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Cultura

Desde Alemania con fuego abrasador

FEMÁS 2015 ****. 32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Orquesta Barroca de Sevilla. Carlos Mena, contratenor. Andoni Mercero, concertino. Programa: Eros versus Heracles (fragmentos de Amarilii vezzosa, Concierto grosso “Alexander's Feast”, y Aria de Tolomeo de Häendel; Concierto para dos violines BWV 1043, y fragmentos de Hercules auf dem Scheidewege, de Bach). Sala Joaquín Turina, lunes 9 de marzo de 2015.

el 10 mar 2015 / 18:11 h.

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El fuerte temperamento alemán quedó patente en la traducción que de Häendel y Bach hizo la Barroca en su primera aportación al festival de este año. También hubo furia y mucha compenetración entre los violines solistas, Andoni Mercero y Alexis Aguado, y un gran alarde de interpretación y expresividad por parte del contratenor Carlos Mena. Hacía tiempo que no disfrutábamos del alavés junto a nuestra orquesta; la ocasión vino a demostrar que la espera valió la pena. Bordó su papel del pastor Daliso en los fragmentos escogidos de la cantata Amarilli vezzosa de Häendel, un encuentro amoroso dominado por el desengaño que ya ponía en evidencia hace más de trescientos años la inutilidad de la violencia para conservar el amor como una posesión. Aunque a veces llegó a mudar su tesitura con el cambio de registro, Mena mantuvo en todo momento una línea de canto clara y bien proyectada, ornamentada con buen gusto y sin excentricidades, sin por ello fracasar a la hora de transmitir el carácter violento e impetuoso del personaje. Con mayor aflicción se enfrentó a Stille amare, clímax de la ópera Tolomeo en el que destacó su intensidad emocional. Del drama musical Hércules en la encrucijada de Bach, sorprendió Treues Echo por el virtuosismo de Josep Domènech al oboe y la ternura de Mena, y sobre todo por el efecto eco producido desde las bambalinas por Jacobo Díaz al oboe y el violista José Manuel Navarro ¡al canto! Mercero y Aguado provocaron chispas con su vibrante diálogo en el Concerto Grosso de Häendel, único que sobrevive de los cuatro conciertos que incluyó en su oda musical Alexander's Feast, si bien el auténtico festín nos lo dimos el público escuchándoles y viéndoles literalmente saltar en el escenario. Igual de enérgico resultó el famoso Concierto para dos violines de Bach, una obra maestra a la que hicieron justicia el delirante dúo y el fogoso cuerpo constituido por el resto de la orquesta, excepcionales en el ejercicio de la fuga y el contrapunto.

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