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Brilla brilla linda estrella

No hay alcalde que se resista a iluminar estrellitas y menos Zoido, tan distinto a ese Rajoy huidizo.

el 08 dic 2011 / 21:54 h.

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Primero, vaya por delante que me gustan las luces navideñas porque le dan un aire distinto a unos días que al fin y al cabo son distintos, me resultan alegres y encima sacan la urraquilla que hay escondida en mí, la misma que disfruta y se siente atraída con esos brillos. Segundo, las de este año me parecen especialmente bonitas y finas, un acierto, dan ganas de irse al Centro a patear, verlas y, ya que estamos, comprar como cosacos, se ve que las estrellas tienen un curioso efecto sobre nuestro bolsillo. Tercero, dicho todo lo anterior, creo que no se tendrían que haber puesto este año, o que las hubiesen pagado en exclusiva los comerciantes que tanto las reclaman porque saben que animan el cotarro de las ventas. Sí, es verdad que ponen su dinero y que no es poco, pero la cuestión en sí no son las luces sino quién las paga, hablamos de los fondos públicos y la pedagogía que se podía haber hecho: miren si estamos mal y está apretada la cosa que este año ni se ponen luces de Navidad, hubiese sido un mensaje claro a la ciudadanía de que entre todos tenemos que hacer este esfuerzo.


Ya sé que este argumento lo intento vender en la calle Tetuán y me corren a gorrazos, el grueso del personal suele ver estas cosas al revés: ya estamos lo suficientemente mal para que encima nos depriman aún más quitándonos las luces de Navidad, al fin y al cabo esto es una vez al año y hacia Belén va una burra, rinrín. El argumento del Ayuntamiento va por otro lado, porque admite que es un esfuerzo y un sacrificio (qué feas suenan estas palabras para hablar de luces navideñas) pero que se ponen por el bien mayor de la economía de la ciudad. Bueno, pues vale, pero entonces ya no vale salir llorando y diciendo que falta dinero aquí o allá: dinero había y se hizo una apuesta, no digo yo que con esto se vaya a pagar el sobrecoste de las setas, pero para algunos arreguillos en colegios seguro que daba.

Es lógico que a ningún alcalde le haga gracia quitar luces y menos en su primer año de mandato, pero así están las cosas y así lo han entendido en muchas ciudades españolas: las estrellas son bonitas, pero al fin y al cabo no dejan de ser decorativas y siempre hay agujeros más gordos que tapar.

Así que hasta para las estrellas hay ciudades y ciudades, básicamente porque hay alcaldes y alcaldes. El nuestro ha tenido que poner un dinero pero también se ha buscado las habichuelas con sus patrocinios y su apoyo de los comerciantes, que en los tiempos que corren nunca son fáciles de conseguir, pero anda que se iba a quedar Sevilla sin luces el primer año de Juan Ignacio Zoido como alcalde. Uno se lo imagina el viernes pasado, en el estadio de la Cartuja engalanado de Davis, viendo a David Ferrer dejarse el alma y mientras tanto mirando continuamente de reojillo el reloj conforme se acercaban las 18.30, la hora en la que se activaba el alumbrado: ahora me faltarían cinco minutos para darle al botón, ahora cuatro, tres... Maldición, voy a tener que contratar un servicio de teletransporte como el que usan en Star Trek, menuda foto me he perdido, quién fuera como Speedy González (y arriba arriba, ándele) para ir y venir en cuestión de minutos.

Y es que esto del alumbrado navideño es muy lustroso, no hay quien se resista a iluminar estrellitas, y menos una estrella política en plena ascensión como Zoido. Después cada uno es como es, claro, porque la estrella mayor del firmamento del PP, Mariano Rajoy, es de corte retraído. Tras su victoria electoral hicieron falta dos semanas para sacarlo a la calle y que dijera algo, por poquito que fuera. Y todavía no ha dado ni una rueda de prensa para decir esto es lo que hay, igualito que Zoido en Sevilla, ¿se acuerdan? Hacía diez minutos que había terminado la fiesta de celebración por la victoria en las municipales cuando ya estaba metido en un taxi para desayunar con un vecino al que se lo había prometido. Aquel día arregló la protesta de los interinos de Tussam, se fotografió con unos, se fue a la basílica a ver a la Macarena, se fotografió con otros y por la tarde se fue a Madrid a la reunión de su partido, en la que entró bajo palio y al grito de eres el mejor.

Dos estrellas, dos estilos. Uno lo arregla todo, el otro avisa de todo lo chungo que está por venir, que la cosa está muy mala de verdad. Uno no recorta el alumbrado, el otro lo va a hacer en todo; a Zoido parece que le quema el sillón del despacho y no para en él, a Rajoy un poco más y hay que sacarlo del suyo con los GEO, con el frío que hace en la calle dónde se va a estar mejor. Esperemos que tras las estrellas no venga el gran apagón, porque todos nos jugamos mucho. Y encima a mí me da miedo la oscuridad.

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