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Dios no compra el Bonobús

Hasta ahora pensaba yo que el debate sobre la posible existencia divina era una cuestión que se interiorizaba y que en todo caso era objeto de estudio en escuelas de Teología y se reservaba para quienes teniendo Fe en esa existencia, se limitan a creer en que a Dios debemos nuestro propio ser mortal.

el 15 sep 2009 / 20:58 h.

Hasta ahora pensaba yo que el debate sobre la posible existencia divina era una cuestión que se interiorizaba y que en todo caso era objeto de estudio en escuelas de Teología y se reservaba para quienes teniendo Fe en esa existencia, se limitan a creer en que a Dios debemos nuestro propio ser mortal.

Siempre he tenido respeto por los ateos, entre los que cuento con excelentes amigos, pues ni yo me he metido en su agnosticismo ni ellos me han intentado persuadir en que dejara de ser fiel a mis creencias religiosas. A nadie le pregunto si cree o no cree cuando le conozco, pues pienso que las relaciones de este mundo, ajeno al reino de Dios, se han de basar en la confianza y creencia en las propias personas. En esa premisa se basa la tolerancia y Libertad de conciencia religiosa que sostiene nuestra Constitución.

Pero no, por lo visto, ahora el tema de esa existencia se calcula en términos de probabilidad, para evitar dogmatismos, pues un sector de librepensadores, no creyentes se han visto atacados en su duda agnóstica, reflejada en el reconocimiento de dicha probable existencia, ante el convencimiento, ese sí más dogmático, de quienes la proclaman abiertamente y sin tapujos. Sinceramente no entiendo la ofensa, mas también respeto la reacción, pues en el respeto a lo que los demás piensan se basan los cimientos de la propia civilización y la convivencia pacífica.

Ahora bien, lo que me parece inapropiado, y esa es mi opinión, también respetable, es que esa desaprobación se materialice en una campaña publicitaria en los chasis de los autobuses urbanos, generando una polémica, a la que también han entrado algunos creyentes en la existencia que se cuestiona. Ni Dios se merece ese trato indigno. Una polémica absurda, que cuesta un dinero que podría invertirse en obras de caridad, aun cuando, eso sí, el Ayuntamiento podría emplear el eslogan en las inconclusas obras del Metro.

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