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Cine gratis

Aprender de las películas, avivar sus inquietudes, enriquecer su sensibilidad, ¿puede querer más el buen cinéfilo? Sí, que no le cueste una gorda. Pues mire por dónde, está de suerte.

el 01 mar 2012 / 20:14 h.

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Mientras las salas de pago sobreviven con las palomitas que venden para sus películas de masas, aliñadas con unos precios de entrada que diríase que va a tener uno de acomodador a Charlton Heston con el cayado, hay otra Sevilla cinéfila que no paga un céntimo y se lo pasa como Jane Austen en Expoboda. Es una Sevilla moderna e inquieta a la que no solo no le asustan los subtítulos, sino que adora escuchar las voces auténticas de las viejas grandes estrellas; un público que busca no solo un lugar donde arrugar celofán en el clímax de la acción, sino sobre todo donde descubrir mundos, callejear por sociedades vecinas y aun así ignotas para él, ver las obras de los grandes cineastas de minorías, pegar la nariz a lo que se cuece entre las nuevas generaciones de autores... Y para eso hay dos lugares cada día más insustituibles: el Cicus y la Fundación Tres Culturas.

El primero es el centro cultural de la Universidad de Sevilla, siempre rebosante de ciclos raros y todas esas cosas formidables; la segunda es lo que los mayores han llamado siempre una bendición: un lugar discreto y silente donde se ama el saber, la cultura, la diversidad, la belleza, el alma de los mundos que forman las orillas del Mediterráneo. Uno está en pleno centro; la otra, en La Cartuja. Y ambos ofrecen cada mes unas cuantas películas que son mucho más que pasarse un par de horas en el cine. Quienes hayan ido sabrán que esto es, efectivamente, así.

Las programaciones para marzo son bastante elocuentes. La filmoteca del Cicus se ha hecho con la tarde noche de los lunes. El próximo, o sea el día 5, es para una película que llegó como un bombazo prometedor lleno de estrellas, se quedó luego en una musiquita pegadiza y poco más, a decir de los entendidos, y con el paso de los años se ha convertido en toda una referencia sagrada para los feligreses: Érase una vez en América, de Sergio Leone (1984), un peliculón tristísimo y delicioso con una banda sonora que tira de espaldas (Ennio Morricone) y una alineación galáctica: Robert de Niro, James Woods, Joe Pesci, William Forsythe, Elizabeth McGovern (cuando aún tenía un sex appeal impresionante y la cara más larga que ancha)... En fin, una fiesta en versión original subtitulada en español. Luego, en semanas sucesivas (los días 12 y 19), vienen dos pelis de Nicholas Ray, ambas anteriores a sus grandes éxitos (Johnny Guitar, Rey de Reyes, 55 días en Pekín, Rebelde sin causa y todo lo demás): la primera, En un lugar solitario; la segunda, Hombres errantes. Y para acabar el mes de marzo, el Cicus proyecta en su sede de Madre de Dios una obra curiosa de Jihan El Tahri, de 2007: Cuba, una odisea africana. La historia de todos los charcos en los que se metieron los guerrilleros cubanos cada vez que los revolucionarios de África les pedían ayuda (Congo, Angola y demás) contra el colonialismo, con los resultados por todos conocidos.

Mientras tanto, en la manzana más bella de la Isla de la Cartuja (con permiso del monasterio), el cine es para los martes. El que viene, día 6, tiene en cartelera una de Deepa Mehta titulada Cielo, una tragedia de las gordas que cuenta el calvario de una muchacha a la que no se le ocurre otra cosa que irse de Canadá a India para casarse con un señor que no conoce. Vamos, el plan por excelencia de las chicas del siglo XXI. Canadiense es la película, fíjese qué cosas. Más adelante, el día 20, ponen otra que tampoco se podría resumir como unas castañuelas: El viaje a Argel, de Abdelkrim Bahloul (2009), historia de una viuda buscando techo para sus seis hijos con todo el mundo en contra. Lo normal.

Y entre lo uno y lo otro, gran sesión de cortometrajes el día 13, con tres obras interesantísimas de la llamada nueva ola del cine árabe: una es Tabú, de Meriem Riveill (Túnez, 2010), un relato sobre el peso aplastante de la tradición ejercido sobre una chavala de 18 años en pleno ramadán. Otra más, La vida, de Walid Tayaa (Túnez, 2010), que habla de otra viuda, Havet, una tunecina que trabaja en la venta por teléfono para una empresa francesa y las cosas que le pasan. Por último, Mi hermano, coproducción argelina y francesa (2010) dirigida por Yanis Koussim, donde se narran los sucesos derivados de la condición de venado (metafóricamente hablando, claro) de un tal Tarek, quien no encuentra mayor diversión que zurrar a sus hermanos cada vez que le da la gana, y su madre, mientras, más callada que en misa.

Con la suerte añadida de que de estas películas diferentes que ponen la lupa en el factor humano y en el entorno social se sale hablando de cosas profundas, y no catatónico. Vaya con su gente a verlas, tanto las del Cicus como las de la Fundación Tres Culturas, y, puestos a poetizar, rasgue usted el burdo decorado nocturno de la rutina para descubrir, al otro lado, la noche verdadera repleta de estrellas, o lo que sea que haya.

De utilidad:

Cicus, Universidad de Sevilla: 
El Cicus (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla) está en la calle Madre de Dios, o sea, una callecita que va de Fabiola a San José, en la Judería. Organiza muchas cosas de cine, teatro, música.... Su web es http://cicus.us.es .

Fundación Tres Culturas del Mediterráneo: Está en el que fuera Pabellón de Marruecos de la Expo 92, en La Cartuja, un edificio despampanante que también organiza visitas guiadas (entre en la web e infórmese de eso y de toda su programación cultural: www.tresculturas.org ). 

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