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¿Hay Despeñaperros para frenar a Podemos?

En seis meses, Susana Díaz (PSOE), Juan Manuel Moreno (PP) y Antonio Maíllo (IU) han cambiado su estrategia frente al partido de Pablo Iglesias. Ya no le ignoran. Quieren conocer quién les disputa las autonómicas y cómo pueden pararlo

el 23 nov 2014 / 10:45 h.

bin_33322698_con_16469322En noviembre de 2013, justo hace un año, el PSOE celebró una Conferencia Política para redefinir sus señas de identidad. Los socialistas se encomendaron a Susana Díaz, presidenta andaluza desde hacía dos meses, porque su discurso directo, autocrítico, desacomplejado y enérgico personificaba el resurgir de la marca PSOE. La sevillana reclamó al partido que «vuelva a ocupar el espacio que la sociedad demanda, para que los ciudadanos no tengan que refugiarse en mareas y plataformas». Ya era tarde. Díaz fue elegida secretaria general del PSOE andaluz dos semanas después, anunciando «un tiempo nuevo» en la política. Y un mes después, en enero de 2014, de aquellas mareas ciudadanas, de las protestas del 15M, del activismo universitario y del descontento con la clase política nació Podemos. En las próximas elecciones andaluzas, previstas para la primavera de 2016, se estrenarán tres líderes: Díaz, por el PSOE-A, Juan Manuel Moreno, por el PP-A, y Antonio Maíllo, por IU. También entrará en escena Podemos, que aún no tiene secretario general autonómico ni estructura orgánica andaluza ni arraigo territorial, y pese a todo, parece estar marcando la agenda y el biorritmo del resto de grupos, ávidos de demostrar cuanto antes que serán más contundentes contra la corrupción que emerge en sus filas, más transparentes en su gestión, más dialogantes con la gente, más austeros en sus gastos, en definitiva, «más ciudadanos que políticos», en palabras de Moreno. «Podemos es el enemigo más difícil porque aún no tiene rostro andaluz ni pasado que recriminarle, no tiene cuerpo donde golpear y aún no sabemos si nos va a atacar por la derecha o por la izquierda», dice un dirigente socialista. ¿Y por qué les preocupa ahora si hace 10 meses, cuando se inscribió en el registro, ni siquiera pronunciaban su nombre? «Porque sin hacer nada han entrado con cinco diputados en el Parlamento europeo y son la primera fuerza en intención de voto según la última encuesta del CIS. Ya están aquí», responde. Hace siete días que la formación de Pablo Iglesias se constituyó en partido como tal, con una estructura orgánica jerárquica, similar al resto de fuerzas. Entre los 62 nombres que forman el Consejo Ciudadano destacan 10 andaluces, uno de ellos, Sergio Pascual, está en el Consejo de Coordinación, integrado por los diez dirigentes que rodean a Iglesias. Pascual, ingeniero, antropólogo, funcionario de la Junta y exdelegado sindical del SAT, ha sido miembro de la comisión de Extensión de Podemos, y ahora se encargará del área de Organización. El desembarco del partido en Andalucía recae en sus manos. Pascual dice conocer tan bien la política andaluza, que avisa: «Aún no hemos llegado y ya estamos cambiando las cosas». El 7 de enero arrancará el proceso de elección de cargos internos de Podemos en Andalucía, que culminará el 14 de febrero con la designación del secretario o secretaria general autonómico. Entonces el adversario de Susana Díaz tendrá rostro. El líder de Podemos, Pablo Iglesias. / EFE El líder de Podemos, Pablo Iglesias. / EFE Los sondeos. En septiembre se hizo público el último Estudio General de Opinión Pública (Egopa), un sondeo sobre intención de voto realizado por la Universidad de Granada y subvencionado por la Junta. Esta encuesta, de gran influencia en la política andaluza, pronosticó que si las autonómicas se celebrasen hoy, habría un empate técnico entre PSOE y PP. El renacer socialista se había estancado y el efecto Susana Díaz se dio de bruces con Podemos. El sondeo confirmaba el declive del bipartidismo que ya anticiparon las elecciones europeas de mayo, y el empate de las dos grandes fuerzas auguraba el primer Gobierno tripartito en Andalucía. Los coordinadores del sondeo explicaron que la irrupción de Podemos trastocaría el equilibrio habitual de fuerzas en el panorama andaluz. El partido de Iglesias, sin definirse aún de izquierdas, fragmentaría el voto progresista, cerrando el paso al PSOE y arrebatando un tercio de papeletas a IU. La reacción de los partidos tradicionales a esta encuesta fue muy distinta a la que vimos hace unos días, cuando el CIS confirmó que Podemos viene para quedarse. PSOE y PP reaccionaron con indiferencia. IU, en cambio, planteó la necesidad de unir a todas las fuerzas de izquierdas para romper el bipartidismo. El desgaste del discurso comunista es tal, que algunos de sus líderes menos ortodoxos no han dudado en adoptar un papel secundario para propiciar un «frente popular» de izquierdas. Cayo Lara se ha apartado para dejar paso a Alberto Garzón, principal defensor de la convergencia con Podemos. Y el líder andaluz de IU, Antonio Maíllo, elegido en primarias abiertas candidato a la presidencia de la Junta, está dispuesto a renunciar a ser el cabeza de lista «si la suma de grupos de izquierdas así lo decide». El órdago de los comunistas es alto, porque los sondeos pronostican que la alternativa de IU es la irrelevancia. El PSOE-A reaccionó de otra manera: reprochó a su socio que se dejara llevar por la «podemitis» y se reafirmó en su propia historia, asegurando que jamás pactará con Pablo Iglesias. Después del CIS, donde Podemos adelanta en intención directa de voto a los partidos que gobiernan España y Andalucía, Díaz y Moreno Bonilla han cambiado la estrategia, empezando una batalla en la que el adversario del PSOE no es Podemos, sino los errores del PSOE, y el rival del PP son los errores del PP. «Su voto sale de un cóctel explosivo, que es el paro, la desigualdad y la corrupción. Eso es lo que hay que combatir con fuerza», dijo Díaz recientemente, antes de pedir a su partido que endureciera el discurso contra la corrupción, exigiendo la dimisión de los expresidentes andaluces, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, si son imputados por el Supremo en el caso ERE. «Quiero que haya estabilidad política en Andalucía. Antes de que gobierne una fuerza política como Podemos, prefiero llegar a un acuerdo con el PSOE-A», dijo hace poco Moreno, y acto seguido anunció nuevas medidas internas contra la corrupción. Al escuchar estas críticas, Sergio Pascual replica: «Ya nos reconocen y nos temen. Saben que han perdido la legitimidad ante el pueblo andaluz. Lo que no saben es cómo competir contra nosotros, así que siguen compitiendo entre ellos por enmendar sus casos de corrupción». Desafección. Los partidos tradicionales saben que tienen que evitar que Podemos cruce Despeñaperros y arraigue en Andalucía, pero no saben cómo frenarlo, porque ¿qué es Podemos? PSOE y PP le demandan como locos un programa político, no sólo para que guíe a los ciudadanos sobre lo que harían si llegaran a gobernar, sino para que les oriente a ellos en su estrategia de contraste. Socialistas y populares critican ahora las evasivas de su líder a responder directamente a conflictos que ellos tienen que encarar (la consulta catalana, la corrupción, las municipales). Ambos sostienen que las líneas ideológicas de Iglesias son radicales o populistas, y que el único programa electoral que conocen, el de las europeas, es irrealizable. A tenor de las encuestas, este mensaje de miedo no cala en la ciudadanía, y Podemos sigue despertando ilusión, curiosidad, ganas de revancha e interés por la política. Aquí cristaliza la indignación del 15M y se canaliza el descontento de una ciudadanía que llevaba meses oyendo a los políticos decir que la abstención en las elecciones crecía porque se había instalado en la sociedad la «desafección por la política». Pero en medio de esa desafección ha nacido un partido que, en diez meses, tiene 225.000 inscritos en España, 35.000 en Andalucía. «Podemos no necesita apresurarse a ser nada concreto, como le piden PSOE y PP. Por ahora le basta con ser el reflejo anverso de esos dos partidos. Le basta con estar ahí», dice un dirigente de IU.

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