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Cultura

"Cuando se ayuda al teatro, se subvenciona al ciudadano"

Blanca Portillo reflexiona sobre la justicia en el Lope de Vega con ‘La avería’ de Dürrenmatt

el 21 mar 2012 / 19:41 h.

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Pensaba acudir a su cita con el público sevillano en calidad de directora, pero la caída del cartel de Emma Suárez la ha obligado a venir también como actriz. Ambas cosas son para Blanca Portillo una buena excusa para sonreír. Si, además, llega con la primavera -mientras la nieve amenaza Madrid- no puede pedir más. Su propuesta para el Lope de Vega, desde hoy hasta el domingo, lleva por título La avería, y es la adaptación de un cuento del suizo Friedrich Dürrenmatt con dramaturgia de Fernando Sansegundo.  

Una reflexión en torno a los conceptos de Ley y de Justicia que obsesionan a Portillo. No en vano, antes de abordar esta obra encarnó a la jurista Concepción Arenal y a una jueza en la serie televisiva Acusados. "Es un tema que me persigue desde hace años, pero la vida rima y va dando oportunidades", explica. "La pregunta de si la ley es justa, si se aplica igual a unos y a otros, si un delito tiene penas diferentes según quién lo juzga, son cosas que, además de interesarme mucho, parecen empeñadas en estar de actualidad. A menudo abro los periódicos y digo, ¿por qué no vienen a ver La avería?"

Defendido por un elenco de altura, en el que sobresale el sevillano José Luis García Pérez -para quien la directora no tiene sino piropos-, Daniel Grao, Fernando Soto Asier Etxeandia y José Luis Torrijo, el montaje comprende una gran variedad de tonos y registros, de lo trágico a lo hilarante. "Es una locura, pero el teatro tiene que ser un espacio de libertad", explica Portillo, quien asegura que es muy diferente compartir una escena a dirigir a sus compañeros. "La dirección me divierte menos que la interpretación, pero me entretiene más. Es un trabajo enorme, y si produces, más todavía. Por suerte, no me suelen entrar ganas de dirigir muy a menudo".

En todo caso, asevera que la selección del reparto, cuyos componentes ya habían trabajado antes con ella, ha respondido a una exigencia: "Toda es gente con la que me miraba a los ojos, en todos ellos he olido a un ser humano especial más que a un intérprete. Todos tienen ese plus que es el compromiso con su trabajo. Todos le tienen miedo, que es lo mejor que se puede tener en esta profesión, como en el toreo". 

Por otro lado, respecto a los duros recortes que vienen sufriendo las ayudas a salas y festivales en toda España -y con especial virulencia en Sevilla-, Blanca Portillo explica que "en tiempos de crisis es difícil que la gente entienda que hay cosas que no se deberían recortar. Quien está en paro o no llega a fin de mes tal vez no entiende que la cultura es lo que menos ayuda tiene, mientras que supone un 5% del PIB; no se entiende que los recortes, dentro de algo que siempre está recortado, supone la muerte en muchos aspectos".

"La gente de teatro", prosigue la actriz, "no producimos coches, ni ladrillos, ni lechugas. Pero ofrecemos el alimento del alma y el pensamiento sin el cual el ciudadano deja de tener miras hacia delante. No trabajamos para cegar, sino para hacer ver el mundo en que vivimos, y cómo podemos cambiarlo. No es el fútbol, que te ayuda a pasar el rato y olvidarte de la hipoteca, sino una invitación a reflexionar".

Y concluye: "Hay que hacer entender que sin teatro, sin cines, sin museos, la vida sería infinitamente más triste. Por eso, aunque la gente cree otra cosa, cuando el Estado ayuda al teatro, lo que hace es subvencionar al ciudadano, le permite ver cosas a un precio razonable. Y cuando recorta al mundo artístico, empobrece a la ciudadanía. Uno puede prescindir de tener tres coches, incluso uno si hay un buen servicio público de transporte. Pero del alma no se puede prescindir", apostilla.

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