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Cultura

Arquitectura del poder: De un despacho prestado al lujo de San Telmo

Ahora que la Junta de Andalucía acaba de reestrenar su flamante Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia del Gobierno andaluz, es momento de echar la vista atrás y recapitular cómo fue el proceso iconográfico de sus distintas sedes.

el 12 jun 2010 / 18:40 h.

Lo sabían los mesopotámicos, los egipcios, los griegos, los romanos, los árabes, los godos, nuestros reyes cristianos, y así hasta quienes nos gobiernan en el día a día: un poder no se afianza realmente en el imaginario colectivo hasta que no se hace bien visible, hasta que no crean de la nada uno o más referentes icónicos desde los que proclamar, a modo propagandístico, ese ‘aquí estoy yo, aquí mando yo'. Tal función tuvieron los zigurats mesopotámicos, las pirámides egipcias o esos arcos del triunfo con que los romanos sembraron sus conquistas, por citar ejemplos viejos conocidos.

Mas también los hay menos remotos y pertinentes por lo que de reciente actualidad comportan. Ahora que la Junta de Andalucía acaba de reestrenar su flamante Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia del Gobierno andaluz, es momento de echar la vista atrás y recapitular cómo fue el proceso a través del cual un poder nuevo, el de la autonomía andaluza, se fue abriendo paso desde fines de los setenta hasta erigirse, también en el plano icónico-arquitectónico, en la primera autoridad reconocible y respetada de Despeñaperros hacia abajo.

Un proceso largo, complejo, tortuoso y lo más importante, estudiado. No se hizo al tuntún, sino respondiendo al modelo clásico de las conquistas militares: abrazando aquel territorio que se quiere domeñar desde prácticamente los cuatro puntos cardinales, imbricándose en el urbanismo existente plantando sedes institucionales en el extrarradio de Sevilla -como en el resto de capitales de provincia andaluzas- desde las que reforzar su condición de primera autoridad político-económico-social.

Y es que ya lo dice de forma franca el que fuera presidente de la Junta de Andalucía y en buena medida estratega de esa nueva realidad llamada Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla: "Teníamos que reflejar el papel de poder principal político de aquella nueva institución en Sevilla; la Junta era una realidad nueva que había que afianzar y no se crea nadie que fue algo fácil. Nadie sabe -bueno, sí, nosotros- lo que costó que nos recibieran los gobernadores civiles de entonces, los capitanes y generales, los obispos y que nos reconocieran como lo que éramos".

"Por suerte -prosigue-, aquello ya es historia y hoy en día la Junta de Andalucía ocupa un lugar indiscutible, y su sede en San Telmo es tanto o más digna que cualquier de las que poseen otras comunidades autónomas. Estar en San Telmo y tenerlo de dulce no es un capricho, sino una necesidad porque la arquitectura es un emblema de poder con el que se vertebra la sociedad".

Ahora que la Presidencia de la Junta prepara la mudanza -se hará en verano- desde la Casa Rosa, donde ha permanecido durante desde 2005 mientras se acometía la rehabilitación integral de la que fuera morada de los Montpensier, es hora de hacer memoria para componer el relato político-arquitectónico vivido por el Gobierno andaluz desde los albores de la autonomía hasta la reapertura de San Telmo, santo y seña del poder autonómico junto al edificio de Torre Triana, emblema del funcionariado andaluz.

CASA DE LA PROVINCIA
Un despacho prestado para Fernández Viagas

El cuartel general preautonómico estuvo situado en un despacho cedido por la Diputación Provincial en la actual Casa de la Provincia, en la plaza del Triunfo. Entre mayo y noviembre de 1978, ese despacho se convirtió en un hervidero de reuniones desde donde Plácido Fernández Viagas, primer presidente preautonómico, se entrevistó con cuantas personalidades tuvo a bien -siempre junto a Manuel del Valle- para llevar a buen puerto la empresa autonómica. Aquí germinó el compromiso de todas las fuerzas políticas andaluzas que desembocó en el llamado Pacto de Antequera.
El despacho, cedido por el entonces presidente de la Diputación Mariano Borrero Hortal, es hoy día un pequeño museo en el que se repara en la figura no lo suficientemente conocida de Fernández Viagas, aquel prohombre nacido en Tánger y pegado siempre a un cigarro que puso todo el empeño del mundo en que Andalucía soltase lastres y tópicos -"es hora de que Andalucía comience a cantar sin pena"; "es muy importante que los andaluces vayamos unidos en lo esencial"- para gozar de la autonomía que hoy tiene.

PABELLÓN REAL
El tiempo de Escuredo en la Plaza de América

Si la Diputación cedió unos metros cuadrados al embrión del Gobierno andaluz, también la ciudad aportó su grano de arena al prestar el Pabellón Real, construido para la Exposición Iberoamericana del 29, para un ente cada vez más nutrido y, por lo tanto, necesitado de espacios.

En este inmueble situado en la Plaza de América, cerrando el vértice museístico configurado por los actuales Museo Arqueológico y de Artes y Costumbres Populares, tomó velocidad de crucero la autonomía con Rafael Escuredo ya como segundo presidente preautonómico. Para la posteridad han quedado algunas instantáneas históricas, entre ellas la de un Escuredo saliendo victorioso tras su famosa huelga de 72 horas.

PALACIO DE MONSALVES
La Presidencia de la Junta llega al Centro

Escuredo lleva a gala el haber sido el primer presidente de la autonomía andaluza plenamente reconocida. Fue en la legsilatura 1982-86 con un Gobierno que tomaba posesión el 4 de agosto de 1982 y que ya se hallaba instalado (al menos desde 1979) en el Palacio de Monsalves, en la calle del mismo nombre, a un tiro de piedra del Museo de Bellas Artes.

En puridad, se trata del primer edificio adscrito al naciente Gobierno andaluz, que a partir de ese momento y conforme fue cogiendo velocidad de crucero con sus consejerías, funcionariado y demás, ha venido aquilatando un patrimonio urbanístico de relieve basado en adquisiciones estratégicas y patrimoniales claves por toda la ciudad. De entre todo este conjunto destaca una sede con nombre propio: San Telmo.

PALACIO DE SAN TELMO
Una sede a la altura de una gran Andalucía

La cesión de la espléndida morada de los Montpensier a la Junta, troceada, apocada y destartalada por la sucesión de obras de poco empaque realizadas por la Iglesia para adecuarla a sus fines como seminario una vez detentada su titularidad, da como para un libro. Tanto por los pormenores larguísimos de la negociación como por la macroobra de rehabilitación que ha habido que acometer hasta hace nada para devolverle al palacio su empaque pretérito, lo que obviamente ha costado dinero.

El 19 de septiembre de 1989 se firmaba la cesión del palacio por parte de la Diócesis al Gobierno andaluz. Esa realidad se escenificó con una foto que presenta, en uno de los balcones del inmueble, al entonces arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo, junto al también entonces presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla.
Se ponía así punto y final a un tira y afloja entre el poder temporal (el político) y el atemporal (el de la Iglesia) que trajo de cabeza al entonces consejero de Cultura Javier Torres Vela, quien por mandato de Borbolla llevó las negociaciones junto a otros personajes clave como fueron Manuel Benigno García Vázquez, negociador por parte de la Diócesis, y Juan Garrido Mesa, otro hombre de Iglesia que era secretario general técnico de la Consejería de Obras Públicas y Hacienda.

A los que añadir un tercer nombre: el del cura Javierre, que según cuenta Torres Vela, "nos echó una mano provindencial porque, cuando todo parecía despejado, resulta que faltaba la autorización de la Curia romana. Y gracias a que él tenía un familiar en ella, pudimos arreglarlo. Aún recuerdo las más de 24 horas que pasé encerrado en un hotel de Roma esperando que nos dieran el plácet, que al fin llegó".

Igual de jugosa es la anécdota que relata Borbolla, pero que reflejaba muy bien las dificultades que, antes y ahora, sigue hallando la Junta en su relación con la Iglesia: "Una de tantas veces que el acuerdo estaba enconado le pedí una entrevista a Amigo Vallejo. Le expuse que, si bien las cosas de la Iglesia son atemporales, las políticas tienen como horizonte las elecciones". Torres Vela apostilla que la Iglesia jugó muy bien sus cartas: "Sacó bastante tajada del acuerdo, que incluyó propinas en una serie de iglesias de la provincia que nos pidieron que arregláramos como gestos de buena voluntad...".

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