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Arquitectura buena o mala

Los arquitectos reclaman soluciones ante la falta de trabajo en lugar de debates estériles sobre estilos más clásicos o modernos

el 27 feb 2011 / 18:47 h.

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El rascacielos de Cajasol ha sido uno de los proyectos más criticados por el consejo asesor del Colegio de Arquitectos

Ni clásico ni moderno. Ni a favor ni en contra de las setas o el rascacielos. “Con lo que está cayendo, con el paro y la precariedad que vivimos en la profesión, éste no es el debate que hay que abrir”. Ésta es la opinión de muchos de los arquitectos sevillanos consultados por este periódico ante la propuesta del Colegio oficial de Arquitectos (COAS) para reflexionar sobre los grandes proyectos que se están ejecutando en la ciudad, fundamentalmente la torre Pelli, el Metropol Parasol de la Encarnación y la biblioteca del Prado, proyectos que estos profesionales creen que se deben valorar según su mayor o menor calidad arquitectónica y no por otras cuestiones políticas o de gestión urbanística.


A Antonio Ortiz Morilla, un joven arquitecto del estudio Hombre de Piedra, el debate abierto por el nuevo consejo consultivo del Colegio le parece innecesario y tardío. “Hay muy poco trabajo y mucha competencia. Ése es el problema que debe abordar el Colegio. No ven los problemas reales del sector. ¿O es que se van a tirar ahora las setas? Sólo se puede aprender de los errores”, sentencia. A su juicio, es un “atraso” volver al clasicismo, tal y como propuso alguno de los miembros del consejo asesor del COAS, ya que es un “error anclarse siempre en lo mismo”. ¿Y qué opina sobre los proyectos que ahora cuestiona el Colegio? Ortiz Morilla apunta que las setas de Jürgen Mayer no son un buen ejemplo de arquitectura moderna integrada en su contexto porque “están fuera de escala”, mientras que sí respalda el proyecto de la torre de César Pelli siempre que se resuelva el problema de la movilidad. En cuanto a la biblioteca de Zaha Hadid, “arquitectónicamente es una buena obra, otra cosa es si hay o no problemas urbanísticos con el solar”.


José Carlos Mariñas, responsable del proyecto de la Piel Sensible (peatonalización de las plazas del Centro) y del nuevo barrio en Hacienda el Rosario, entre otras muchas obras, lo tiene claro: “En Sevilla caben buenos proyectos vanguardistas o clásicos. El consejo consultivo del Colegio no representa a los colegiados, aunque respeto la opinión personal de sus integrantes”. Mariñas también sostiene que el Colegio debe atender “cosas más importantes”, como “¿qué pasa con los jóvenes arquitectos que no encuentran trabajo?, ¿y con las estructuras colegiales que se han quedado obsoletas ante los cambios del mercado?, ¿y con los arquitectos de 40 o 50 años que ven cómo todo cambió?”. A su juicio, esas son las cosas importantes. “Me parece increíble que se dediquen a hablar del sexo de los ángeles”, lamenta. Y sobre los proyectos en cuestión apunta, coincidiendo con la consejera de Obras Públicas, Josefina Cruz Villalón, que hay que verlos “terminados”: “En algunos sólo se ven andamios y en otros agujeros o recreaciones virtuales”.


El arquitecto José Antonio Carbajal es uno de los miembros del consejo consultivo recién estrenado por el COAS, pero no pudo asistir a la primera reunión en la que se lanzaron las críticas a los proyectos en ejecución en la ciudad. “Siento que de ese encuentro sólo trascendieran esas críticas, ya que los profesionales tienen un problema serio por el paro y eso es lo que hay que resolver”, apostilla. Carbajal (autor de obras como el Seminario Dioscesano) no está de acuerdo con la crítica generalizada “porque se han hecho cosas interesantes” en la ciudad, como el tratamiento de algunas calles peatonalizadas. Con todo, tilda los parasoles de la Encarnación de “panza de elefante gigantesco” y mantiene que el rascacielos en la Cartuja no le parece “ni adecuado ni oportuno”. Sobre la biblioteca del Prado, de la que fue miembro del jurado, afirma que “no era la peor propuesta”. “Ninguna era una obra redonda. El proyecto de Zaha Hadid –añade– es como un melón sin abrir, hay que verlo construido”.


Carbajal sí admite que el debate sobre estos grandes proyectos de la ciudad debió plantearse antes y que el tiempo tendrá la última palabra. “Veremos los años de vida que tienen las setas”, advierte.


Miguel Ángel Pontijas, jefe del departamento de Arquitectura y Urbanismo de Ayesa, tampoco casa con las opiniones vertidas desde el COAS. “En general, el nivel de la arquitectura de Sevilla es muy alto. Admiro el trabajo de arquitectos con nombre y el de otros muchos desconocidos. Las manifestaciones del Colegio no son bien interpretadas porque arremete contra compañeros. No se puede tachar de insensatez lo que se está haciendo porque no hubo falta de cordura. Hay trabajos muy buenos”, dice en réplica a las palabras del decano, Ángel Díaz del Río, quien defiende la labor de la institución colegial.
Ante las reacciones surgidas tras los comentarios de los miembros del consejo consultivo (Gabriel Verd consideró que los parasoles de la Encarnación son “naves extraterrestres”, Rafael Manzano defendió “la vuelta a un cierto clasicismo” y Antonio Sáseta que proyectos como el rascacielos representan un modelo que conduce “a la ruina”), Díaz del Río admite que los arquitectos son un colectivo con diversidad de opiniones y que los miembros del consejo “para nada” son “conservadores”. “El Colegio lucha contra el intrusismo, empezó una campaña sobre las ITE... En la defensa de la profesión y la búsqueda de trabajo somos líderes”, aclara.


Echando un vistazo al pasado, el catedrático del departamento de Proyectos Arquitectónicos de la Escuela de Arquitectos de la Universidad de Sevilla Gonzalo Díaz Recasens remarca que el Colegio hispalense tuvo siempre un papel muy importante en la ciudad, de ahí que evitase el soterramiento del río para la Expo’92 o impulsase la rehabilitación de los antiguos corrales de vecinos. Pero, mirando al presente, asegura que “hubo momentos más progresistas”. A su juicio, el consejo consultivo del COAS “no representa la vanguardia de la arquitectura actual”.


Eso sí, Recasens asegura que el rascacielos de la Cartuja, las setas de la Encarnación o la biblioteca del Prado son proyectos “poco considerados con lo existente” y que están relacionados “con la necesidad de que el poder político se refleje, algo que siempre fue así pero que ahora se ha exagerado”, remarca. “Se busca la espectacularidad, primándola frente a la racionalidad”, insiste.


Para José Núñez, arquitecto, exdelegado de Urbanismo con el PA, exconsejero de Turismo y profesor del departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad de Sevilla, lo importante es “hacer buenas obras arquitectónicas, contextualizadas con su tiempo”, ya que la nueva arquitectura –a su juicio– cabe en cualquier lugar si es buena. Eso sí, en muchos casos el problema no es la arquitectura, sino dónde se edifica. Para el andalucista, el lugar donde se levanta la torre Pelli es “inadecuado”, al igual que la ubicación de la biblioteca del Prado.


Víctor Pérez Escolano, catedrático del departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas de la Hispalense, subraya que los representantes del COAS deberían recoger las opiniones diversas que emanan de un colectivo amplio y plural y no hablar “a título personal”. “Ya está bien –asevera– de que la torre Pelli o las setas sean las únicas cosas arquitectónicas de las que opinar. Ya está bien de hablar siempre de lo mismo. La arquitectura de la ciudad es más que eso”. Y afortunadamente, así es.

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