la Vía de la Plata... hasta que le da un golpe de calor», incide Oliva. Así que la asistencia desde Sevilla se parece más a una clase teórica: el peso que hay que llevar en la mochila – «cuanto menos mejor. Y como mucho el 10% del peso corporal. Una muchacha de 50 kilos no debe cargar con más de cinco. Tenga en cuenta que por el camino atravesamos poblaciones con farmacias, con bares y hasta con supermercados y cajeros automáticos. Sólo aconsejo una muda para caminar, otra para no caminar , chanclas para la ducha y sólo en verano y para Andalucía y Extremadura dos litros de agua que hay que reponer siempre que se tenga ocasión para hacerlo, además de un sombrero de paja mejor que una gorra y protección solar»–, las condiciones de uso de los albergues –el primero está en Castilblanco de los Arroyos, a una treintena de kilómetros de Sevilla–, la explicación de las señalizaciones y credenciales y otros consejos como las horas a las que enfrentarse a  la Vía de la Plata:«De seis de la mañana a doce del mediodía. A esa hora hay que haber llegado al destino. Es un poco lo que hacemos los sevillanos en la ciudad. En verano concentramos las gestiones por la mañana y en cuanto podemos nos encerramos en casa hasta que cae la tarde. Pues en el camino igual. Si alguien quiere andar pasadas las doce, lo mejor es que espere a las ocho de la tarde», recomienda el vicepresidente de la asociación. Eso sí, la mejor época para disfrutar de la naturaleza en la Vía de la Plata quizá no sea la estival, con el campo calcinado. Oliva lo tiene claro: «Las dehesas, y hay dehesa desde Sevilla a Béjar (Salamanca), experimentan una floración de los campos con colores que literalmente embriagan entre mediados de marzo y mediados de mayo. Si se pueden caminar los 40 días entre Sevilla y Santiago, lo más hermoso es vivir en Sevilla el inicio de la primavera... y también en Galicia, porque allí la estación llega con un mes de retraso respecto al sur. Se ve nacer la primavera a lo largo de todo el recorrido». Claro que pocos tienen tanto tiempo libre y recursos (una jornada de camino pernoctando en albergue, cenando el menú del peregrino y almorzando bocadillos o fruta difícilmente baja de 30 euros). Así que lo más habitual es dedicar una semana, a lo sumo dos, a hacer el camino. Y además el 90% de los sevillanos –no así los extranjeros que empiezan desde Sevilla, quienes además sí se animan a patear esos 35 o 40 días– aborda el clásico camino francés que discurre entre el país vecino y Santiago a través de Castilla-León y Galicia. Así, el albergue de Castilblanco de los Arroyos acoge a 2.000 peregrinos al año –el de Zamora, también en la Vía de la Plata, a 3.100, porque los ciclistas no suelen pernoctar tan cerca de Sevilla–. De hecho, el ritmo diario en Castilblanco está ahora entre tres y cinco peregrinos al día, mientras que en primavera la afluencia se multiplica por diez. «Los días no son calurosos y no hay ni moscas. Y en octubre y noviembre no hay flores, pero está el encanto de las bellotas o las nueces», desgrana el peregrino. El camino a través de la Vía de la Plata comenzó a utilizarse a raíz del renacimiento del Camino de Santiago medieval a partir de los años 80 y, sobre todo, de la apuesta política de Manuel Fraga y la Xunta de Galicia con el Xacobeo de 1993, que fraguaron que miles de peregrinos y excursionistas llegaran a diario a Santiago. Las asociaciones que nacían en puntos alejados del camino francés, como la de Sevilla –fundada en 1991–, se plantearon ir a Santiago desde sus propias sedes. En el caso hispalense, con la suerte de contar con un camino histórico de origen romano que aún sirve como vía comercial entre el suroeste y el noroeste de España:la Vía de la Plata. De hecho, y aunque la construcción de una carretera –y luego una autovía, y vías férreas– obliga a desviarse del camino original en algunos puntos, «el hecho de que se hayan construido junto al camino tradicional indica que éste era muy bueno: elegía los mejores puntos para vadear ríos o atravesar cordilleras», pormenoriza. Además, tiene premios como entrar a Mérida por un puente romano utilizado de forma ininterrumpida desde entonces, y por el Arco de Trajano. «Los puentes y los pórticos son elementos fijos del camino. No cambian así pasen los siglos, ni siquiera cuando reconstruyen un puente:siempre es en el mismo lugar», explica este trabajador de la industria enamorado del Camino de Santiago y del medio ambiente. «Pero ese amor por la naturaleza no es propio sólo del peregrino. También lo tienen los excursionistas que salen al Huesna».

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