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El niño que crece jugando

Especial en el césped y fuera de él, brilla en el Sevilla, pero no atiende la llamada de la Selección

el 25 oct 2009 / 11:09 h.

Jesús Navas

Jesús Navas es un futbolista de élite, de los mejores de España, aunque no vaya a la selección. Ha ganado cinco títulos con el Sevilla, disputa la mejor competición de clubes del mundo, la Liga de Campeones, tiene un contrato multimillonario –de momento hasta el año 2012– y va camino de batir todos los registros posibles en su club de toda la vida.

Ahora compaginen estas características con estas otras, a ver si las casan. Le encanta jugar a la Play Station; es un chaval que teniendo recursos económicos para dar y tomar sigue viviendo en su casa, junto a su familia, de fuertes convicciones religiosas, por cierto; tiene la misma novia, Alejandra, desde hace un montón de tiempo; ha tardado años en comprarse un coche de alta gama, un BMW negro; no le gusta salir, prefiere estar tranquilo en su hogar; sigue viviendo en su pueblo, Los Palacios, y ha llegado a rechazar importantes ofertas de clubes extranjeros.

Ése, con lo uno y con lo otro, es Jesús Navas, uno de los mejores extremos derechos de España, de Europa y del mundo, pero que posiblemente nunca llegue a jugar los torneos de máximo nivel de selecciones, ni una Eurocopa –se le pasó un tren en 2008– ni probablemente –está por ver– un Campeonato del Mundo, porque de momento no se postula para el de Sudáfrica en 2010, y eso que Del Bosque lo encajaría encantado en la máquina española. ¿Y por qué? Porque no está preparado. O si quieren, y dejando eufemismos de lado, porque no le apetece, porque no tiene ganas.

Chuso Navas, así le llaman también algunos de sus amigos, se agobia y se incomoda cuando sale de su entorno más cercano. En lo deportivo, su entorno más cercano, el de toda la vida, es el Sevilla. En su cantera se ha formado, ha crecido y ha llegado a la cima. Debutó en 2003, de la mano, como tantos otros, de Joaquín Caparrós. Curiosamente lo hizo junto a su hermano, Marco, que actualmente milita en el Guadalajara.

En su equipo de siempre sigue y se encuentra cómodo, y cuando se encuentra cómodo es un futbolista como la copa de un pino, un futbolista que ha hecho y va a seguir haciendo historia en el club hispalense. A sus 23 años ya ha disputado 237 partidos oficiales con el conjunto nervionense y amenaza los récords de Arza (415), Blanco (411) y el que hoy es su entrenador, Jiménez (408), los tres jugadores con más participaciones en los 104 años de vida de la sociedad sevillista.En lo particular, el entorno más cercano de Jesús es su casa, lógicamente.

Su casa, sus amigos, sus aficiones, su novia, su familia, su pueblo... Ahí se encuentra cómodo, a gusto. Pero si lo sacan de su entorno, pues se ofusca, así de fácil. Por eso las concentraciones han llegado a perturbar su estado de calma y por eso han aflorado los ataques de ansiedad en algunos momentos.

El primero fue en 2005, el 3 de junio, cuando estaba concentrado con la selección española sub 21. Abandonó la concentración y desde entonces no ha vuelto a lucir la roja, una camiseta que está deseando volver a contar con él. Los dos últimos seleccionadores, Aragonés primero y Del Bosque después, han querido citarle, pero se han encontrado con su negativa.

Un mes después de aquel mes de junio hizo lo mismo en la pretemporada sevillista en Cartaya, y un año después incluso se negó a subir al autobús que llevaba a su equipo a la pretemporada veraniega. Los psicólogos del club comenzaron a tratar el asunto y el jugador fue progresando poco a poco, hasta llegar a aceptar las concentraciones largas.

Y así, con pasos y progresos cortos, Jesús ha vuelto a encontrarse cómodo y a gusto. Se ha soltado incluso más ante la prensa, no pasa apuros en los viajes y soporta los periodos lejos de casa sin problema alguno. Su estado de forma, privilegiado por su físico –es el único futbolista de la plantilla al que se le permite comer bollería y azúcares porque su metabolismo es envidiable–, es espectacular.

Lo demuestra el nivel que está ofreciendo esta temporada en el Sevilla, que alcanzó repercusión nacional e internacional –The New York Times le dedicó un artículo– tras su exhibición ante el Real Madrid. Ahora, de nuevo, ha surgido el debate sobre su internacionalidad, sin tener en cuenta que en este asunto el único que manda es él. Irá cuando esté preparado, es decir, cuando le dé la real gana.

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