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El Quijote del siglo XXI

Obra: Por un cuñado de dólares
Lugar: Sala Cero 17 de febrero
Compañía: La Serda Teatro
Dirección: José María Peña
Intérpretes: Ignacio Andreu y Andrés Blanco
Calificación: Tres estrellas

el 19 feb 2012 / 18:05 h.

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Estatua de Don Juan en la Plaza de los Refinadores.
Por definición, la comedia se caracteriza por representar las dificultades de la vida cotidiana impregnando de humor las acciones de unos personajes que se enfrentan a la sociedad haciendo escarnio de sus desmanes, así como de sus propios defectos o carencias. Es justo lo que hacen los protagonistas de esta obra, una loca comedia que cumple a la perfección con los dictámenes del género.

La historia gira en torno a un encuentro casual en un gimnasio entre dos personajes muy diferentes, aunque con la misma situación vital desesperada. Eso da lugar a una relación desatinada, aunque absolutamente coherente y divertida, que desgrana en escena un sinfín de chistes y gags cuyo trasfondo es la denuncia del paro y los abusos de los bancos, que han llevado a la clase trabajadora a un endeudamiento asfixiante.

La dramaturgia se construye como una suerte de sucesión de diálogos disparatados que gira en torno a los tipos de los dos personajes: un gimnasta obsesionado por el culto al cuerpo un poco descerebrado, aunque solidario y valiente, y un cabeza de familia sencillo y sensato, aunque desesperado por el paro y las deudas. Son, por tanto, dos personajes arquetípicos de nuestra sociedad, un Quijote y un Sancho Panza de nuestros días que, al igual que los personajes cervantinos, no tienen más salida que la locura. Aunque más que locos se definen como dos payasos hilarantes capaces de reírse hasta de ellos mismos. Para ello se sirven de toda una gama de recursos teatrales contemporáneos, como las reiteraciones absurdas, el repertorio de las coplas que Ignacio Andreu interpreta en directo para ahondar en la comicidad de los diálogos o un espacio escénico realista en el que se inserta una bicicleta de juguete, además de un vestuario hilarante y un diseño de iluminación que, aunque sencillo, se funde con el espíritu carnavalesco de la comedia.

El ritmo delimitado por la puesta en escena es fluido a pesar de que las transiciones resultan un tanto bruscas y la composición escénica es un tanto simple. No obstante Ignacio Andreu y Andrés Blanco encandilan en todo momento al público haciendo gala de un auténtico dominio escénico con una actuación tan magistral como ingeniosa y divertida.

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