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El mito de la cultura católica

Desde la Ciudad de Dios de San Agustín ha existido no sólo la tendencia a considerar la religión católica como eternamente ligada al imperio romano sino también a dar a su cultura (...) la misma atemporalidad...

el 15 sep 2009 / 19:26 h.

Desde la Ciudad de Dios de San Agustín ha existido no sólo la tendencia a considerar la religión católica como eternamente ligada al imperio romano sino también a dar a su cultura (la greco-romana pasada por la pluma del santo) la misma atemporalidad, cargándola además con la cualidad de inmutable, lo cual es una falacia porque, en primer lugar, Mahoma dedujo para los árabes las mismas tesis que el obispo de Hipona para los romanos y, en segundo, porque el cristianismo siguió evolucionando hasta desembocar en la Reforma Protestante gracias a la cual, a partir de 1555, en el Imperio Romano Germánico (del que España era entonces parte) se impuso el principio de cuius regio, eius religio, consagrado un siglo después.

Ese axioma de que a cada reino, su religión, cristiano a todas luces, mandaba al baúl de la historia la cultura concebida como católica y, a la vez, sentaba las bases de la libertad de conciencia porque, en cuanto el poder dejó de emanar del monarca y fue el pueblo el que pasó a ser soberano, el laicismo se convirtió en religión de la sociedad y, consecuentemente, en su cultura. Así es aunque en España, católica por imposición hasta hace justamente 30 años, no se comulgara con ello. La Constitución de 1978 fue una Paz de Westfalia con 350 años de retraso.

Demasiado para que no nos hayamos esforzado todos, desde el cardenal a los administrativos religiosos o civiles, en comprender que la única religión que no puede crear conflictos ni producir separaciones es, precisamente, la religión laica, la que pone a todas las demás en el único altar que no puede ser derribado: el de la conciencia. Quizás nos convendría hacer un curso acelerado, al menos para ponernos a compás con el viejo mirabrás, que ya hace un siglo arrreaba cantando voz del pueblo, voz del cielo, ay, anda.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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