Ginebra made in Carmona

‘Puerto de Indias’ surgió fruto de la casualidad. Una fresa de Lepe excesivamente macerada convirtió el experimento en la bebida de moda, produciendo más de 80.000 botellas al mes

el 14 sep 2014 / 12:40 h.

A pesar de que existe una variedad de ginebra blanca, el éxito de ‘Puerto de Indias-Strawberry’ ha dado paso a un enorme aumento en su producción. Foto: E. García A pesar de que existe una variedad de ginebra blanca, el éxito de ‘Puerto de Indias-Strawberry’ ha dado paso a un enorme aumento en su producción. Foto: E. García Al llegar los meses del frío y la lluvia, que en la cima más alta de Los Alcores pega de lo lindo, es tradición en muchos negocios y establecimientos con solera de Carmona dar la bienvenida a los clientes, en una especie de mesa auxiliar, con un surtido de dulces y mantecados del tiempo y una botella de anís semidulce de Los Hermanos. Los Orejones, como es comúnmente conocido el citado anís, es una bebida centenaria que fue producto estrella durante décadas, a modo de orgullo patrio carmonense. En plena crisis del ladrillo, los hermanos Rodríguez –Los Paquilo, como son conocidos en la localidad–, adquirieron la destilería (entonces en horas bajas) más antigua de la provincia, Los Alcores de Carmona, de 1880 y situada en la Finca de Brenes. Se lanzaron a reflotar la venta de anisados, así como a la creación de diversos licores como el primer pacharán andaluz bajo la marca Triunfo. En su incesante búsqueda por seguir innovando, José Antonio Rodríguez y su hermano Francisco, antiguos alumnos salesianos y más carmonenses que el lucero de ocho puntas, pensaron que el limoncello, el licor de canela, el de turrón, el de hierbabuena o el mencionado pacharán no eran suficientes para resucitar a esta fábrica decimonónica de anís y ampliar sus productos. El nacimiento de Puerto de Indias es quizás lo más interesante del santo grial de Los Alcores de Carmona. Una de muchas tardes, Francisco, que en la empresa es gerente y que actualmente trabaja de 4 de la mañana a 11 de la noche, se sentó en su particular laboratorio de ideas. En un recipiente con alcohol, vertió varias fresas de Lepe, con la clara intención de conseguir que el fruto se macerara flotando sobre la graduación del líquido dando lugar a un licor afrutado «que pudiera beberse y, a la vez, aprovechar el fruto para otros menesteres culinarios en postres o cócteles». Aquella intentona no dejó satisfecho a nadie, pero posteriormente lo volvieron a intentar, con la mala suerte de que el calor maduró en exceso a la fresa obteniendo un elixir con demasiado sabor. Dentro de las naves de la finca, donde los manantiales aportan un microclima y un sonido único al lugar, en su particular apuesta familiar de I+D+i en bebidas espirituosas, los hermanos Rodríguez habían destilado en los añejos alambiques una partida de ginebra rasa, sin más apellidos. Las fresas pasaron a mejor vida, pero el alcohol impregnado del oro rojo onubense, se mezcló con esa ginebra , y así, «probar». Era mayo de 2013 y en verano, comenzó a calar entre la población. «Al principio íbamos llamando puerta a puerta en las distribuidoras vendiendo nuestro producto premium, aunando en una misma botella de cristal la artesanía de la destilación en alambiques calentados con leña de encina, la tradición centenaria en la fabricación del anís, y el misterio de una receta y un proceso que jamás serán desvelados a nadie, solo a mis hijos y si continúan el negocio, porque si no, me los llevaré a la tumba», comentó Francisco. Basilio, hijo de José Antonio, confirma que «el teléfono no para de sonar para que les repartamos botellas». Lo que comenzó siendo una publicidad de boca en boca, ha dado paso a un proceso de producción, distribución y venta en grandes superficies como Carrefour o El Corte Inglés, o en Londres, intentando hacerse un hueco en la tierra de la ginebra. Portugal también reclama Puerto de Indias, donde se prevén más de 25000 botellas mensuales. Pero ahí no queda la cosa. Lo que comenzó siendo a principios de año un ritmo de embotellado de unas 5.000 botellas mensuales, actualmente se amplía hasta las 80.000 «y creciendo», confirma Francisco Rodríguez, gerente.  Gracias a este salto, con calidad y artesanía, dan actualmente trabajo a más de veinte carmonenses que embotellan, etiquetan, empaquetan o distribuyen. «Pudimos automatizar el 90 por ciento del proceso, incluso suprimiendo los centenarios alambiques por maquinaria que te dejaban el producto listo para su reparto», afirma Francisco, «pero preferimos seguir apostando por el empleo y lo artesano». Además, añadió que «todo lo que hacemos ahora es invertir para seguir recogiendo frutos». A pesar de todo lo sufrido hasta el éxito, podrán seguir diciendo que su ginebra es cien por cien Made in Carmona.

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