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Cultura

El repaso. El senado del toreo se pronuncia

Éste ha sido un largo e intenso fin de semana.

el 08 ago 2011 / 20:21 h.

Opacidad. El larguísimo e intenso fin de semana taurino ha resultado revelador y determinante para restablecer el equilibrio de una temporada que había echado el freno después de la larguísima y ya lejana isidrada. Ya habíamos hablado aquí, en estas mismas líneas, de esa extraña calma chicha que precedió a la vuelta más esperada; de la expectación informativa que rodeó la cuidada reaparición de José Tomás, un acontecimiento inapelable, que también eclipsó los episodios de una temporada que, pese a todo, iba siguiendo su curso, incluyendo la desercción general de Pamplona. Pero las figuras habían anclado en aguas calmas en espera de estos rápidos de agosto.

Expectación mediática. Esa atención informativa sin precedentes que rodeó al divino antes, durante y después de su reencarnación valenciana no cumplió la función que algunos defendían. Lejos de concentrar y devolver la atención mediática perdida por la fiesta, obvió a la crema y la flor de la torería centrándose exclusivamente en los vaivenes del madrileño, que tampoco está cumpliendo el papel premeditadamente triunfal que muchos esperaban. En las tres tardes que ha toreado, salvando la excepcionalidad de la reaparición, José Tomás se ha comportado como un torero, como una figura más, con sus aciertos y fallos; con sus virtudes y sus propias fisuras. Y con todo el mérito que se le quiera dar y que merece la durísima recuperación de la cornada de Aguascalientes, si se cobra, se actúa y se planifica por encima de todos los mortales, los resultados también tienen que ser excepcionales y marcar cumbres. Aún quedan media docena de tardes para revocar esta reflexión pero Huelva y Bayona han resultado ser dos piedras en el zapato del diestro de Galapagar, que el próximo viernes vuelve a aparecerse en Gijón después de ser mondado en sus propias barbas por dos o tres teloneros.

Los grandes reaccionan. En esa tesitura, el pasado fin de semana ha servido de campo de operaciones a una intensa reacción coral que ha devuelto a la cima del toreo y al hilo de la temporada a su verdadero orden natural. Había que triunfar y así lo hicieron Morante y Manzanares -que acabaron con todo el papel- en El Puerto de Santa María. Ese histórico mano a mano ya figura en los anales del Coso Real y fue la gran cabeza de puente de una batalla en la que también figuró el mariscal Juli, triunfante y autoritario en Huelva y El Puerto después de partirse la cabeza en Bayona cuajando un exigente y encastado ejemplar de Joselito. También salieron respondones Miguel Ángel Perera -pletórico en sendos arrimones a orillas del Guadalete- y Alejandro Talavante, que carraspeó en Colombinas y recuperó parcialmente el tono en el Abono Real. Casi sin solución de continuidad, en la amable feria de la Peregrina de Pontevedra, Enrique Ponce y Manzanares se repartían siete orejas dándole la vuelta a la tortilla a un largo fin de semana taurino que ha marcado algunos parámetros y en el que también hay que incluir por derecho propio a Daniel Luque, cada vez más solvente, ilusionante e ilusionado.

Mucho dinerito... A pesar de todo el negocio taurino no quiere o no sabe adaptarse a las circunstancias. En El Puerto se echó la carne en el asador en ese mano a mano que reventó las taquillas. En el resto de los festejos se vió demasiada piedra. Sentarse en un gallinero de sol valía 4.000 pelas de las de toda la vida.
alvarordelmoral@hotmail.com

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