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Cofradías

El barrio de San Julián bien merecía esta jornada

La cuadrilla volvió a dar un gran ejemplo de fe en las salidas de los dos pasos.

el 13 abr 2014 / 23:15 h.

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Sevilla 13/04/2014 Semana Santa. La HiniestaFOTO: Pepo Herrera Foto: Pepo Herrera La hermandad de la Hiniesta merecía un Domingo de Ramos como este. Tras dos años de muy mal recuerdo, el peor de todos –pido perdón por la mención– el barrio de San Julián soñaba con un día como el que pudo vivir ayer. El sol amaneció regalando todo su esplendor para que el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Hiniesta se pasearan por las calles de Sevilla. Desde primera hora de la mañana el barrio era una fiesta. Los sevillanos se llevaron sus mejores galas porque cada uno rinde culto a sus devociones a su manera. Todas son válidas. No es necesario vestir una túnica y buscar el anonimato bajo un antifaz. La Semana Santa es patrimonio de todos y cada uno participa como cree que debe. Aunque la Cruz de Guía no tenía prevista su salida hasta las tres de la tarde, desde tres horas antes los alrededores de la parroquia ya eran un hervidero de personas. Las vallas de la puerta servían de apoyo a una familia que no quería para nada perderse la siempre difícil salida de los pasos por la puerta ojival de San Julián. En las zonas más cercanas a la puerta de salida resultaba ya complicado encontrar un hueco dos horas antes de que los nazarenos comenzaran su estación de penitencia. Lo mismo ocurrió en los establecimientos más cercanos. Un bar a rebosar es un claro síntoma de que algo importante está pasando, derbi futbolístico incluido, tanto dentro como fuera del local. El calor fue el mejor aliado de los sufridos empresarios que, al menos, este Domingo de Ramos tuvieron la oportunidad de trabajar a destajo. Ellos fueron los encargados de calmar la sed de las cientos de personas que acudieron a ver la salida de su hermanad. A pesar de la alta temperatura los devotos de la Hiniesta no se quejaban. No se atrevían. Hacerlo tampoco hubiera resultado justo. Simplemente daban gracias por que al fin un año pasarían calor durante la estación de penitencia. Era un día para que los cirios se doblaran por las altas temperaturas y los costaleros sudaran más que nunca bajo las trabajaderas. Probablemente, el calor bajo los pasos sería al mismo tiempo el más elevado que cada uno de ellos soportó en el último año pero, al mismo tiempo, el más gratificante y reconfortante. Así es nuestra Semana Santa. Y así lo explicó Mario Ruiz, contraguía de la familia Ariza, que se mostraba exultante por el gran día que tenían por delante tanto la hermandad de la Hiniesta como los cofrades que la vieron durante su recorrido por las calles de la ciudad. Muchas noches ensayando con la cuadrilla no podían tener una mejor recompensa. Y así lo recordaba al tiempo que se emocionaba y daba gracias porque desde el Cielo habían mandado un día como el de ayer. Los corazones como el de Mario, Cantor de Híspalis por la gracia de Dios, son los que engrandecen la Semana Santa de Sevilla. Un Domingo de Ramos así como todos los días del año. A las tres en punto de la tarde se abrieron las puertas del templo. Ya era la hora y desde las parroquia de San Julián comenzaron a salir decenas y decenas de nazarenos que tiñeron el barrio de capas blancas y antifaces azules. Es lo que Sevilla había soñado, y por fin lo tenía. Dentro del templo ya se barruntaba que los costaleros estaban tomando posesión de sus trabajaderas. La madera crujía y delataba que el señor de la Buena Muerte ya estaría en unos minutos con su pueblo. Sin prisa pero sin pausa la Cruz del Cristo de la Buena Muerte se enterró en su monte Calvario para poder cruzar el umbral del templo. Con un gran trabajo de la cuadrilla se obró de nuevo el milagro y el crucificado volvió a encontrarse frente a frente con su pueblo. Un pueblo lleno de fe que le necesita todos los días del año. Con este júbilo ya se podía asegurar que era Domingo de Ramos en San Julián. El larguísimo cortejo de nazarenos continuó saliendo de la iglesia dejando bastante claro que hay mucha cantera cofrade en la hermandad de la Hiniesta. Muchos niños formaban parte del cortejo asegurando el futuro de esta cofradía. El Señor de la Buena Muerte y su madre, la Virgen de la Hiniesta, tendrán devotos por muchos años visto lo visto, afortunadamente, ayer. Y éstos tampoco decaerán después de ver el ejemplo de fe que año tras año demuestra la cuadrilla del paso de palio. La salida del paso de palio de la Virgen de la Hiniesta es una de las más complejas de la Semana Santa. Con todo el esfuerzo que cualquier mortal pueda imaginar, la cuadrilla rindió pleitesía a la dolorosa sacándola a la calle con las dos rodillas en el suelo. Con toda la delicadeza del mundo los varales del paso de palio fueron sorteando la ojiva de San Julián para llenar de lágrimas los ojos de los presentes y de los costaleros que, desde fuera, habían ayudado a sus compañeros de abajo para que se obrara de nuevo el milagro. La Virgen comenzó su recorrido triunfal por las calles de Sevilla que le llevaría hasta la Catedral hispalense. Pocos minutos después el paso de palio se perdía ya a lo lejos buscando la muralla y para seguir repartiendo gozo.

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