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Córdoba, ni tan lejana ni tan sola

La sinceridad con que el Partido Popular de Andalucía afronta la renovación y apertura al exterior ha tenido su plasmación en el Congreso de Córdoba.

el 15 sep 2009 / 15:39 h.

La sinceridad con que el Partido Popular de Andalucía afronta la renovación y apertura al exterior ha tenido su plasmación en el Congreso de Córdoba. Y mucho más que en sus conclusiones finales, que en todo caso convalidan la nueva estrategia política del centro-derecha andaluz, ha sido en los gestos y en los modos donde hemos creído ver que, al igual que ocurriera en Valencia con el PP nacional, éste que ha salido fortalecido de la Ciudad de los Califas es más de centro, más moderado, más comprensivo de las otras formas de ver la sociedad.

No es justo ni coherente que cuando se materializa la evolución del PP hacia zonas templadas, como es el caso, desde los sectores políticos desde los que se reclamaba precisamente esto se siga criticando a Javier Arenas y a su equipo como si no hubiera ocurrido nada. Sí que ha ocurrido, y de ahí la recuperación de figuras señeras del partido y la participación de los líderes sindicales, por primera vez en el cónclave popular andaluz. A Javier Arenas se le podrá criticar por muchas cosas, pero nadie puede negarle su olfato y su sentido de la orientación cuando la opinión pública reclama nuevas formas y mejores modales.

Es lo que ha hecho en Córdoba abandonando en la cuneta el pesado bagaje de una legislatura crispada que al final se reveló inútil de puro insípida. En buena hora el griterío y la descalificación han dado paso al diálogo sosegado y a la posibilidad de acuerdo tal como lo quiere la más alta y noble acepción de la política.

La situación de crisis económica que vive Andalucía con el resto de España es uno de esos momentos estelares de la vida pública en la que los líderes políticos han de dar la talla con altura de miras y en beneficio de los ciudadanos. Sin que ello suponga renunciar al ejercicio de la oposición, el Parlamento de Andalucía debe ser el lugar de encuentro para alcanzar objetivos comunes que sin duda serán buenos para todos. Personalmente me parece estéril el debate en el que se está entrando sobre la deuda histórica. Y me lo parece porque del enorme desgaste que durante seis meses padecerán los dos grandes partidos no se derivará ningún beneficio para los andaluces.

El volumen y la complejidad de eso que hemos dado en llamar deuda histórica precisa de grandes dosis de disposición al diálogo por parte del Gobierno socialista y del PP-A. Si fuese posible llegar a la nueva cita de la primavera próxima con un acuerdo sensato, la fuerza negociadora de Andalucía ante el Gobierno de España se impondría sin fisuras. Pero si esa nueva fecha se alcanza en medio de la negativa a dialogar o, de lo que es lo mismo, de pedirle peras al olmo, se volverá de Madrid con una decisión impuesta y, lo que es moralmente peor, con el rabo entre las piernas.

Córdoba es todo un símbolo para el PP. Es el símbolo de la renovación del partido, de su pragmatismo en el mundo que vivimos y de que no está por definición ni tan solo ni tan lejos de alcanzar el poder.

Periodista. gimenezaleman@gmail.com

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