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Cine y flamenco, un binomio perfecto

el 22 jun 2012 / 19:57 h.

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El ciclo "Cine y Flamenco", organizado por el Instituto Andaluz del Flamenco, nos ofreció ayer la oportunidad de asistir al estreno de Café Cantante, de Jose Torres. Se trata de una videocreación que se inspira en los orígenes de la profesionalización del flamenco en aquellos cabaretes a la española cuya oferta de diversión trasgredía cada noche los límites de la moral de la época.

No hay más que echar una ojeada a la prensa de la época para comprobar que no era precisamente el café lo que atraía al público, fundamentalmente masculino, que acudían cada noche a esos locales para disfrutar de los cuadros flamencos, compuestos fundamentalmente por mujeres que se veían obligadas a alternar con sus clientes tras su actuación. Así, esta original propuesta audiovisual nos propone un curioso juego: convertirnos en voyeur del baile flamenco.

Y es que, el corto sitúa a la bailaora, Pastora Galván en un escenario imaginario, una especie de peep show donde ella exhibe su baile ante un hombre que mira desde una mirilla. Y al igual que las bailaoras antiguas, Pastora baila sin moverse de una loseta derrochando sensualidad y poderío aunque, a diferencia de aquellas, su danza nos desafía con un sinfín de figuras contemporáneas.

Así, con tan solo unos minutos este corto nos muestra lo que hace único al flamenco, esto es, una manifestación artística contemporánea que, por anclar sus raíces en el folclore, es también tradicional. Esa doble condición otorga al flamenco un carácter universal que sirve de inspiración al segundo corto de la jornada, Hibernando, de David Pantaleón. La historia, a manera de documental, nos presenta a un colombiano de mediana edad dueño de una flota de camiones neveras que vive en Nueva York. Aunque aparentemente todo esto nada que ver con el flamenco, muy pronto descubrimos que el protagonista llegó al país de los sueños gracias al baile flamenco, al que renunció para conseguir su sueño principal: montar una familia.

Así, el corto nos propone un entrañable reencuentro que nos demuestra que el baile flamenco, más allá de la técnica, forma parte de la emoción y la propia personalidad del que lo interpreta. Algo que nos quedó claro con la última propuesta de la noche, el documental Flamenco entre rejas, con el que Tristán Copley Swith y Ron Amnón, nos sumergen en un taller carcelario que nos demuestra que el flamenco también tiene una función terapéutica. Y es que, gracias al taller del flamenco los presos y presas que protagonizan el documental se liberan durante algunas horas de su condena viajando a ese espacio de abstracción emocional que el flamenco convoca.

El ciclo termina le miércoles de la semana que viene con la proyección del cortometraje Matador on the Road de Alexis Morante y el largo Senderos del Alma, de Marco de Aguilar y, al igual que en las demás sesiones, los espectadores tendrán la oportunidad de conversar con sus creadores al término de la proyección. Todo un lujo para los amantes del flamenco en particular, y del cine en general, que no nos debemos perder.

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