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Veraneando

Clausura del Mercado Andalusí en Cádiz

Entre la extensa gama de artículos han destacado la alfarería, cerámica, el cuero y productos agroalimentarios elaborados de manera totalmente artesanal.

el 18 ago 2014 / 10:30 h.

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Antonio Bellido muestra cómo trabajar el barro a Jesús, un visitante de la feria. Foto: Laura López Antonio Bellido muestra cómo trabajar el barro a Jesús, un visitante de la feria. Foto: Laura LópezEl Mercado Andalusí, que ha reproducido con el rigor necesario un clásico zoco de los siglos XII al XIV en Al-Andalus, cerró ayer sus puertas después de otro fin de semana mágico. El barrio de El Pópulo y la Plaza de la Catedral gaditana se han llenado de puestos de artesanía para ofrecer una oferta comercial, cultural y de ocio muy amplia. El legado de la cultura andalusí en el ámbito de la artesanía y el comercio va mucho más allá de la aportación a costumbres preestablecidas en la comunidad de Andalucía. Además de difundir la artesanía y la historia propias, ha planteado nuevos atractivos para el ocio y el turismo en la capital gaditana. Y es que los visitantes han podido disfrutar de más de 60 puestos distribuídos por todo el centro de Cádiz. Cuero, piezas de alfarería, cerámica marroquí, esencias, aceites, inciensos o productos alimentarios conforman el abanico de artículos que el visitante ha podido disfrutar a lo largo del recorrido. Desde hace 16 años, este mercado se encarga de promocionar la artesanía local así como productos agroalimentarios de calidad. Por otro lado, difundir la cultura y costumbres locales o impulsar la recuperación de oficios ancestrales constituyen los pilares básicos de esta cita. Los puestos que conformaron el Mercado estuvieron abiertos al público durante viernes y sábado en horario de 12.00 a 1.00 y el domingo, hasta las 22.00 horas. La iniciativa surge de una actuación del proyecto Namae del Instituto de Empleo y Desarrollo Socioeconómico y Tecnológico. Coincidiendo con el puente festivo, la afluencia de público no ha cesado durante todo el fin de semana. Antonio Bellido, alfarero y ceramista encargado de la fabricación de las piezas en barro en sus diferentes métodos en la mayor fábrica de cerámica de la provincia, Jugum, ha sido el encargado de mostrar a los participantes cómo trabajar este material. «Hay que mojarse bien las manos antes de comenzar a trabajar, con las manos secas es difícil manejar el barro» explica. Niños y adultos han podido colocarse el mandil para fabricar sus propios productos de arcilla en un torno. En forma de corazón, de flor o de lata, los invitados se han manchado literalmente las manos para elaborar los diferentes utensilios. Antonio, poseedor de la Carta de Maestro Artesano otorgada por la Consejería de Turismo y Comercio de la Junta de Andalucía regenta desde 1979 junto a dos tripulantes más, Mª Ángeles Álvarez y Mª Isabel Durán, esta fábrica ubicada en Nueva Jarilla, muy cerca de Jerez de la Frontera. Desde ahí Antonio, Mª Ángeles y Mª Isabel dedican su espacio también a realizar una labor educativa. La sede de la fábrica se convierte en taller infantil para abrir sus puertas a colegios y grupos interesados en conocer los pormenores de esta tarea artesanal. En su trabajo diario en la fábrica, Antonio realiza vajillas infantiles, botijos, juegos de café o de gazpacho. Todos ellos aderezados con alegres colores y con la seña característica propia de un productor artesanal, no existen dos iguales. Este oficio ha permitido al hombre crear toda clase de enseres y artilugios domésticos a lo largo de la historia. Muestra de cerámica marroquí en la escalera de la Catedral. Foto: Laura López Muestra de cerámica marroquí en la escalera de la Catedral. Foto: Laura LópezPor otro lado, en los aledaños de la plaza de la Catedral, una escalera aparece dominada por cerámica marroquí vívida en colores, fabricadas principalmente en las regiones de Fes y Safi. Son productos hechos a mano con el más puro respeto a la tradición. Los artesanos utilizan la técnica de doble horneado, cuando la arcilla ha obtenido su forma y ha sido horneada, se pinta y se cuece de nuevo para darle estos colores brillantes, un sello distintivo de la cerámica marroquí. Además, se sucedieron espectáculos en las calles señaladas y en las inmediaciones había una zona para recreo con juegos tradicionales infantiles.

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