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El fuerte olor a azufre retrasa el realojo de La Restinga


el 18 oct 2011 / 15:45 h.

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"Cuando no pasaba nada, nos evacuaron. Ahora que hay esa mancha, quieren que volvamos. Yo no bajo". José Redi Morales lleva casi una semana fuera de su casa. Es propietario de la Tasca Avenida, en primera línea de costa en la localidad de La Restinga. De ahí fue evacuado el 11 de octubre. Y, aunque las autoridades han permitido a los vecinos volver a recoger cosas, él no ha vuelto a pisar su pueblo. "No pude ni sacar la basura. La gente que estaba comiendo dejó los platos encima de la mesa. Toda la mercancía que tenía en las neveras tiene que estar podrida, aquello tiene que estar apestando", lamenta.

El testimonio de José coincide con el de muchos de los 600 habitantes del pueblo: no se fían de las autoridades. El sábado elevaron el nivel de alerta y establecieron una zona de exclusión aérea de cinco millas náuticas tras afirmar que la erupción se acercaba a la superficie, pero al día siguiente anunciaron que se permitiría a los vecinos volver a casa. Este lunes se iba a confirmar la decisión pero se retrasó hasta que en unas horas se compruebe la calidad del aire, ya que la marea ha arrastrado la mancha hacia la costa y se percibe un fuerte olor a azufre. Los científicos no creen que el aire sea tóxico, pero sí es muy molesto. Los vecinos han sido convocados para una reunión este martes a las 16.00 donde se espera que se les dé una respuesta definitiva. El realojo se hará con condiciones: los discapacitados no podrán volver, los niños deberán ir al colegio en El Pinar y habrá medios de transporte permanentes en el pueblo para una posible evacuación.

El presidente de Canarias hizo el domingo el anuncio y lo justificó con varios argumentos: que los científicos tienen más conocimientos sobre el proceso eruptivo, que ahora cuentan con hidrófonos (micrófonos submarinos que permiten precisar el lugar donde brota el magma), y que en caso de que se pasara a una fase más peligrosa habría tiempo de desalojar la localidad. Pero muchos de los que una vez fueron evacuados no quieren volver a salir corriendo. Sobre la información proporcionada por los hidrófonos, el Gobierno autonómico ha señalado este lunes que esta coincide básicamente con la facilitada en días anteriores y muestra que la erupción se produce a 2,4 kilómetros de la costa y a unos 150 metros de profundidad.

Silvana, una joven hispanouruguaya que vive en La Restinga, es de las que no piensa regresar de momento. Como otros muchos vecinos, asegura que la decisión se ha tomado por motivos "políticos y comerciales" y se agarra a que "nunca ha coincidido lo que han dicho las autoridades y lo que luego ha sucedido". "El primer día que permitieron bajar a algunos vecinos les dieron máscaras y ahora quieren que volvamos tan tranquilos. ¿Cómo fiarnos?".

El regreso a La Restinga permitiría a algunos vecinos volver al trabajo. Pero en algunos casos va a ser imposible retomar una actividad normal. Los bares y restaurantes no prevén la vuelta del turismo, salvo quizá por algunos periodistas. El submarinismo y la pesca, dos de las principales fuentes de ingresos, siguen prohibidos. A media tarde del domingo se permitió a los pescadores sacar sus barcos del puerto para faenar en otras aguas. Pero el negocio del buceo está más complicado. Cristóbal es dueño del club La Restinga, y, de momento, solo va a regresar esporádicamente al pueblo, pero no a dormir -"por mi hijo", aclara-. No ha querido, como otros colegas, trasladar la actividad a otras zonas de la isla, porque "no es rentable". Pero no quiere derrumbarse: "Tengo fe. Y si sale un islote vamos a flipar".

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