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Bendecida por Santa Ángela

La Hermandad del Rocío de la Macarena esparció su alegría por el centro de Sevilla

el 08 jun 2011 / 18:05 h.

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La carreta macarena bajo las setas.

Vivas y más vivas, a la Virgen del Rocío, a la Reina de las Marismas, al Pastorcito divino, a la hermandad... y a la Señora de Sevilla, y a la Virgen del Rosario y a toda la calle Feria, a Santa Ángela y a la Beata María de la Purísima, y antes a la Amargura y a las hermanas del Espíritu Santo, y después al Valle, al Silencio, al Museo y su Virgen de las Aguas y al Cachorro de Triana, vivas y más vivas en cada una de las paradas que la Hermandad del Rocío de la Macarena hizo en su recorrido desde San Gil hasta los confines del arrabal. Vivas y rezos, y salves, y canciones y alegría desbordada por las calles.

A las siete de la mañana, media hora antes de que comience la misa de romeros, el cohetero empezó a despertar al barrio, como hacía el tamborilero por la calle Parras. La parroquia de San Gil se fue llenando poco a poco, con caras mezcla de sueño y emoción, que aumentó cuando el Simpecado salió de su capilla para situarse en el Altar. A su conclusión, y cuando las campanas no dejaban de volar, los peregrinos buscaban el sol para aliviar el frescor de la mañana para encaminarse hacia el arco, ése de cal y albero que apuntan las sevillanas por el que volvió a salir, pero se dio la vuelta para saludar a la Esperanza, la Señora de Sevilla que miraba el Simpecado rociero y su pequeña reproducción en plata, como si fuera un espejo, desde su altar.

"Con Macarena en mi alma y con Rocío en mi pecho", el mejor camino que nunca nadie haya hecho, como repitía el coro delante de la carreta y coreaba todo el barrio. Jolgorio en la calle Feria que la esperaba con sus balcones engalanados y parada obligada en Montesión , donde al sonido del tamboril y la flauta le acompañaba el olor del aguardiente y del café, combustible para seguir andando.

La bulla fue creciendo en la calle Santa Ángela pero ni se oía respirar a las puertas de la casa de Madre Angelita para escuchar cantar a las hermanas, sombreros al aire: "Salve, Dios te salve... ruega por tus rocieros", cantaban las voces angelicales, que dieron paso a otra salva de vivas.

Como el Domingo de Ramos, el primer paso bajo las setas de la Encarnación concitó la expectación del público, y de los turistas, que se afanaban por fotografiar en ese marco moderno a las flamencas macarenas, new tipical spanish. Antes de que llegara hasta allí la carreta, los indignados saludaban a los presentes: "Rocieras y rocieros, buenos días, que lo paséis muy bien en vuestro camino y os invitamos a acompañarnos a la manifestación del día 19. Muchas gracias". Cuando pasó la hermandad, respeto y silencio.

Por la Encarnación correteaba Rocío, una preciosa niña de 18 meses, perseguida por su madre, también Rocío, vestida igual. Su abuelo, Juan Rasco, contaba que "este año no podemos hacer el camino, pero vamos y venimos todas las noches" y reconocía que "da pena, pero unos parados otros que mal que bien sobrevivimos, pero veremos salir a la Virgen, hay que pedirle salud para los pobres y los enfermos, mucho amor y también trabajo". La pequeña Rocío fue uno de los bebés que al llegar al Patrocinio fueron alzados por el prioste para acercarla hasta el Simpecado y bendecirlas con su cordón.

Las ofrendas y petaladas se repitieron desde los colegios por los que pasó y desde los balcones, desde las hermandades, el mercado y hasta desde la farmacia de Marqués de Paradas.

Antes, rezo del Ángelus en la capilla del Museo 25 minutos antes de la hora y de nuevo su Salve "del Rocío al Cielo" que emociona y acongoja a los que la cantan. También despedida de Sevilla encima del puente, vuelto el Simpecado hacia la ciudad:"Mira mi carreta cuando va andando... es consuelo y alegría pa to aquél que peregrina".Y el punto y final en la calle Castilla, donde aún rezuma el paso de la tradición trianera, con sus balcones engalanados y las cintas verdes de la hermandad decana y madrina. Tantos caminos juntos, tantos hermanos que antes iban con Triana y que desde hace 20 años caminan detrás de un Simpecado que es una obra de arte en sí mismo, pero que es sobre todo, el centro de la devoción de miles de macarenos.

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