sábado, 23 marzo 2019
11:13
, última actualización
Cultura

Fantasmas de ayer y hoy en San Fernando

En la anochecida el cementerio proyecta imágenes inéditas que provocan escalofríos. Este fin de semana, en su interior, se representa el tercer acto de 'Don Juan Tenorio' a cargo de Engranajes Culturales.

el 31 oct 2013 / 23:30 h.

TAGS:

La empresa Engranajes Culturales ofrece inquietantes visitas al Cementerio de SanFernando. / Manu R.R. (Atese) La empresa Engranajes Culturales ofrece inquietantes visitas al Cementerio de SanFernando. / Manu R.R. (Atese)

A la luz de unos candiles es cuando el Cementerio de SanFernando trasciende su cotidiana realidad para erigirse en un espacio entregado al misterio. Lo descubrieron ayer quienes acudieron al camposanto para asistir a una reinterpretación del Tenorio entre nichos reales a cargo de la muy activa compañía Engranajes Culturales. Es en la anochecida cuando las cruces adquieren su imagen totémica, los cipreses se transforman en macabros abanicos y las lápidas y lo que en ellas se esconde deja a un lado su apacible aspecto.

Entrar aquí, a estas horas, no es posible. Nunca lo es. Y la vigilancia no es la mayor del mundo. ¿Truco o teatro? Daniel y Elena optaron por lo primero, fuera lo que fuese. Ellos iban a ver a Don Juanrecitar, pero lo sobrecogedor de un entorno azuzado por el frío de la segunda noche real del otoño les pudo más que los diez euros de la entrada:“Preferimos pasear por nuestra cuenta y ver si vemos algo...”. Si vemos algo... Y así, como espoleados por la infinita verborrea de Íker Jiménez, los dos jóvenes, mochila de instituto mediante, se perdieron en la oscuridad.

donjuan02La noche en el camposanto es más noche que en ningún otro lugar. El negro es más negro, el miedo, por muy ‘cosa mental’ que sea, se siente, se respira cuando para no perder la orientación hay que recurrir a los lejanos puntos de luz que prestan algunas velas encendidas en los panteones. Aquí, en la víspera del Día de los Difuntos, hasta los actores andaban inquietos. Doña Inés se preocupaba, a la espera del próximo grupo de espectadores, de la linterna que había despistado el Comendador. Y los visitantes, luego, se arremolinan, se invaden el espacio personal los unos a los otros, como si temieran perderse, como si mucho se cuidaran de no quedarse rezagados y, de pronto, ¡zás!, solos...

Anoche hubo dos sobresaltos, acaso el segundo aún mejor que el primero. Que Don Juan aparezca de repente en el alféizar de una ventana de la capilla de San Fernando provoca su latiguillo. Pero que una anciana enjuta, enlutada, de piel nacarada, solitaria, brotase de repente junto al panteón de la Niña de los Peines genera, directamente, el escalofrío. “Una aparición”, musitó quienes la intuyeron entre las sombras. Pero Carmen Presa, con residencia física, que no espiritual, en Montequinto, es, sencillamente, una muy humana habitante del camposanto. Una fervorosa admiradora de cantaores y bailarines a quienes, cada 31 de octubre, dedica una oración y un ramito de flores. Anoche, sorprendida por algunos espectadores de la obra de teatro, se arrancó con poemas sin fin, de verso fácil y adjetivos emocionados. Luego se perdió en el interior de la necrópolis, más tranquila y feliz que los grillos. Que la fichen, pero ya.

“¿Qué hay una señora mayor andando sola, sin luz y va hacia dentro?”, se preguntaba incrédula la portera. Hasta ella, que en muchos años de servicio aseguraba no haber visto “nada raro”, lo de ayer le pareció, cuanto menos, extravagante. A su lado, un trabajador que insistió en seguir en el “más estricto” anonimato, confesó al plumilla poseer una instantánea tomada aquí en el que aparecen unos fantasmagóricos visitantes “sin piernas y rodeados como de humo”. Una pena que no la tuviera a mano. En tal caso, esa joya fotográfica, retrato de la cuarta dimensión, ilustraría este reportaje. Hasta que se decida a sacarla a la luz visitar San Fernando este fin de semana y el día 9 de noviembre –a las 18.00 y a las 19.30 horas– es la mejor forma de estremecerse a placer (con Engranajes Culturales) un buen rato. A la luz de unos candiles es cuando el Cementerio de San Fernando trasciende su cotidiana realidad para erigirse en un espacio entregado al misterio. Lo descubrieron ayer quienes acudieron al camposanto para asistir a una reinterpretación del Tenorio entre nichos reales a cargo de la muy activa compañía Engranajes Culturales. Es en la anochecida cuando las cruces adquieren su imagen totémica, los cipreses se transforman en macabros abanicos y las lápidas y lo que en ellas se esconde deja a un lado su apacible aspecto.

Entrar aquí, a estas horas, no es posible. Nunca lo es. Y la vigilancia no es la mayor del mundo. ¿Truco o teatro? Daniel y Elena optaron por lo primero, fuera lo que fuese. Ellos iban a ver a Don Juanrecitar, pero lo sobrecogedor de un entorno azuzado por el frío de la segunda noche real del otoño les pudo más que los diez euros de la entrada:“Preferimos pasear por nuestra cuenta y ver si vemos algo...”. Si vemos algo... Y así, como espoleados por la infinita verborrea de Íker Jiménez, los dos jóvenes, mochila de instituto mediante, se perdieron en la oscuridad.

La noche en el camposanto es más noche que en ningún otro lugar. El negro es más negro, el miedo, por muy ‘cosa mental’ que sea, se siente, se respira cuando para no perder la orientación hay que recurrir a los lejanos puntos de luz que prestan algunas velas encendidas en los panteones. Aquí, en la víspera del Día de los Difuntos, hasta los actores andaban inquietos. Doña Inés se preocupaba, a la espera del próximo grupo de espectadores, de la linterna que había despistado el Comendador. Y los visitantes, luego, se arremolinan, se invaden el espacio personal los unos a los otros, como si temieran perderse, como si mucho se cuidaran de no quedarse rezagados y, de pronto, ¡zás!, solos...

Anoche hubo dos sobresaltos, acaso el segundo aún mejor que el primero. Que Don Juan aparezca de repente en el alféizar de una ventana de la capilla de SanFernando provoca su latiguillo. Pero que una anciana enjuta, enlutada, de piel nacarada, solitaria, brotase de repente junto al panteón de la Niña de los Peines genera, directamente, el escalofrío. “Una aparición”, musitó quienes la intuyeron entre las sombras. Pero Carmen Presa, con residencia física, que no espiritual, en Montequinto, es, sencillamente, una muy humana habitante del camposanto. Una fervorosa admiradora de cantaores y bailarines a quienes, cada 31 de octubre, dedica una oración y un ramito de flores. Anoche, sorprendida por algunos espectadores de la obra de teatro, se arrancó con poemas sin fin, de verso fácil y adjetivos emocionados. Luego se perdió en el interior de la necrópolis, más tranquila y feliz que los grillos. Que la fichen, pero ya.

“¿Qué hay una señora mayor andando sola, sin luz y va hacia dentro?”, se preguntaba incrédula la portera. Hasta ella, que en muchos años de servicio aseguraba no haber visto “nada raro”, lo de ayer le pareció, cuanto menos, extravagante. A su lado, un trabajador que insistió en seguir en el “más estricto” anonimato, confesó al plumilla poseer una instantánea tomada aquí en el que aparecen unos fantasmagóricos visitantes “sin piernas y rodeados como de humo”. Una pena que no la tuviera a mano. En tal caso, esa joya fotográfica, retrato de la cuarta dimensión, ilustraría este reportaje. Hasta que se decida a sacarla a la luz visitar SanFernando este fin de semana y el día 9 de noviembre –a las 18.00 y a las 19.30 horas– es la mejor forma de estremecerse a placer (con Engranajes Culturales) un buen rato.

  • 1