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En la Fundación Montenmedio puede visitar la obra ‘Second wind’ de James Turrell o ver la obra de la sevillana Pilar Albarracín.

el 07 jul 2014 / 12:00 h.

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Visitantes en el interior de la instalación de James Turrell. / Fundación NMAC. Visitantes en el interior de la instalación de James Turrell. / Fundación NMAC. De Sevilla a Chipiona hay 110 kilómetros, de la ciudad a la Fundación Montenmedio 157. Apenas 40 kilómetros más para tener la oportunidad de vivir una experiencia única, cercana a lo místico, pero sin necesidad de ser abducidos por ningún platillo volante. Estamos convencidos de que el primer recorrido lo habrá hecho en múltiples ocasiones. ¿Qué tal si prueba el segundo? Ubicado en el término de Vejer de la Frontera, en un privilegiado enclave natural que hace las veces de punto de conexión de senderos y lugar para la observación de animales, esta fundación privada lleva años promoviendo el arte contemporáneo y, sin embargo, no deja de tener la imagen de lugar para unos pocos elegidos. Una imagen exquisita no buscada por sus albaceas –que se empeñan en fracturarla mediante cursos y encuentros para jóvenes artistas– y que, ahora en verano, ofrece una de sus mejores caras. También la posibilidad de disfrutar, de sentir habría que matizar, Second wind, una escultura-espectáculo del norteamericano James Turrell (California, 1943). Ubicada en el corazón de una dehesa, a la instalación –estrenada en el año 2009– se llega tras un breve sendero de apenas cinco minutos. Marcel Duchamp se refería a buena parte de su obra en el sentido de objets trouvés (objetos encontrados). Pues bien, eso es lo que justamente parece Second wind, una edificación imposible en ese contexto natural, una suerte de búnker de aire panreligioso enclavado en la arena; con ribetes inquietantes. Más aún porque cuando la obra de Turrell adquiere su plena razón de ser es en la anochecida; justo en los instantes previos al apagón natural diario. Precisamente, lo que el escultor radicado en Colorado, en pleno Gran Cañón, ofrecerá será una «una experiencia sinestésica en la que el visitante puede percibir todo el espectro de colores del que está formado el cielo y tener la sensación de que está al alcance de la mano», según comenta el historiador de arte sevillano Marcel Cabrera. El espectador penetra a través de un túnel dentro de la escultura, hasta su mismísimo corazón. Estaremos entonces dentro de una pirámide en la que están presentes los tres elementos fundamentales: tierra, agua y aire. En el interior de la pirámide admiraremos una estupa de piedra (singular y y desacralizada recreación de un típico edificio religioso budista)rodeada de una piscina de agua. En la estupa, las voces de los visitantes se confunden. Mientras habla sobre las capacidades que tiene la obra de turbar la realidad, los ojos de Mónica Jiménez, miembro del equipo de la Fundación, brillan en la oscuridad, sabedora de la sorpresa que cobija este espacio silencioso y diáfano. Un mecanismo electrónico activa Second wind, y «de repente, nos vemos frente al cosmos, pero no tiene nada que ver con un planetario al uso, esto no lo es, nos hallamos ante una experiencia artística que se crea ante nosotros, en ese mismo instante, y que nunca es igual», apuntará Cabrera. Creador fuertemente marcado por la impronta de los artistas plásticos minimalistas, lo que vemos requiere poner de nuestra parte, dejarnos asombrar por la luz, realizar un borrado de nuestra mente sobrecargada de información. «Dejarse llevar», en definitiva, apunta cualquier escrito autorizado sobre la obra. Toda experiencia tiene un precio. El de Second wind es de 15 euros los sábados, 30 el resto de los días. Puede parecer elevado, pero en ningún otro lugar del mundo vivirá algo parecido. Además, la fastuosa obra de este poeta de la luz no está sola. Diseminadas a lo largo de un pinar de formas sinuosas puede encontrar esculturas contemporáneas que mantienen una estrecha relación con el entorno. Tomar el mapa e ir en su busca es una opción. Perderse en la dehesa y encontrarlas accidentalmente es otra. Mejor aún que la anterior. Comprobará cómo se mantiene la instalación La noche 1002, de la sevillana Pilar Albarracín; o entenderá por qué Marina Abramovic es bastante más que un icono del pop intelectual gracias a obras como Nidos humanos y El héroe. El cotizado islandés Olafur Eliasson tiene aquí una mundana Pared de ladrillos, y los gaditanos e hispalenses de adopción MP &MP Rosado dan a conocer su Sentencia ridícula. Luego, Los Caños de Meca están al lado.El plan está más que hecho.

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