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Derribando muros para abrir el camino del cambio

El Polígono Sur quiere que se le «tome en serio» y se aplique «ya» el Plan Integral

el 19 ene 2015 / 11:00 h.

poligono-sur-centro-cultura Las obras del futuro centro cultural del Polígono Sur avanzan a buen ritmo. Foto: José Luis Montero   Lo reconocía recientemente la propia comisionada, María del Mar González, en el cargo hace poco más de un año: «La exclusión social en el Polígono Sur es aún escandalosa». No hace falta jurarlo. Solo hay que darse una vuelta por la zona para comprobar «qué pocas cosas» han cambiado, especialmente en estos últimos años con la crisis. A simple vista se puede comprobar el «abandono crónico» del Polígono Sur, con calles «sucias», bloques de pisos «tercermundistas», y donde 2.748 familias viven en la extrema pobreza, con cero euros al mes, según un censo vecinal. «Hay que actuar ya y reeducar el barrio», afirman tajantemente los vecinos, que insisten en una mayor vigilancia y en tener una comisaría de Policía «en la que denunciar todo lo que suceda en la zona», incluido el incumplimiento de las normas básicas de convivencia: «Aquí no se puede aparcar en las aceras como en el resto de la ciudad. Ni tener que apartar un caballo para poder entrar en una casa», expone Trini en la puerta del centro cívico El Esqueleto, cuyo nombre le viene «de haber estado bastante tiempo sin terminar», solo con el armozón visible. Muy cerca de allí, se encuentra el solar sobre el que se construye el llamado café cultural. El complejo pretende revitalizar la zona sobre la que hace diez años se diseñó un Plan Integral tras tomar conciencia las administraciones de su grave situación. «Ninguna ha cumplido sus promesas de delegar competencias y presupuestos. Han regularizado viviendas, que nunca debieron dejar de controlar y diseñado equipamientos napoleónicos que no pueden abrir por falta de fondos, pero nadie se ha preocupado de hacer una comisaría en un distrito donde los traficantes de droga imponen la ley de la calle», se lamenta José, vecino de la barriada Murillo. Tampoco dicen que ayudan mucho los muros físicos que aislan el Polígono Sur. «No interesa cambiarlo. Esto es un gueto que conviene tener», advierte Ángel, mientras que otros residentes aportan una dosis de optimismo al subrayar «el trabajo que se hace desde la parroquia y el Centro de Educación Permanente». Este último doblemente premiado por el ministerio y la Unesco.

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