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“El español se deja influir por todo lo de fuera y relega el anís, que es nuestro”

Entrevista a José Antonio Rodríguez Fernández, gerente de Anís Los Hermanos de Carmona.

el 21 sep 2013 / 23:30 h.

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De la construcción a la destilería de anís y licores. No, no fue fruto del crack del ladrillo, fue una reconversión voluntaria unos años antes. Hoy, José Antonio Rodríguez (Carmona, 1961) y su hermano Francisco, junto con sus respectivas mujeres, tutelan uno de los pequeños reductos artesanales de la provincia. Si pasan por este municipio, sepan que la destilería de Anís Los Hermanos sigue funcionando como lo hacía en 1880 y puede visitarse. 15217926–Detrás de Anís Los Hermanos hay una historia muy añeja. –Fue la primera destilería que se fundó en la provincia de Sevilla y de las primeras de Andalucía y de España. Fue en 1880, cuando un emigrante vasco, de apellido Izaguirre, que huía de las guerras carlistas, se instaló en una finca de Carmona que tenía un manantial de aguas subterráneas que discurren por las galerías romanas distribuidas por la zona de Los Alcores. Nos dicen que es de las más antiguas porque las de Cazalla datan de 1897. –¿Cómo llega a manos de su familia? –En 2001, un amigo nos dijo que quería comprar una finca en Carmona como hacienda de celebraciones y le acompañamos a verla. A él no le gustó, pero a mi hermano y a mí nos enamoró. Tiene un cortijo, unas termas romanas y un molino árabe, además de unas vistas impresionantes de La Vega. Compramos la finca y apostamos por mantener la destilería de anís. Nosotros teníamos una empresa de construcción con más de 20 trabajadores que iba bien hasta que se la llevó la crisis por delante. En vez de comprarnos un chalé en Chipiona nos decidimos por comprar esto. –¿Había mucha tradición de este tipo de destilerías en Sevilla? –A mediados del siglo pasado, hasta 1960 o 1970, en la provincia había más de 200 destilerías, casi todas de anís. Solo en Cazalla había más de 60, en Sevilla capital siete, dos en Carmona, tres en El Viso, también en Camas, en Utrera... Hoy día quedarán unas seis. –¿Por qué se han perdido tantas? –En una charla sobre la compañía Cruzcampo, que se fundó en Sevilla en 1904, explicaban que tuvieron que desbancar al anís como bebida más consumida. A ver quién era el que se tomaba a principios de siglo una cerveza caliente... Las bebidas de España hasta los 60 o 70 eran el anís y el vino. El problema es que los españoles nos dejamos influir por todo lo que viene de fuera: whisky, ron, ginebra... queremos todo menos lo nuestro, lo de aquí, que es el anís. Es una bebida muy familiar que ha estado en todas las casas, que recuerda a las navidades... Además, el anís ha sido la única bebida en este país que no ha sido machista porque no estaba mal visto que la tomaran las mujeres. –¿Cómo se han adaptado a los nuevos tiempos? –Hemos sabido evolucionar. Hace seis años compramos una destilería muy antigua en Rute (Córdoba) que producía la marca Triunfo y la trasladamos a Carmona. Es el primer pacharán andaluz que se fabrica desde 1920, del que compramos la marca y la patente, y por el que recientemente nos han dado un premio en el País Vasco. Además, hemos ido evolucionando con un licor de canela macerando la canela en el anís, y también maceramos uva pasa de la Axarquía malagueña en aguardiente. Ahora estamos haciendo la prueba para sacar un tarro de piña en licor, y hace tres semanas que sacamos una ginebra, Puerto de Indias, que macera con fresas de Huelva. En tres meses distribuiremos una bebida nueva, anís envejecido en barrica, como producto de alto gourmet. –¿Volumen de producción? –Hoy día, las marcas pequeñas como la nuestra tienen poca difusión. La gran barrera que tenemos es la distribución. Nuestro cliente aprecia la calidad y el precio competitivo que tenemos, el problema es convencer al distribuidor. Nuestro ámbito de comercialización se centra en Carmona, El Viso, Mairena, Alcalá, Dos Hermanas, parte en Sevilla, Tocina, Cantillana... Tenemos pedidos por internet, pero es algo que va muy lento. Estamos a un 5-10% de la capacidad de producción. En estas fechas, destilamos una o dos veces por semana y cada destilación produce 425 litros. Nuestros clientes son básicamente particulares. ¿Y cómo sobreviven? –Se sobrevive porque es una empresa familiar. Para cuadrar las cuentas te reúnes en la mesa camilla y lo que haya que decidir, se decide entre los cuatro. Hemos ido diversificando y recuperando fórmulas antiguas que había en la fábrica. –¿Ese bloqueo del que hablaba se refiere a grandes superficies o a la restauración y hostelería? –No queremos entrar en la dinámica de grandes superficies porque perderíamos nuestro carácter tradicional y nuestra filosofía artesanal. En el ámbito de la restauración, los grandes restaurantes de lujo, ésos que cuidan mucho la presentación y los platos, a la hora de ofrecer un chupito no miran nada. Yo digo que un restaurador es como un torero: si hace una buena faena, como no mate bien, al final no se lleva nada. Pues un chupito sin nombre ni calidad no está a la altura de lo que merece un cliente. –¿Nada de profeta en la tierra? –Tampoco. Estamos luchando desde la Asociación de Vinos y Licores para que en los restaurantes haya carta de vinos y licores de la provincia. En el 99,9% de los restaurantes prueba a pedir un vino o un licor de Sevilla... No hay nada de la tierra y es una pena. Yo lo que digo es que si vengo a Sevilla de turismo, lo normal es que quiera probar un vino o un licor de aquí. Un Rioja lo puedo encontrar en cualquier punto de España. –Su método de fabricación no puede ser más artesanal... –Tenemos dos alambiques de cobre con 130 años de antigüedad que siguen funcionando.

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