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Claude Couffon, hispanista francés: «Sería más bonito dejar el misterio sobre Lorca»

Este hispanista francés, enorme investigador de la vida y la muerte de Federico García Lorca, logró con sus artículos poner en buena senda a insignes lorquianos como Gibson. Con sus textos y fotos marcó Las Colonias como lugar de la muerte del poeta. Hoy se muestra partidario de no desenterrar sus restos.

el 29 nov 2009 / 19:16 h.

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Claude Couffon en su casa de la villa normanda de Flers en la que nació.

-Abría su libro con una frase terrible: "Pocas ciudades producen la impresión de aislamiento del mundo, de la soledad del hombre como Granada".
-Fui por primera vez en 1948 para investigar la muerte de Lorca y con solo nombrarlo la gente se quedaba muda, las mujeres se persignaban. Una impresión de sofoco. Una gran miseria. En la Acera del Darro había una hilera de hombres mostrando heridas de guerra, sin trabajo, pidiendo caridad. Había miedo.

-¿Por qué Lorca?

-Tenía que hacer el examen de profesor y me pedían dos lenguas. Yo sólo sabía inglés. El director del colegio conocía a un maestro, Pons, que había luchado en las Brigadas Internacionales. Nos daba tres horas de clase. Nos habló de Lorca, nos contó su muerte. Me apasionó tanto que a los dos años el español era mi primera lengua. Conocía a algunos exiliados españoles en París que hablaban de la muerte de Lorca pero no sabían cómo fue. Quería ir a Granada y fui.

-¿Y una vez allí?
-Cada día iba a la calle intentando hablar. No conseguía nada y al cabo de diez días decidí regresar. La última tarde, en la Plaza de los Aljibes había un chico de mi edad, Rafael. No sé cómo empezamos a hablar. Le conté lo que había intentado. "A mí padre también lo mataron..." Me llevó a conocer a su madre. Trabajaba con un médico y sus hermanas iban a la Universidad. Ellas conocían a gente, sabían de Nestares, de Valdés... Quedaron en que buscarían nombres, contactos. En vacaciones yo volvía y ellos me contaban y llevaban. Ya los estudiantes empezaban a preguntar.

-Y en 1951 publicó el primer fruto de su investigación.
-Conocía ya a alguna gente y estaba escribiendo una vida de Federico. Una noche, cenando, estaba François Mauriac. Me preguntó: qué hacía. Conté lo que sabía. Se quedó pensando. "Usted tiene que escribir eso. Mañana va a ir a Le Figaro Litteraire. A las 9". Era agosto. Se cumplían 15 años de la muerte de Federico. Se publica el artículo y una semana después me llama el redactor-jefe. "Couffon, su artículo es un éxito. Ha causado un escándalo en España". Aquello me dio prestigio entre los intelectuales en París. A los 15 días recibí una carta de un dios: Pablo Neruda. Después, Alberti, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre... Cuando venían a París querían conocerme.

-Con los vencedores, ¿tuvo algún contacto?, ¿amenazas?
-Amenazas, no. La amistad de Vicente Aleixandre resolvió algún conflicto. Me prohibieron por tres años entrar en España pero él lo arregló para que asistiera a un congreso de escritores. Nunca me pasó nada, pero la Policía sabía que yo estaba en Granada.

-El artículo de Jean Louis Schomberg sí fue acogido por el franquismo y su prensa oficial.
-Se publicó cuatro años después del mío en Le Figaro. En realidad era alemán y fascista y pudo hablar con autoridades, altos responsables del momento. Por primera vez habló de la homosexualidad de Federico. Pero decir que fue el pretexto para matarlo, que fue una rivalidad entre homosexuales... Yo protesté.

-Pero usted sí habló con Luis Rosales.
-A partir de mi artículo, obligados, los Rosales empezaban a decir cosas. Estando en Madrid me dijeron que había dicho: "Si Couffon viene a Madrid yo lo mato". Lo telefoneé. "Señor Rosales, soy Claude Couffon. Parece que me quiere matar. Estoy a su disposición". Oigo una gran risotada. "Venga a mi casa esta noche". Hablamosé. Me di cuenta de que no decía toda la verdad y que él no había tenido nada que ver pero... ¿los tres hermanos...? No sabemos. Tenían una reputación tremenda en Granada.

-Gibson sí estableció las líneas verdaderas.
-Cuando empezaba me vino a ver. Me había escrito e investigaba a partir de mis trabajos. Todo, todo no sé si se sabe, pero sí lo importante. Yo hice lo que me correspondía, descubrir un poco lo que había pasado.

-¿Qué opina de la exhumación de los restos de Lorca?
-No soy hombre de sacar los muertos, enterrarlos de nuevo, no sé... Quizá sería más bonito dejar el misterio del lugar dónde está.

-Usted situó la fosa en un lugar distinto al olivo de Gibson.
-Y me interesaría saber. Cuando fui con mi amigo Rafael, sacamos fotos. Son las únicas que se conservan tal como era el barranco de Víznar. El cura nos dijo dónde fusilaban y era más cerca de Las Colonias. Gibson lo lleva más lejos, donde ya es Alfacar.

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