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Cultura

Del drama a la comedia

Lugar: Lope de Vega, 12 de febrero Obra: El Mercader de Venecia*** Compañía: Noviembre compañía de teatro Autor: Shakespeare Versión: Yolanda Pallín Producción: Teatro Calderón Dirección: Eduardo Vasco Interpretación: Arturo Querejeta, Francesco Carril, Isabel Rodes, Francisco Rojas, Fernando Sendino, Rafael Ortiz, Héctor Carballo, Cristina Adua, Lorena López, Jorge Bedoya, Jorge Bedoya

el 13 feb 2015 / 13:57 h.

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Shakespeare concibió El Mercader de Venecia como un drama que denuncia la codicia y la sed de venganza como fuentes de la maldad, además de reivindicar la caridad frente a la rigidez de la justicia. De ahí su final feliz, más propio de las comedias de enredos de su época. Ese trasfondo cómico es justo lo que recalca esta nueva versión de Yolanda Pallin. Fiel a esa visión, Eduardo Vasco elabora una puesta en escena contemporánea con una producción que no escatima en recursos. Algo que merece la pena valorar, teniendo en cuenta lo difícil que resulta en estos tiempos situar en escena a diez intérpretes y darles el apoyo de un exquisito vestuario (a cargo de Lorenzo Caprile), una iluminación rica en matices y una escenografía tan imaginativa como funcional. Todo ello otorga a la historia una atmósfera romántica, potenciada con la música de Brahms y Schubert. Cabe destacar el partido que saca el director de un simple banco de madera y unos cuantos elementos de atrezo, con los que elabora un interesante juego de elipsis espacio-temporales con el que imprime un ritmo frenético, desde la primera a la última escena. Pero a pesar de toda esa brillantez no acaba de transmitir el potencial dramático y crítico del texto original. Y es que, en su empeño por resaltar el trasfondo cómico, tanto la dramaturgia como la puesta en escena caen en un tratamiento un tanto maniqueo de los personajes que trivializa la historia. Shylock destaca fundamentalmente por su maldad y sus ansías de venganza, mientras que su tormento por del desprecio y las humillaciones que ha tenido que ha tenido que sufrir por su condición de judío quedan en un segundo plano. De la misma manera, las razones de la traición de su hija pasan desapercibidas, mientras que el resto de los personajes masculinos destacan por una nobleza y honestidad que raya con la falta de inteligencia. Todo lo contrario que las mujeres, cuyo ingenio y capacidad para manipular a los hombres están fuera de toda duda. Así, los personajes pierden profundidad psicológica y el relato adquiere unos tintes de comedia ligera políticamente incorrecta. No obstante, consigue traer la crítica de la usura financiera a nuestros tiempos y los intérpretes nos brindan una interpretación tan magistral como fresca, al servicio de una brillante composición escénica.  

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