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El tren que pasó de largo

Un documental rescata la historia de la estación de Las Alcantarillas, en Los Palacios y Villafranca

el 08 dic 2009 / 16:41 h.

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  • Las Alcantarillas es hoy una estación fantasma en plena marismas, a medio camino entre Las Cabezas de San Juan y Utrera. Pero durante más de un siglo fue el abrigo de cientos de personas al amparo de la línea férrea Sevilla-Cádiz, cuya parada en este páramo del Bajo Guadalquivir servía para descargar productos agrícolas y vinos de Jerez de la Frontera (Cádiz). Un documental dirigido por Alejandro González Salgado rescata a los supervivientes de aquel mundo perdido.


    La asociación Surreal nació en Los Palacios y Villafranca hace más de un año al calor ilusionante de varios amigos con inquietudes dispares, pero en los últimos tiempos encauzó sus miras hacia la creación audiovisual. Pese a que ya tiene un lote de cintas para dar a conocer en 2010, la primera obra con que se estrena se llama Final de trayecto y es un documental sobre la vida extinguida en Las Alcantarillas. El trabajo fue proyectado en la sección no competitiva de la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, y ahora comienza su distribución. Su director, un joven de Los Palacios y Villafranca, Alejandro González Salgado, está convencido de que el año que viene será el de Surreal.

    En el documental, de 35 minutos de duración, la cámara persigue las piedras calladas de los monumentos que llevan el mismo nombre de la estación: el castillo y el puente romano, a la sazón referentes legendarios para quienes construyeron su hogar en Las Alcantarillas durante buena parte del siglo XX. De paso, salen testigos de cortijos contemporáneos a la estación como el de El Torbiscal o el de Jaime Pérez, cuyos vecinos constituían una comunidad rural ya extinguida junto a los operarios ferroviarios que criaron a sus familias por aquí: guardagujas y guardabarreras que habían heredado el oficio de sus padres y que hicieron de los trenes que iban y venían una forma de vida. Toda aquella gente nació, creció, sufrió, amó y vivió en torno a la estación, donde estaba la cantina, el paseo, la tienda, la fiesta. "He vivido aquí los mejores años de mi vida", dice emocionado Pepe Segura, peón de vías y obras que trabajó en la estación, como ellos la llaman, hasta "el 20 de diciembre de 1992", cuando se consolidaron otras pobladas como la de Utrera o la de Lebrija, entre Sevilla y el mar.

    El presidente de la Asociación Xerezana de Amigos del Ferrocarril (AXAF), Miguel Cano, explica cómo la línea férrea Sevilla-Cádiz, con todas sus estaciones, fue la primera concesión de este medio de transporte en España, dada la necesidad descubierta por los jerezanos que vendían tanto vino de encontrar un eficaz sistema como el que conocían sus paisanos que habían emigrado a Inglaterra desde 1825. Lo que falló fue la financiación, "como siempre ocurre en Andalucía", según recuerda, y así fue cómo la primera línea férrea construida en el país fue la de Barcelona-Mataró. Desde que se construyó Las Alcantarillas, decenas de familias poblaron el lugar, que pronto contó con supermercado, colegio, capilla... para construir una vida paralela al paso del tren y cuyos supervivientes aparecen en el documental tantísimos años después, cargados de nostalgia entre los jaramagos del abandono.

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