miércoles, 19 diciembre 2018
13:30
, última actualización
Cofradías

Ayer y hoy de la cirugía sagrada

Los calamitosos trabajos de Peláez del Espino supusieron un punto de inflexión en una especialidad que vive su esplendor.

el 14 jul 2012 / 20:00 h.

El consejero de Cultura, Luciano Alonso ante la radiografía del Cristo del Museo.

Una inmensa radiografía a tamaño natural del Cristo del Museo sirvió de telón de fondo a la reciente presentación de los trabajos de limpieza y conservación que se acometerán en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) en los próximos cinco meses. El crucificado del Lunes Santo experimentará un tremendo cambio con respecto al aspecto que le confería la oxidación de sus barnices, pero ésa es otra historia: la radiografía mural nos abría una puerta en el tiempo a otros modos, otras manos, y nos hacía retroceder 35 años, a unos momentos en los que la restauración de obras de arte aplicada a las imágenes sagradas comenzaba a separarse del obrador artesano para convertirse en una balbuceante disciplina científica. Pero esa evolución no fue nada fácil y conllevó la aparición de algún aventurero que paradójicamente hizo concienciarse a las cofradías del verdadero camino a seguir y no volver a tropezar en la misma piedra.

El caso más paradigmático fue el de Francisco Pélaez del Espino, fallecido ya hace una década. Él fue el encargado, en aras de esos pretendidos avances científicos que se harían esperar, de llenar de alambicados mecanos de hierro -contraviniendo la más elemental ley de la cocina del arte- a imágenes como las del Cristo del Museo, que necesitó de una compleja intervención de los hermanos Cruz Solís bajo el amparo del Ministerio de Cultura para revocar parcialmente aquellos daños, que incluían el empleo arbitrario de cola sintética o poliéster que causaron una "plastificación" exterior e interior de la escultura. Pero el portentoso crucificado de Marcos Cabrera también había sido reforzado pueril e irreversiblemente con ese asombroso catálogo de barras y tubos metálicos que muestra la radiografía expuesta en los talleres de la Cartuja. El caso es que algunos de esos hierros ya forman parte indisoluble de la materialidad del crucificado del Lunes Santo "y su eliminación provocaría unos problemas absolutamente inaceptables desde el punto de vista conservativo", tal y como precisaba Lorenzo Pérez del Campo, jefe del centro de intervención del IAPH, en la presentación de los trabajos de restauración del Cristo, seguramente la más ambiciosa -y la que ofrecerá resultados más llamativos- del largo catálogo de imágenes que están pasando o van a pasar en estas fechas por las manos de sus respectivos médicos de cabecera.

EL CASO DEL GRAN PODER

Esa intervención sobre el Cristo del Museo nos sirve para evocar otros trabajos trascendentales. La restauración del Señor de Sevilla hizo pasar a Peláez de la gloria a la tragedia después de intervenir salvajemente sobre el Gran Poder. Ignacio Jiménez Esquivias, teniente de la cofradía de la Madrugada, recuerda los lances de aquella bienintencionada decisión que acabó siendo nefasta: "Creíamos que era lo mejor que había entonces. Estaba interviniendo en muchas imágenes de hermandades punteras pero aquello fue un auténtico desastre". Los calamitosos resultados de aquella intervención y el ancho altavoz prestado por la devoción al Gran Poder hicieron el resto. El restaurador quedaba defenestrado para siempre y se abría un tiempo nuevo en el tratamiento de las imágenes, que no se puede entender sin el nexo prestado por la mano de los hermanos Cruz Solís -cirujanos de cabecera del Señor de Sevilla- que han encarnado el mejor equilibrio entre la destreza manual que sólo se adquiere en el taller y el empleo de análisis científicos.De aquellos balbuceos al impresionante potencial técnico del actual Instituto de Patrimonio -aunque sus criterios de limpieza no hayan sido del agrado de todos- han pasado muchas y variadas intervenciones de una disciplina que goza de muy buena salud. Las hermandades ahora sí tienen donde elegir.

  • 1