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El último cante de Pepe Peregil

El popular saetero y tabernero fallece en el Virgen del Rocío a los 67 años.

el 27 ene 2012 / 16:24 h.

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La voz y la eterna sonrisa del popular Pepe Peregil se apagaron ayer para siempre. Su famosa taberna Quitapesares se quedó huérfana de su sonrisa, de sus chistes, de sus sevillanas improvisadas acompasadas a golpes de nudillos en la barra, de su eterna sonrisa por muy mal que pintaran las cosas, de sus ingeniosos piropos a todas las mujeres, de su interminable refranero popular made in Peregil y de su mano tendida para cualquiera que necesitara algo de ayuda, fuera de la condición que fuera. En definitiva, ayer se fue una de las personas que mejor han sabido representar en la ciudad la alegría y las ganas de vivir.

 

El popular tabernero de Manzanilla (Huelva), afincado en Sevilla desde hace décadas, respondía administrativamente al nombre de José María Pérez Blanco, había nacido en 1945 y adoptó su apodo de Peregil en honor a su abuelo (apellidado Pérez Gil). Se vino a Sevilla muy joven y terminó siendo un sevillano más. Un enamorado de las tradiciones y costumbres sevillanas, feriante como el que más y amante de la Semana Santa, con la que siempre tuvo una relación más que estrecha y siempre se prestó para asistir a cualquier acto benéfico en el que pudiera hacer falta.

Peregil, probablemente, no conociera la red social Twitter y tampoco le importaría demasiado, pero su muerte sorprendió ayer no sólo a Sevilla sino a buena parte de España. Su nombre se convirtió en uno de los temas más comentados del día en la red (los denominados trendig topics).

Pepe Peregil no sólo fue tabernero sino también cantaor. A su conocidísima faceta de saetero hay que añadirle que en 1970 ya grabó su primer disco, titulado Flamenco 70, y a partir de ahí fueron múltiples los certámenes de este arte que ganó.

Hace varios meses le detectaron un cáncer de páncreas y poco a poco se fue apagando. Antes de dar a conocer a sus más íntimos la enfermedad, sus parroquianos del bar ya sospechaban algo y el comentario "a Pepe le pasa algo" se repetía con frecuencia en la barra de Quitapesares. A pesar de la enfermedad, Peregil siguió al pie del cañón hasta hace muy poco tiempo y siempre estuvo muy pendiente del negocio, aunque ya no lo atendiera continuamente. Hace unos días tuvo que ser ingresado en el hospital Virgen del Rocío, donde ayer dejó de sonreír para siempre.

Casado con Mari Medina, tuvo tres hijos, José Juan, Álvaro y Macarena. El primero de ellos se decantó por la medicina pero Álvaro decidió seguir la profesión paterna y abrió la taberna La Goleta en Mateos Gago. Tal fue la dedicación de Peregil a su negocio y tanto difundió el nombre de Sevilla que el Ayuntamiento le concedió en 2009 la Medalla de la Ciudad. Ayer, el tanatorio de la SE-30 fue un hervidero de personas que se acercaron a darle el último adiós antes del funeral que se celebrará hoy a las 17.00 en Los Terceros. Descansen en paz la voz y la sonrisa de Pepe Peregil.


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