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Deportes

Glorioso Navas

el 18 jun 2012 / 22:55 h.

Paulao, con Miguel Guillén el día de su presentación.

España ganó ayer a Croacia un partido antipático, feo, y que se deslizó, sobre todo a mediados del segundo tiempo, abiertamente hacia lo peligroso. Fue un partido afilado y venenoso. Pero en el momento crítico apareció Iker Casillas, como siempre, con una parada formidable a remate a bocajarro de cabeza del sevillista Rakitic, una de esas paradas que devuelven la confianza y la seguridad a cualquier equipo, porque en ese momento toma conciencia de que su portería es inexpugnable. Pocas cosas hay más injustas que el ninguneo al que de vez en cuando somete Jose Mourinho a Casillas, obligado a utilizar escaparates como la Eurocopa para reivindicarse, una vez más, como el mejor portero del mundo.

La Roja jugó un partido malo, salvo en contadas ocasiones, pero honrado. Hubo momentos en los que los españoles temieron seriamente por el resultado, por el pase a cuartos de final, pero jamás hubo atisbos de enjuague, de los que tanto se había hablado en estos días en Italia. España perdía o ganaba, pero sometida al mando de la ley, a lo que dispusiera el transcurso del partido.

Es una de las lecciones que La Roja dejará como herencia.La Selección disputó un primer tiempo mediocre, con pases excesivos, que pronto se convirtieron en un viaje a ninguna parte, y disparos a puerta benignos. La emoción del inicio del encuentro se convirtió poco a poco en aburrimiento.

Pero conforme transcurría el partido, ese aburrimiento se transformó en temor, una sensación mucho más indeseable. La historia de la Selección Española estuvo llena hasta el 2008 de quebrantos en partidos las características del disputado ayer frente a Croacia. Pero eran otros tiempos. Ahora, los bajitos están convencidos del triunfo final en cualquier circunstancia. Y la escuadra goza de la suerte de los campeones.

Eso explica el gol del sevillista Jesús Navas casi al final, a pase de Iniesta de mi vida. Que convierte a España en primera de grupo. Como siempre en los últimos años. Marcó Navas y el fútbol recuperó su armonía, su sentido. Y los italianos han aprendido que el pasteleo, tan frecuente en su fútbol, en la Roja no es cosa nostra.

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