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Economía

Campo a derechas e izquierdas

Reforma de la PAC, acuerdos con terceros países, sequía... Graves problemas
para una agricultura epicentro de un mundo rural con empresarios ... y jornaleros.

el 20 mar 2012 / 22:05 h.

En la imagen, plantones de naranjo dañados en una finca sevillana por las severas heladas de los pasados meses de enero y febrero. / Foto: ASAJA

El campo es eso que sus señorías divisan a través de las ventanillas de los coches con los que recorren la geografía andaluza en campaña. Entiéndase como la campaña electoral, no agraria, pues no van a recolectar naranjas, sino votos. Es agricultura y ganadería y es soporte de la agroindustria, aunque también es medio ambiente y paisaje. Sin embargo, su imagen está desvirtuada por dos llantos constantes de sus profesionales, el de las ayudas y el de Marruecos, y la sempiterna polémica sobre el antiguo PER y el subsidio que lleva aparejado. Nada que ver con la familia Capón, la protagonista del anuncio con el que la compañía láctea Danone ensalza la labor de los productores del norte. Andalucía será la despensa de Europa, pero en los telediarios sólo salen jornaleros, sequía y, cuando toca, negociaciones europeas.

En los últimos treinta años, los mismos que los socialistas llevan al frente de San Telmo, el campo ha pasado de la reforma agraria, que fue aquélla que, en los inicios de la autonomía trataba de saciar el hambre de tierra expropiando fincas a los terratenientes, a la cesión de soberanía casi plena a la Unión Europea. En efecto, la auténtica reforma se sembró en Bruselas, donde precisamente ahora se negocia una enésima vuelta de tuerca a la PAC, la Política Agraria Común.

De entrada, el campo andaluz, salvo los cultivos hortofrutícolas y el ganado porcino, no puede sobrevivir sin las ayudas de la PAC, que aportan la quinta parte de la renta agraria de la comunidad. En algunas producciones, como el algodón, es la parte más importante de los ingresos del agricultor -recibe más en subvenciones que por venta de su cosecha-.

Un matiz nos adentra en la relevancia de Bruselas para el agro regional. Si acudimos a la web de la Consejería de Agricultura, es el apartado de Ayudas el primero y, por tanto, más destacado. Y aquí vaya por delante una conclusión: tras haberse traspasado las competencias, el desempeño de la Administración autonómica se ciñe a tres papeles claves. Uno, la gestión de los dineros comunitarios y su reparto. Dos, las políticas de impulso a producciones estratégicas. Y tres, el desarrollo rural y de la agroindustria. Es esta función la que adquirirá una cada vez mayor trascendencia.

Números. En el ejercicio 2011 del Feaga (organismo pagador de la Junta de Andalucía), el campo regional percibió de las arcas europeas 1.776,16 millones de euros. La Consejería, consciente de una población envejecida y que tiene en la falta de relevo generacional un grave problema, gusta de traducir los euros a pesetas para así hacerlo más fácil. Sean 295.528,01 millones de pesetas. Son 910.998 las solicitudes, si bien esta cuantía no equivale exactamente al número de beneficiarios.

De aquella cantidad, 1.393,92 millones de euros corresponden al llamado pago único, concepto éste que engloba los pagos realizados no por volumen de cosecha -tanto produces, tanto cobrarás-, sino en función de derechos históricos que, para algunos cultivos -por ejemplo, los cereales- no requiere siquiera sembrar.

Pero hay más. El fondo Feader, que engloba las partidas que cofinancia el Estado -gobiernos autonómico y central- para impulsar el desarrollo rural -desde las políticas de forestación hasta las de jubilación anticipada, pasando por la modernización de las explotaciones o la prima agroambiental-, inyectó en el ejercicio de 2011 otros 380,71 millones.

La magnitud de las cifras -Andalucía es la primera comunidad beneficiaria de España- hace que la agilidad en la distribución sea una demanda constante de las organizaciones agrarias. Y éstas no dudan en sacar sus protestas a la calle si existen demoras.

¿Qué se cuece en la capital comunitaria? Pues el nuevo marco presupuestario más allá de 2013. Y cada vez que hay revisión también llegan las rebajas. Así ha sido siempre. Menos dinero y más repartido, un campo más verde, una limitación a las ayudas percibidas por los terratenientes, un régimen de subvenciones exclusivamente para quienes trabajan las tierras, los agricultores y, por último, ninguna medida adicional que amortigüe las caídas de precios.

Son los cinco pilares sobre los que se asienta la nueva PAC. Y el primero de ellos, esa distribución más igualitaria, deparará una batalla interna entre comunidades. ¿Por qué? Se pretende arbitrar un pago básico -en el argot agronómico, tasa plana- de idéntico importe para todos los agricultores del Estado e incluso, a largo plazo, del conjunto de la UE. Si en principio esto parece un gesto de solidaridad, podría implicar un trasvase de fondos desde Andalucía, que la Junta calcula en no menos de 500 millones por campaña.

¿Dónde está la batalla? Las comunidades que reciben menos dinero europeo porque también sus agriculturas son menos relevantes que la andaluza baten palmas ante la posibilidad de incrementar su porción del pastel. He aquí la pelea. Si todas las asociaciones de Andalucía han hecho piña con la Junta, por algo será...

De Bruselas dependen además los tratados agrarios con terceros países, que están llamados a ampliarse en años venideros, con sus implicaciones para la agricultura mediterránea. Marruecos es el caso más evidente, un ejemplo de cómo se sacrifica la huerta de Andalucía, dado que no puede competir con los costes de producción del vecino norteafricano. Atentos. Vendrán más.

Para colmo, un periodo de sequía, con fincas de cereales casi secas y dehesas sin hierba a pesar de que ni tan siquiera estamos en primavera. Otro grave problema. Quienes no salen de las ciudades lo notarán en sus bolsillos cuando la carestía de cosechas encarezca los alimentos. Será entonces cuando volvamos los ojos al agro, al igual que ya hicimos en 2008, cuando éste absorbía a parados del ladrillo.

¿Y el voto? Dice el viejos agricultor que todo sale de la tierra. Dice el agroindustrial que comer hay que comer. Dice la leyenda que el voto del agricultor es de derechas. Véase el guiño de Mariano Rajoy cuando recuperó el Ministerio de Agricultura y nombró ministro a Miguel Arias Cañete. Pero es eso, una leyenda. Lo rural, el campo, es más que agricultures. Ahí están los jornaleros, con si PER incluido y la evidente sintonía de izquierdas, y también los empresarios de las agroindustria y sus cooperativas, donde cabe de todo. Variedad de cosechas.

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