Cofradías

Bicentenario a lo grande en Morón

La hermandad portó el Lignum Crucis, normalmente custodiado en San Miguel

el 17 abr 2014 / 23:30 h.

15676002 El repicar de las campanas anunciaban la hora más esperada por la hermandad de la Santa Cruz del municipio sevillano de Morón de la Frontera. Dentro de la iglesia de San Ignacio de Loyola la emoción era palpable en una efeméride muy especial: el bicentenario de esta hermandad que procesiona en la tarde del jueves Santo. Era en 1814 cuando se tienen las primeras noticias de esta cofradía, que ha preparado al milímetro la celebración de este bicentenario. El brillante sol de la tarde hacía presagiar que se viviría un día perfecto. A las 18.30 horas de la tarde las puertas de la iglesia se abrían para dar salida a una Cruz de Guía que marcaba el paso de una estación de penitencia que en los últimos años ha ido adelantando la hora de salida de manera progresiva. Sin embargo, las inclemencias meteorológicas han impedido disfrutar de esta cofradía a horas más tempranas. Por ello, la salida entre las luces del sol ha cogido a muchos moronenses por sorpresa. No obstante, la tarde primaveral abarrotaba las calles de Morón de la Frontera en el discurrir del paso del crucificado, obra cumbre de Illanes, cuya salida fue recibida por una saeta dedicada al Señor. El nuevo dorado de potencias del Cristo de la Expiración relucía en su paseo mágico hacia la Catedral de la Sierra Sur cuando los nazarenos aguardaban la salida de la Virgen de la Esperanza, quien lucía en todo su esplendor con una nueva blonda en el tocado y un broche en su manto. Su elegante forma de andar, con treinta costaleros bajo las trabajaderas, ha emocionado en una salida perfecta desde la iglesia, al toque de martillo de Juan Antonio Gil. Las bambalinas del paso de palio, restauradas por Manolo Solano, bailaban al son de los acordes de la Banda Castillo de la Mota, mientras la nueva parihuela alzaba al cielo a la Virgen de la Esperanza en la estación de penitencia. Ante ella un reguero de mujeres de mantilla, como manda la tradición, acompañaban a esta madre en un Jueves Santo de dolor. Tras una revirá perfecta en la calle Ánimas, los pasos se han ido encarando a San Miguel para realizar la estación de penitencia, haciendo la Virgen su entrada en la plaza bajo el son del himno del bicentenario. En su despedida, una lluvia de flores caía sobre el palio de Nuestra  Señora de la Esperanza en su bajada por la Plaza del Polvorón hacia las Morenas. Sin embargo, la emoción de los cofrades, se hacía palpable al paso del Lignum Crucis, relicario donde se guarda un trozo del Santo Madero de la Cruz donde murió Jesucristo, portado por un nazareno y que levantaba exclamaciones a su paso por las calles llenas de moronenses. Ya en el silencio de la noche, las imágenes titulares caminaban por la Carrera Oficial mostrando su negro luto, hasta que las últimas chicotás daban las buenas noches a un Cristo de la Expiración deseando descansar. Una noche de ensueño que dio paso a un breve alba esperando la ansiada madrugá, recordando que la Semana Grande de Sevilla y su provincia va llegando a su fin aunque, afortunadamente, se haya podido disfrutar plenamente en los días que llevan vividos los cofrades desde el pasado Domingo de Ramos.

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