sábado, 19 enero 2019
15:07
, última actualización
Local

Héroes silenciosos que alivian el final de muchas vidas

La unidad de cuidados paliativos del Hospital San Lázaro es una de las grandes desconocidas de la sanidad que, sin embargo, ayuda a muchas familiar a sobrellevar las enfermedades terminales.

el 21 ago 2014 / 12:40 h.

TAGS:

Por Aída García Una carpeta azul, que guarda varias decenas de escritos de agradecimiento, da fe de la importancia que tiene la labor del personal de cuidados paliativos, héroes en muchas ocasiones olvidados, que para enfermos y familiares son imprescindibles en una lucha contra un destino que ya conocen. "Hace tres meses que falta mi padre. Hasta ahora no he podido reunir la fuerza suficiente para agradeceros la compañía en este triste camino, por transmitirnos paz y cariño, que es la mejor medicina para pacientes y familiares. Gracias por esos cuidados que le aliviaban el dolor y lo más importante, el sufrimiento". Esta es una de esas cartas que recibe la segunda planta del Hospital San Lázaro de Sevilla. EL CORREO Desde el momento en el que se atraviesa la puerta de entrada se respira un ambiente especial. Los cuidados paliativos que se proporcionan en esta planta superan las barreras físicas y cobran un particular protagonismo para los enfermos y su entorno. El equipo del doctor José Luis Royo es consciente de ello y se definen como "personas especiales", en un trabajo que empieza por controlar los síntomas y negociar con el paciente, pero el apoyo a padres, hijos o amigos también es fundamental. Unos 2.400 pacientes son atendidos al año por el personal sanitario de la Unidad de Hospitalización Domiciliaria y Cuidados Paliativos del Área Hospitalaria del Virgen Macarena, que dirige el médico internista Jose Luis Royo. Formado por siete médicos, doce enfermeras y doce auxiliares, un celador y un asistente social, fue uno de los grupos pioneros en implantar esta especialidad en Andalucía. El 90% de los pacientes que llegan a la unidad son enfermos oncológicos que normalmente tienen entre 65 y 70 años y que suelen sufrir alguno de los tipos de cáncer más mortíferos como el de pulmón o los relacionados con el aparato digestivo. Los cuidados no solo se proporcionan en los respectivos hospitales, sino que también asisten a enfermos en sus propios domicilios, en centros residenciales e incluso en zonas rurales. Desconocidos por muchos, son el tipo de atención sanitaria que se debe prestar al final de la vida con el objetivo de mejorar su calidad en pacientes y cuidadores cuando se enfrentan a una enfermedad en situación terminal. Según la Universitat Central de Catalunya y el instituto Catalán de Oncología (ICO), el 1,5 % de la población de países occidentales precisa cuidados paliativos. Además de los enfermos oncológicos, necesitan de esta especial atención personas, normalmente ancianos, que padecen enfermedades crónicas muy avanzadas como la cirrosis hepática. En los últimos años, la visión y el reconocimiento hacia esta materia, que no cuenta con una especialidad propiamente dicha, ha evolucionado mucho tanto por parte de la sociedad como de la administración. Y esto, relata el doctor, es producto de la formación y dedicación de todas las personas que trabajan en este área. Marisa Balsera, la supervisora de enfermería, piensa que es la especialidad que entabla un trato más cercano y de confianza con pacientes y entorno. Para ella, la mayor satisfacción personal es contribuir a la muerte digna de los afectados, una de las reivindicaciones más mencionadas por pacientes y familiares. Pero confiesa que su mayor dificultad llega cuando tiene que enfrentarse a enfermos jóvenes y a familias muy unidas con el paciente, "a las que hay que tratar como una unidad". Todo el personal de la unidad coincide en esta idea. Son los pacientes, hasta que su estado lo permite, los que deciden qué saber y qué no conocer de su estado, ellos eligen la información que se le suministra y en algunos casos hasta determinan su desenlace. Pero la mayoría de los pacientes no llega a aceptar o asumir su situación terminal, y aquí el papel de su entorno es fundamental. La esperanza tiene que permanecer junto a enfermos y cuidadores. "Por eso nunca damos falsas esperanzas, tampoco las quitamos", precisan. Para muchos no son solo personal hospitalario, son héroes silenciosos que siguen al pie de la letra el viejo aforismo: curar, aliviar, acompañar. Premisas que dejan huella.

  • 1