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Atención para los que atienden

El equipo de pediatras de Ronda Histórica reclama que se cubran las plazas de compañeras que se jubilan para preservar la Atención Primaria en el centro.

el 09 feb 2015 / 12:00 h.

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Revision a un niño en el centro de salud Ronda Historica. / Pepo Herrera Revision a un niño en el centro de salud Ronda Historica. / Pepo Herrera «Hemos llegado al límite». Cuatro palabras con las que las pediatras del centro de salud Ronda Histórica, en Carretera Carmona, resumen su día a día desde hace ya más de un año y medio. El centro tiene asignadas siete plazas de Pediatría. En 2013, perdió una tras la jubilación de una de las doctoras. Desde hace casi dos años, una de las pediatras del equipo tiene una reducción de jornada de un 33 por ciento por cuidado de mayores. Y desde el pasado 7 de febrero, se ha consumado otra jubilación. La situación es tan desesperada y desesperante para las doctoras que el pasado 17 de diciembre remitieron a la dirección del Distrito Sanitario de Sevilla una carta en la que exponían, entre otras cosas, lo siguiente: «Nuestros cupos tienen una media de 1.161 niños, siendo lo óptimo 1.000 y, por supuesto, no está recomendado pasar de 1.200 por pediatra. ¿Cuántos niños por pediatra son atendidos cuando no pasa consulta nuestra compañera con su jornada reducida? Muchos más de los que corresponde para hacer bien el trabajo teniendo en cuenta que hay épocas como la actual con demanda muy alta», en alusión esto último al pico histórico de urgencias por la gripe. La sala de espera de Pediatría ha estado hasta los topes. Son más de las tres de la tarde y las doctoras atienden a esta redacción. «Yo ya no puedo más», dice derrengada en una silla una de las profesionales, un equipo en el que la más joven tiene 60 años. Todas insisten machaconamente en una idea: el problema no es que se trabaje mucho sino que lo hacen en unas condiciones muy mejorables. Para ellas, la edad tampoco es baladí y así lo reflejaron en el escrito enviado al Distrito Sanitario: «Nuestra edad media está por encima de los 60 años y es difícil asumir trabajos extras de sustituciones de bajas o vacaciones y suele pasarnos una factura muy alta los momentos de estrés provocados por sobrecargas o atención a niños con urgencias graves». Pero si hay algo que les rebela es el efecto que esta «sobrecarga» de trabajo tiene en la Atención Primaria, un logro de nuestra sanidad pública. Porque la Atención Primaria, recuerdan solapándose en las respuestas una con otra –la pasión por su trabajo es lo que tiene–, no es atender un resfriado, una gripe o una bronquitis de urgencia. La Atención Primaria consiste, reiteran, en que el pediatra hace un «seguimiento» del niño «permanente en el tiempo»: conoce su historial y puede prevenir (que no solo curar) situaciones futuras. Pese a todo, y porque la vocación y la responsabilidad es la que manda, las pediatras terminan su escrito al Distrito Sanitario con toda una declaración de intenciones: «Tenga por seguro que no vamos a escatimar esfuerzos en buscar la manera de alcanzar nuestro objetivo».

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