viernes, 15 febrero 2019
22:29
, última actualización
Cultura

«Es bueno que una ciudad como Sevilla sea ombliguista»

Entrevista a Antonio López. El pintor español vivo más cotizado trabaja ahora mismo en dos cuadros para Sevilla, un paisaje de la ciudad y un retrato del rey Juan Carlos que le encargó la Maestranza.

el 26 nov 2014 / 13:00 h.

TAGS:

Antonio López asegura que para él lo importante es empezar las cosas, porque luego nunca sabes cuándo se terminan. / Fotos: Carlos Hernández Antonio López asegura que para él lo importante es empezar las cosas, porque luego nunca sabes cuándo se terminan. / Fotos: Carlos Hernández Asomarse a su currículum marea: Príncipe de Asturias de las Artes, Medalla Internacional de las Artes, Príncipe Viana de la Cultura, Premios Velázquez de las Artes Plásticas... A todos sus títulos, ahora quiere sumar el de retratista de Sevilla. —Su relación con Sevilla se está reforzando gracias al retrato de la ciudad que está haciendo. —Yo soy un enamorado de Andalucía. Sevilla, antes de conocerla, ya me parecía una ciudad prodigiosa por la gente que había nacido aquí. Sevilla es un misterio a desvelar. Es una ciudad con una apariencia amable, tiene algo muy elegante, muy alegre, pero por otro lado le veo algo oscuro y dramático. —¿Y qué es ese algo? —Pues algo que veo también en algunos de estos personajes que me gustan tanto que han nacido aquí, por ejemplo en la etapa primera de Velázquez, esos cuadros un poco dramáticos que reflejan la vida de la ciudad, algo que no coincide con la Sevilla que nos han mostrado desde hace siglo y medio. Todo junto da la sensación de una ciudad de una enorme complejidad y de una enorme belleza. Cuando ves muchas ciudades y vuelves a Sevilla notas el acierto, la feliz coincidencia de tantas cosas que han ocurrido aquí, se ha creado una ciudad muy hermosa. —Como siga por esa línea, le van a fichar para dar una exaltación de la ciudad. —Pero es que es así. —Pues si algo tenemos en Sevilla es que somos muy ombliguistas, así que… —Pero eso no está mal, es bueno que una ciudad como Sevilla sea ombliguista porque si no se tiene conciencia de lo que se es puedes desviarte en el camino de cómo debes de hacer la vida, cómo debes continuar. Tal como es está muy bien, quizás lo único malo de Sevilla sea el turismo, que es el mal de las ciudades hermosas. —Tiene ahora mismo dos proyectos en Sevilla, un cuadro del rey Juan Carlos para la Maestranza y un retrato de la propia ciudad. —Sí, el del rey lo tengo comenzado, y también tengo empezado el otro. El rey lo empecé hace tiempo pero no lo he seguido, el retrato de Sevilla lo comencé este verano, vendré intermitentemente siempre que pueda, ya con el buen tiempo, para continuarlo. —¿Se pone plazos? —Bueno, las cosas yo creo que hay que comenzarlas, yo me quedo ya muy tranquilo una vez que las he comenzado, porque hasta que las comienzas hay un protocolo que a veces es muy complicado, encontrar un sitio por ejemplo. Y en el caso del retrato he encontrado un sitio magnífico, en el pabellón de la Navegación. –¿Qué le da ese emplazamiento? –Pues mire, el protagonista es un poco el Guadalquivir, es lo que está en primer término y lo que va a partir el cuadro en dos. Yo miro hacia el sur desde allí, y se ve Sevilla, a la derecha el barrio de Triana y a la izquierda todos los barrios. Son dos cuadros si Dios quiere, uno abarcando muchísimo en una escala pequeña, es grande, va a llegar a los dos metros y medio, y el otro abarcando menos, centrándome en la parte central del tema, los dos a la misma hora y en la misma fecha. Es una Sevilla vista un día de agosto por la tarde. —Que precisamente es cuando la gente intenta huir de la ciudad por el calor. —Bueno, pero la ciudad está esplendorosa. Este cuadro de ahora lo he comenzado más grande, pero el año pasado ya lo empecé en un tamaño menor. Entonces decidí que el tamaño tenía que crecer, así que ya me vine con un tamaño que alcanza de altura casi los dos metros y medio, 1,95 x 2,44. El cuadro ya está comenzado y es deslumbrante, estuve trabajando y no sentía el calor, verdaderamente. —¿Qué es lo que le ha llamado la atención de Sevilla para retratarla, qué quiere sacar de ella? —Tiene mucho esplendor la luz, que desvela muy bien la forma de Sevilla. El río, que es tan importante para la ciudad, tiene una presencia de agua verdaderamente extraordinaria, y compensa la sequedad y la dureza de la luz. Es una combinación de cosas que me parecen muy afortunadas. —¿Cómo es la luz de Sevilla? —Pues comparada con la de Madrid o la de La Mancha es más suave y más nacarada, más movediza, más húmeda, menos seca. —¿Más complicada entonces para un pintor? —Yo pienso que si las cosas te gustan tienen la complicación de tenerlas que hacer, nada más. Lo importante es empezar, y ya estoy en el segundo paso, porque el primero fue encontrar el sitio. —¿Le costó mucho trabajo decidir el emplazamiento? —Estuve meses, años, buscando, viniendo a Sevilla para ver desde dónde podía pintarla. Unos sitios eran excesivamente cercanos, no se abarcaba bien la ciudad, otros eran muy lejanos y la ciudad desaparecía en el paisaje, se perdía en el fondo, no se divisaban bien los elementos que para mí deben ser evidentes al retratar la ciudad. El lugar es justo éste, el río centra el cuadro. —¿A la hora de pintar a Sevilla existe el riesgo de caer en el tópico de la Giralda y la Torre del Oro? —Pero es que yo no soy de Sevilla, soy de La Mancha y vengo de Madrid, una ciudad muy dura. Y veo dureza en Sevilla a pesar de su belleza, de su hermosura. Puedo no alcanzar todo el esplendor que para mí tiene lo que veo, pero no puedo caer en eso porque no soy de aquí. —Cuando dice dureza, ¿a qué se refiere exactamente? —El mundo real siempre es duro. No es una dureza mala ni perversa, es una realidad, una presencia que es muy fuerte, la tiene Velázquez en todo lo que hace aquí. Pero hay otra Sevilla, me voy a situar en lo que para mí es Sevilla desde allí y a esa hora, voy a ser fiel a lo que estoy viendo porque no vengo con una idea previa. —Al margen de sus grandes series de Madrid, su obra no se ha centrado en el retrato de ciudades, ¿por qué? —Es que tal y como yo pinto y todo el tiempo que me lleva necesito vivir en la ciudad, necesito un tiempo muy constante y largo largo. Y si el modelo está muy lejano, me lo complica mucho. —¿Es más difícil entonces pintar a una ciudad que a una persona? —No, es más fácil la ciudad. —¿Y Sevilla es más fácil de retratar que Madrid? —Pienso que sí, porque hay fija una leyenda, una literatura sobre ella, y eso es un buen comienzo. En Madrid tienes que inventarlo un poco todo, tienes que hacer tu Madrid, porque hay muchos Madrid. Es una ciudad muy reciente y muy varia. —Usted no es muy amigo de los plazos pero ¿cuánto confía en tardar? —Tengo la sensación de que voy a ir más rápido que con otros cuadros, porque lo tengo muy claro, y creo que voy a saber sintetizar muy bien los elementos principales para que aparezca Sevilla lo más rápidamente posible, es un cuadro que tiene una solución brillante con el río, la ciudad y esa luz que expresa tantas cosas. Además, no es por pensar mal, pero no es lo mismo tener 78 años que tener 30. Pero no pienso en terminarlo o no terminarlo, pienso en volver para continuarlo. —La pregunta no era sobre la muerte… —Sí, ya lo sé, pero es que nunca pienso en si lo voy a terminar o no, ni cuándo lo voy a hacer, porque la verdad es que nunca sabes eso. Al final es si Dios quiere, yo empiezo con muchísima ilusión las cosas, después nunca se sabe muy bien, el destino no se conoce.~

  • 1