sábado, 15 diciembre 2018
03:11
, última actualización

"El único objetivo del festival es ayudar a los artistas a que den el salto definitivo"

Juan Mena: un cuarto de siglo después de asumir la presidencia de la Peña Flamenca El Madroñero, este purista del cante ha sido reconocido como presidente honorífico por su casa. Su lucha por abrir las puertas a los jóvenes de este arte es un referente para todos los flamencos.

el 04 mar 2015 / 17:32 h.

Imagen Imagen DSC_0109a Juan Mena. Foto: El Correo   Algunos nombres no deberían borrarse nunca. Esto es lo que habrá pensado el Ayuntamiento de Montellano en su decisión de perpetuar al presidente de honor de la Peña Flamenca El Madroñero, Juan Mena, dándole la nomenclatura a la plaza de la que emerge El Madroño Flamenco, premio que ha hecho conocido al municipio en el flamenco y la cultura. Si hay algo que ha hecho Mena, además de proteger las raíces de un género purista, es atreverse, con un talento y clarividencia envidiables, a promocionar a jóvenes talentos que andan abriéndose paso en este mundo del compás. Lo suyo ha sido un discurrir a contracorriente. Él, y su junta directiva, se enfrentó a la prensa, la radio, parte de los aficionados, las administraciones públicas y el taquillaje,  sencillamente porque había que hacer algo por los jóvenes valores del cante, el toque y el baile. Era renovar dentro del flamenco, sin abandonar el purismo. —¿Cómo un niño siente atracción por el flamenco? —Era lo que se escuchaba en la época. Siempre me atrajo. Hasta el punto que cambié una bicicleta que me regalaron por los discos. —Desde niño, enamorado del purismo... —Por supuesto. El flamenco es puro. Lo demás no es flamenco. Puede llamarse como se quiera. Puede sonar bien y gustar, ¿por qué no? No estoy en contra de esos nuevos sonidos, pero que le llamen de otra manera. Eso de nuevo flamenco o flamenco fusión es una incongruencia. El flamenco es flamenco, y es puro. Lo otro es otro tipo de música, que tendrá sus seguidores y se escuchará mucho, pero no puede considerarse flamenco, porque para serlo tiene que seguir los cánones de éste, y eso es el purismo. Lo contrario sólo haría que se perdiera. —Pero hay mucha gente del flamenco que sigue ese tipo de música por entender que es una manera de hacerlo más popular y que llegue a la gente joven. —Y a mí me parece muy bien que les guste, y que le guste a la gente joven. Pero ese tipo de música no tiene cabida en un festival como el de Montellano, o en una peña. No estoy en contra de ello, sólo creo que son dos cosas distintas. El flamenco reconocido internacionalmente, con seguidores en todo el mundo y declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco es el flamenco puro, y ese no necesita sucedáneos para que guste. O te gusta o no te gusta. Pero es puro. —¿Ese es el que se escucha en el festival? —En el festival y en la peña. Y el que quiera no tiene más que acercarse. Va a poder disfrutar del flamenco en silencio, con respeto y rodeado de buenos aficionados. —Porque en Montellano se sabe de flamenco. —En Montellano hay de todo. Hay quien sabe y hay a quien le gusta, pero sin meterse en muchas honduras. Pero lo que desde luego está claro es que aquí se podrá entender más o menos, pero se sabe escuchar. Eso es muy importante para el artista. —De hecho, que el artista se sienta a gusto es una prioridad para la peña, ¿no? —Claro, si está a gusto dará un buen recital. Un artista no puede estar concentrado en lo que canta si la gente no se calla, o el de la barra está dando voces… Además, es un gesto de respeto hacia el que se sube al tablao. —Y, por supuesto, no hay que olvidar el empuje de la peña hacia los jóvenes. —Los artistas jóvenes estaban condenados a los concursos. No tenían oportunidad de expresarse libremente, como en recitales y festivales. Eso sólo estaba reservado para los profesionales. El festival nace precisamente para ellos. Nos echamos a todo el mundo encima, pero sabíamos lo que queríamos, y en estos años hemos ido corrigiendo defectos. Nuestro único objetivo ha sido y, sigue siendo, ayudar a aquellos artistas de calidad que están situados en un escalafón intermedio de semiprofesionalidad, para que se den a conocer y den el salto definitivo. —A lo largo de estos años, el concepto sobre Montellano ha cambiado, hasta el punto de que el presidente de una peña que hace un festival con gente casi desconocida se convierte  en presidente de la Federación de Peñas. Por algo será, ¿no? —Ha costado 30 años, pero hoy podemos estar orgullosos de nuestro trabajo. El tiempo nos ha dado la razón. El Festival de Montellano es admirado por toda la afición flamenca a niveles muy altos. De hecho, hace años que estamos recibiendo el máximo apoyo económico por parte de la Diputación y del Ayuntamiento, sin olvidarnos, por supuesto, de tantas personas anónimas que han prestado su colaboración para que hoy lleguemos a ser lo que somos.

  • 1