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Veraneando

Día de playa en el Pico del Loro

Las playas de Castilla eran el paso de rutas de comercio con América y norte de Europa.

el 04 jul 2014 / 13:00 h.

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Por Mónica Bautista Llegar es muy sencillo: hay que tomar la salida Torre del Loro en la N-494, que nos lleva de Matalascañas a Mazagón y que circula de forma paralela a la costa. Es fácil llegar al parking junto a la playa, pero para llegar a ella hay que caminar un trecho con inclinaciones, una vía que pertenece a Almonte. El arroyo que lo surca es de Lucena, y la mitad de la derecha, de Moguer. Las lluvias y el paso del tiempo han hecho que la zona tenga un tránsito algo más incómodo que el que pueden tener otras playas. Puede llegar a resultar una odisea con barro y arbustos de por medio, pero merece la pena atravesarlo. La recompensa se presenta en forma de casi cinco kilómetros de playa virgen, coronados por los restos de lo que en su día fue una torre de vigilancia, la Torre del Loro. Hay varias versiones sobre el nombre de la zona. Desde Torre del Loro a Pico del Loro (que se lee en el cartel de bienvenida) pasando por la Torre del Río del Oro o La Torre del Oro. Oficialmente, «la Torre del Oro se encuentra en el término municipal de Almonte, provincia de Huelva, justo en el límite con Lucena, en la amplia playa conocida genéricamente como de Castilla, que se extiende desde la desembocadura del río Tinto-Odiel hasta la del Guadalquivir». la playa. Polémicas aparte, encontramos una playa de agua templada, una de las características del Golfo de Cádiz en el que se adentra. Se sitúa a las puertas del Parque Nacional de Doñana, con una arena fina y blanca ideal para pasear, correr por la orilla y para jugar (los castillos de arena salen espectaculares). Además, dispone de todo tipo de servicios: duchas, puntos de recogida de basura, aparcamiento y servicio de limpieza. Imagen-Imagen-PÁG-1-TORRE-HEstá autorizado el nudismo, pero poca gente lo practica. Al menos en la zona cercana a la torre. Es un espacio amplio, abierto, al que acuden bañistas, pero no tiene las aglomeraciones que se dan en otras costas andaluzas. Los más pequeños son los que más disfrutan al poder correr a sus anchas. Para muchos de ellos, su principal tarea es saltar olas toda la jornada. Y es que, a pesar de no ser excesivamente fuertes, suelen tener movimiento e invitan a darse un chapuzón entretenido. «Si saltas las olas de lado, no te tumban. Pruébalo, a mí casi siempre me funciona», dice Mario, de seis años. la torre. Mario lleva toda la mañana en el agua. Pero aún más tiempo lleva la torre que da nombre a este rincón de Huelva, la Torre del Loro, una torre almenara, una construcción de vigía ante ataques berberiscos ya derruida. Se sitúa en la misma línea de costa y guarda una curiosidad geográfica para los amantes de lo peculiar: en apenas veinte pasos, los que daría para rodear la torre, se pasa del término municipal de Palos de la Frontera, al de Moguer, de éste a Lucena del Puerto y a Almonte. Las playas de la zona de Castilla  eran el paso por el que debían circular todos los marineros que hacían la ruta de comercio con América y la parte norte de Europa. Los piratas de las costas norteafricanas eran conscientes del movimiento mercantil que existía en la zona y decidieron adentrarse en ella para saquearla. Para evitar estos ataques, a finales del siglo XVI se construyeron edificaciones que se denominaron torres de almenara, un término tomado del árabe que hace alusión a el faro o la atalaya, o al fuego que se hacía en las atalayas o torres ópticas como señal de aviso. Su misión era servir como refugio y zona de vigilancia de la costa. Otra de las curiosidades que tiene el Pico del Loro es el manantial de agua dulce con el que cuenta, que forma un pequeño arroyo que divide la playa por la mitad. Una zona que presenta estampas exquisitas. Para los más madrugadores, es una delicia ver a los pescadores que lanzan sus cañas a primera hora del día. Si son de los que duermen hasta tarde, hay puestas de sol que han quedado inmortalizadas en más de una postal. No es la única torre de la costa onubense. Hay otras como las que encontramos en San Jacinto, Zalabar, la del Asperillo o la Higuera, más conocida como el tapón de Matalascañas. El paso del tiempo ha ido haciendo mella, las olas han ido erosionando poco a poco las construcciones, hasta el punto de derruirlas. Aún así, siempre queda el encanto de visitar una playa con una edificación (o el recuerdo de lo que en su día lo fue) de casi cinco siglos de antigüedad. En definitiva, merece la pena dedicarle más de una día de playa al Pico de Loro, a su paisaje, a su arena, a su agua templada. Y como dice Mario:al saltar las olas, mejor de lado. Casi siempre funciona.

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