Economía

«El empresario agroindustrial ha de ser global. El local, sin futuro»

El presidente de la asociación empresarial agroalimentaria Lándaluz, Manuel Jurado Toro, cree que tendrán éxito las compañías que exporten y no tengan el miedo de Marruecos metido en el cuerpo

el 11 jul 2010 / 15:10 h.

Manuel Jurado, en la arrocera sevillana Herba, ubicada en San Juan de Aznalfarache y de la que es director comercial.

-Comer hay que comer. Se dice que el agroindustrial está entre los sectores menos perjudicados por la crisis económica...

-Y es cierto, hay que comer todos los días, si bien los hábitos de consumo han cambiado con la crisis. Se come más en el hogar, que ha recibido el traspaso del consumo que antes se hacía en el canal horeca [sobre todo, restaurantes, cafeterías y bares], y se vuelve a cocinar más y la comida es más económica: hortalizas, pastas, sopas, legumbres, arroz... Lógicamente, hablo de las clases medias-bajas. No hay mal que por bien no venga ya que esa comida hecha es más saludable. La caída de las ventas en la agroindustria ha sido del 4% en facturación y del 2% en volumen. Tal y como está el resto de sectores, nos podemos dar con un canto en los dientes.

-¿Comida de pobres?

-No diría eso. En un país con cuatro millones de parados, es lógico que se tienda a una alimentación económica. Cuanto mayor valor añadido, el producto es más caro.

-Pero durante muchos años la agroindustria ha luchado por ese valor añadido, por productos de cuarta y quinta gama. La estrategia ¿se tambalea?

-No. La crisis económica es un paréntesis, no va a durar toda la vida. Es una vereda que cogemos porque no podemos seguir por la autopista. Somos demasiado alarmistas. Esta crisis la superaremos, pero siempre que volvamos a un crecimiento real y no ficticio. Se han de dar pasos atrás. Habrá sacrificios, nos convienen aunque duelan, y también será necesario mucho esfuerzo. La crisis encierra sus oportunidades y sigue habiendo gente que crece y gana dinero.

-¿Pasos atrás?

-Sí, olvidarse de la cultura del pelotazo, del máximo beneficio logrado con el menor esfuerzo. Son falsos valores. Hace falta esfuerzo, sacrificio, trabajo, ahorro e ir paso a paso, darle importancia al céntimo. Y esto, más que a nadie, se debería inculcar a los jóvenes. Una economía del realismo, amar el trabajo...

-Mencionaba usted que existe gente, empresas, que crece y gana dinero pese a todo. En su sector, ¿cuáles serían las claves del éxito?

-La diferenciación, aportar al producto diferencias con respecto a lo que hay en el mercado, la exportación, cogiendo la maletita y viajando al exterior para buscar huecos, que los hay porque el mundo es muy grande, y la concentración de empresas, que sean más grandes y competitivas.

-¿Pero realmente la crisis las está empujando al extranjero?

-Sí. Exportar ya no es un tabú en las pequeñas y medianas empresas, que antes tenían miedo a salir. Ya salen y se quedan fuera. Un país con una balanza comercial negativa no tiene futuro. Producir bien lo hacemos, y toca exportar, ser competitivos.

-Habla por la agroindustria, aunque en el campo andaluz los llantos son permanentes por la competencia extranjera.

-Pero es que no podemos competir con un país que, como Marruecos, tiene los productos más baratos con la misma climatología que la nuestra pero con mano de obra más barata. Es la liberalización comercial. ¿O queremos el proteccionismo y los aranceles? Eso sí, hace falta una PAC para el Sur de Europa y que sea suficiente pues, nos guste o no, vivimos de la agricultura. Pero ésta debe replantearse la cuestión de los comodities [aquí, graneles] porque ya no tendremos ventaja competitiva. No debería importar dónde se produce sino dónde se aporta y se genera el valor añadido.

-El miedo a Marruecos es un miedo desfasado...

-Se ha asumido. En Andalucía se han recibido muchas ayudas de Europa, no siempre utilizadas correctamente. En algunos casos estamos quizás igual que antes. Los empresarios han de ser globales, los locales no tienen futuro.

-¿El empresario agroindustrial tiene en Andalucía más ímpetu que el agrario?

-Sí, aunque también hay empresarios del campo que son modélicos. Vieron el problema y fueron a donde había que ir. Pero hay mucha miopía en pequeñas empresas y cooperativas, cuyos empresarios deberían ser generosos y perder el miedo a dejar el sillón para crear empresas potentes. Sin masa crítica no hay futuro. Esas empresas sin fusiones, que pocas ha habido, mueren poco a poco.

-¿Desaparecerán cultivos?

-Sí. Es difícil luchar. Urge una segunda reconversión en la agricultura para ver dónde realmente somos competitivos y el camino a seguir. E ir de la mano de la agroindustria, porque en muchos casos nos hemos dado la espalda. Y la administración, a apoyar. No nos equivoquemos, en Andalucía lo que tenemos es agroindustria y turismo. Somos pilares para la nueva economía sostenible. Las renovables, bien, pero ¿es sostenible apoyar energías que no son sostenibles económicamente?

"Mi mano está tendida a las cadenas comerciales" 

-Dicen los empresarios del campo que son los grandes olvidados...

-Lo están pasando mal por la caída de precios. Debería existir un equilibrio en los márgenes que reciben el agricultor, el fabricante y el distribuidor y que el consumidor pague un precio razonable. Pero la voz cantante la lleva ahora el distribuidor [cadena comercial], que aprieta al fabricante y éste, a su vez, al agricultor. Se hace imprescindible un código de buenas prácticas y un reparto de beneficios. No sé cómo, es un tema difícil, pero es necesario ese equilibrio.

-Entonces apoya la petición de la Consejería de Agricultura de que se cambien las normas de la Competencia para que los agricultores obtengan precios mínimos.

-Sí. No hay que asustarse al hablar de precios mínimos. No queremos especular, sino subsistir con márgenes suficientes para todos y precios razonables para el consumidor.

-La marca blanca se disparó antes de la crisis y aún más con ella. ¿Terminará esta espiral?

-La infidelidad del consumidor hacia las marcas de los fabricantes es grande. La marca blanca se ha expandido a nuestra costa. El distribuidor le colocaba un margen cero y a nosotros nos exigía el 30% para que él ganara dinero, de ahí la diferencia de precios. Estamos notando que la marca blanca se está estancando, entre otras cosas porque ha tirado tanto a la baja de los precios que ha dañado los márgenes de las cadenas de distribución.

-¿Habrá alguna vez un entente cordiale?

-Mi mano siempre ha estado tendida a los operadores comerciales para el diálogo. Ellos saben que, tras las locuras, el propio mercado tiende a estabilizarse. Y saben también que somos los fabricantes los que les damos la capacidad financiera.

-¿Sigue la apuesta de la agroindustria por el canal horeca?

-Ese canal ha caído en ventas, pero paga mejor la calidad precio y los cocineros son los mejores embajadores de Andalucía.  

 

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