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"He fracasado como mujer, mi marido me ponía los cuernos"

el 27 may 2012 / 19:30 h.

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Concha Velasco posa en el Teatro Lope de Vega, al que regresa esta semana, durante su última visita a Sevilla, en una imagen de archivo.

-Usted empezó en el mundo del artisteo bailando, pero luego triunfó como actriz. ¿Por qué este título para la obra entonces?
-Es una frase que le dije al gran José Tamayo cuando hacía con él Abelardo y Eloísa, por el que me dieron el Premio Nacional de Teatro en 1972. Un día estaba llorando en el camerino porque tenía un disgusto amoroso, entonces entró Tamayo y me preguntó qué me pasaba. Le dije que estaba harta por un novio. "Yo lo que quiero es bailar", exclamé. Se me pasó el sofocón y desde entonces se me ha quedado esa muletilla para los disgustos sentimentales.

-¿Y baila en la obra?

-Ese es el secreto. ¿Baila o no baila Conchita? Tengo 72 años. Yo lo que quiero es bailar, pero... Tendrás que ir a verla.

-Sus orígenes desde luego están en la danza. Incluso formó parte de la compañía de Manolo Caracol.

-Mis inicios vienen de antes. Cuando le dije a mi madre eso de quiero ser artista, que no sé si lo dije, me llevó a una escuela de danza clásica maravillosa. Iba al colegio por las mañanas y por la tarde a danza. Conseguí matrícula de honor y una beca para Londres. Con 16 años hice de primera bailarina en el Lope de Vega de Sevilla con Fausto. Fue la primera vez que Alfredo Kraus hizo esa opera. Siempre me recordó por mis piernas. Para mí esto de ser actriz era algo esporádico, yo iba para bailarina, pero no me arrepiento.

-Lo que es seguro es que canta sobre el escenario.

-Cantar es lo que más hago. Y me meto conmigo. Existe el cliché en este tipo de musicales, que son muy americanos y que narran la vida de grandes actrices como Shirley Maclaine o Liza Minelli, de meterse con la gente. Yo puse a José María Pou esa condición. No me meto con nadie. Eso es de viejos resentidos. Tengo recursos de sobra para no tener que insultar.

-También cuenta al público parte de su vida personal.

-Me río de mí misma, de lo mal que se me da el amor. Siempre he sido autosuficiente para todo. Desde los 14 años he estado manteniendo a los míos. Hay momentos bonitos en que recito poemas, cuento cosas de mi carrera y canto como una loca. Me he pasado la vida cantando. Me acompaña una orquesta magnífica.


-Preparando esta entrevista me ha sorprendido encontrarme con algunas afirmaciones suyas en la que se declara una mujer desgraciada que siente soledad

-Yo no suelo decir mas mentiras que las necesarias. Tampoco se puede decir toda la verdad. Alfredo Landa presume de que dice a la gente las verdades a la cara, y yo siempre le contesto que si le dijéramos lo que pensamos de él, se caería de culo. Hay una parte de verdad que no se debe decir a nadie. Pero esto es verdad. Yo sí soy una mujer desgraciada. Como mujer he fracasado. Me veo en las fotos de hace años tan guapa y mona, y sin embargo mi marido me estaba poniendo los cuernos. He fracasado como mujer. Eso es verdad. Ahora, con 72 años, me miro al espejo y me veo muy bien, pero no pienso dejar que ningún hombre me haga desgraciada de nuevo. Estoy muy bien con mi familia y amigos. No quiero que nadie me vuelva a hacer de menos, ni mayor, ni joven, ni mediano.

-Algo de responsabilidad tendría su marido...

-Más vale echarse la culpa a uno mismo. Culpar a los demás consuela, pero la responsabilidad la tenemos nosotros, no los otros.

-¿Entonces se cierra a que le salga un pretendiente en Sevilla?

-Lo descarto, lo prohibo y me ofende. A no ser que sea de mi edad, multimillonario, divertido, culto e impotente. Búscame uno así, como Sean Connery o Richard Gere. De esa edad. Y que no pretendan tener relaciones amorosas porque en eso, por culpa de otros, me han dejado muy trastornada. Si encuentro a alguien para viajar, comer, beber y contar chistes, estoy dispuesta. Lo demás, no.

-¿De verdad no ha amado a ningún hombre como al teatro?
-Como dice Séneca, para ser amado, ama. Quizá yo no he amado a ningún hombre tanto como al teatro. Por eso me han dado lo que me merezco.

-En la obra también se repasa su carrera profesional. Dígame un éxito y un fracaso que nunca olvide.

-Un éxito gordo, Carmen, Carmen, de Antonio Gala, con música de Juan Cánovas y dirección de José Carlos Plaza. Fue rotundo, con Paco Marsó de empresario. Y como fracaso, La Truhana. Fue a continuación. Se estrenó para la Expo'92. Costó el doble y no fue a verla ni Dios. Nos arruinamos.

-Usted entonces no tendrá ganas de conmemorar la Expo.

-Sí, claro. Fue una preciosidad. La Expo nos ayudó a la producción de La Truhana, pero llegamos a Madrid y la gente dijo que no. Otra que no funcionó fue Hello, Dolly. Todavía estoy pagando las deudas de los focos. Yo he pasado por todo. Lo he perdido todo y también he triunfado, y no le he costado nada al Estado. Y por eso, por los fracasos, hay que disfrutar de los éxitos.

-Entonces imagino que no le asustará la crisis.

-Me preocupa muchísimo. Sé lo que es ser empresario. Pero los empresarios del teatro se defienden bien. En el cine es más grave, porque no pueden trabajar en otra cosa. Yo si me quedo sin nada me voy a la calle, me pego un monólogo y paso la gorra.

-La televisión tampoco está en su mejor momento.

-Siento que hayan quitado las grandes series de La 1, que eran estupendas y daban mucho trabajo. Espero que se arregle. Hacen falta ajustes pero no tan radicales.

-¿A usted ya la han ajustado en Cine de Barrio?

-Mucho. Vamos a terminar ya. Yo seguiría haciéndolo gratis, porque me encanta, y mira que no anuncio ovejitas ni bolsos, pero se termina. Me quedan dos programas y cuando termine me voy sin meterme con nadie. Quizá me sustituyan, como yo a Carmen Sevilla y ella a Parada. No me vengo abajo.

-¿Piensa en la retirada?

-No. Voy a pedir la jubilación, a ver qué me queda [risas], porque ahora voy a estar parada. Eso no quiere decir que me retire. Los actores no nos retiramos. Lo que quiero es bailar, que va bien. Y sigo con Gran Hotel en Antena 3.

-¿Se imagina que dentro de muchos años otra actriz la interprete a usted en este musical?

-No. Yo quiero que me recuerden nada más que mis hijos y que me entierren con mis padres. No quiero pasar a posteridad.

-Hablando de otras cosas, ¿viendo cómo lo están subiendo, no se arrepiente de haber cantado aquello de Que viva el IVA?

-No. En aquel momento fue estupendo. Entramos en Europa y eso era bueno. Ahora es otra cosa. Si me propusieran tomar partido por algo, ya no estoy para eso. Yo ahora me reservo la opinión. Soy de las de no sabe, no contesta.

-Usted siempre ha sido una mujer comprometida políticamente. ¿Le ha dado problemas?

-No creo que haya sido vetadada nunca. Yo trabajé con Franco, fui a cantar a la Granja y tengo en mi casa las cosas que se regalaban allí. Entonces me parecía un honor. Luego crecí, como el país, y a una edad me pareció que tenía que pronunciarme. No me ha perjudicado. En lo sentimental sí. Ahora no me sacan de mi casa para nada. Que lo hagan otros.

-¿Algún mensaje para su público de Sevilla?

-Que yo lo que quiero es llenar. Que vayan a verme. Yo tengo ganas de ir a pasear al Barrio de Santa Cruz y tomarme un finito en coche de caballos, aunque sea sola. He aprendido a disfrutar de Sevilla incluso sola.

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