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El proyecto de ascenso y la revolución que exige el pueblo bético

LA CONTRACRÓNICA. El Villamarín dedicó más tiempo a protestar contra casi todo el mundo que a celebrar el triunfo. Si dependiese de la grada, en Heliópolis sólo sobrevivirían cuatro gatos. Los dirigentes decidirán si son cuatro o más.

el 12 may 2014 / 00:40 h.

Hubo minuto de silencio por los niños de Badajoz. Antes y después, protestas y más protestas / Ramón Navarro Hubo minuto de silencio por los niños de Badajoz. Antes y después, protestas y más protestas / Ramón Navarro Es muy complicado, por no decir imposible, inspirar lástima en el estadio Benito Villamarín. La serie de calamidades que ha sido esta tremenda temporada ha logrado que el bético, que bastante ha tenido con lo suyo, no sea de lágrima ni fácil ni difícilante la desgracia ajena, por mucho que ocurra en su casa. Heliópolis, por tanto, se tomó con indiferencia el casi seguro descenso del Valladolid, que de algún modo completó el círculo histórico y fue el Betis que visitó Sevilla hace cinco años. Aquella tarde de mayo, el equipo de José María Nogués debía ganar para no bajar y fue tal su estado de nervios, su pánico ante la inminente catástrofe, que sus piernas fueron marionetas sin hilo que las conectase con el cerebro. En esta ocasión, el miedo y la parálisis se mudaron al Valladolid, incapaz siquiera de mantener un empate que para ellos era la vida. Al beticismo, por cierto, le honró no caer en la mala educación, la grosería y la catetada de cantar aquello de ‘a Segunda’. Afición de Primera, sin duda. Los béticos tampoco celebraron el postrero gol, golazo, de Juanfran. Así pues, fue una tarde de indiferencia con casi todo lo que sucedió en el césped y no importó que llegase el sexto triunfo de su equipo en toda la campaña liguera. Seis victorias, seis, que dirían los taurinos. La temporada es para hacérsela mirar y sólo cabe la esperanza de que los dirigentes, que seguirán siendo los mismos que ayer se sentaron en el palco mientras eran repudiados por los 13.000 aficionados presentes si nada o nadie lo remedia, acierten con el diagnóstico de las muchas enfermedades que han provocado la muerte del paciente. Si la cura dependiese de los seguidores, el consejo se iría a la calle, Calderón no se sentaría en el banquillo, Rubén Castro no renovaría su contrato, Paulao no tiene perdón de dios y los pilares del nuevo proyecto serían Adán, Lolo Reyes, Juanfran, Jorge Molina y los nuevos canteranos (no cuenten a Vadillo entre ellos). Admitiendo que el Betis necesita una profundísima renovación, la revolución exigida por el pueblo se antoja excesiva. Como mínimo inviable, Francisco Estepa dixit. Caerán cabezas, seguro, pero eso mismo, cabeza, será indispensable para un proyecto tan complicado como configurar un equipo para la categoría de plata.

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