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Cervantes: otro fallo, más manco

La justicia no entiende de fallos, jurados o tribunales: ayer el Premio Cervantes olvidó, de nuevo, a Ana María Matute. Sin desdeñar la trayectoria de Juan Marsé, siete años menor que Matute, que la nota biográfica de una de nuestras mejores narradoras vivas...

el 15 sep 2009 / 19:01 h.

La justicia no entiende de fallos, jurados o tribunales: ayer el Premio Cervantes olvidó, de nuevo, a Ana María Matute. Sin desdeñar la trayectoria de Juan Marsé, siete años menor que Matute, que la nota biográfica de una de nuestras mejores narradoras vivas -sin distinciones de sexo- no incluya el galardón más importante de la literatura en castellano transforma al Cervantes en un premio tacaño, ciego frente al talento: le resta resplandor. Capaz de entender que los niños son adultos pequeños con su obra infantil y juvenil, y después cruel y oscura y pistolera de la imaginación con sus novelas más extensas, la aportación de Ana María Matute supera a la de muchos integrantes del palmarés de un premio que, sin ella, es tan manco como el autor al que homenajea.

Y es que yo sí creo en los premios institucionales. Creo que una página en un periódico habría contribuido a familiarizar a los no lectores con el nombre de Ana María Matute; ese eco, su imagen en la televisión, su voz en la radio, les habría animado a escogerla en bibliotecas y librerías. Y sé que la prosa de Matute, tan rica y profunda, pero al mismo tiempo cercana y real, habría actuado como gancho para que quienes la descubrieran se hubiesen quedado allí, en la isla donde quienes la veneramos desde hace tiempo anhelamos ?expectantes? ante una nueva publicación. Otra oportunidad perdida.

Porque Paraíso inhabitado se publicará y nosotros la degustaremos servilleta al cuello, bañada por el mejor vino, paladeada a cada vaivén de la trama: el premio para sus lectores es ese en realidad, el de la nueva obra de una creadora siempre en forma, jamás de saldo, con el genio al cien por cien en cada libro. Narradora de raza, contadora de pulso firme: elogios que en Matute son, de tan evidentes, de tan brillantemente llevados, lugares comunes. Qué gallo habría cantado, pienso al leerla, de haber sido un hombre: cuántos parabienes le habrían llovido. El Cervantes, por ejemplo. Bien por Marsé, claro, pero mal -my mal- por el jurado.

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