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Cultura

Homenaje al retratista de Sevilla

La Facultad de Bellas Artes entrega su medalla a Antonio López, embarcado en un paisaje de la ciudad que realiza desde el pabellón de la Navegación.

el 22 nov 2014 / 22:35 h.

Si no fue el discurso de agradecimiento al recibir un premio más corto de la historia de estos ceremoniales en Sevilla, tuvo que estar muy cerca. Tras un acto plagado de intervenciones y alabanzas a la figura del homenajeado, éste recogió el reconocimiento, se dirigió al atril, dio las gracias y dijo una sola frase: «Si Dios quiere, me traerá a esta maravillosa ciudad para la tarea de retratarla». Y se sentó en medio de una intensa ovación. Sevilla, 22/11/2014 Iglesia de la Anunciacion. La vicerrectora de Relaciones Institucionales, María Elena Cano, Antonio López y la decana de Bellas Artes, María Teresa Carrasco. / Carlos Hernández

La escena tuvo lugar en la iglesia de la Anunciación, el acto era la entrega de la medalla de la Facultad de Bellas Artes con motivo del día de su patrona, Santa Isabel de Hungría, y el protagonista era Antonio López, el pintor al que muchos reconocen como el más cotizado de España. Su sencillo discurso cuadra con la imagen de cercanía que ofreció durante el evento, al término del cual posó pacientemente con todo el que quiso hacerse fotos con él como si de un futbolista se tratase.

La mención que López hizo al paisaje de Sevilla en el que trabaja no fue casual, ya que es el vínculo que está cimentando su relación con la ciudad. El propio alcalde, Juan Ignacio Zoido, presente también en la ceremonia, resaltó en su intervención que «el que nuestra ciudad cuente con un cuadro pintado por el gran Antonio López es algo muy importante y único, por eso estamos muy orgullosos de que haya querido incluir la belleza de Sevilla en su obra». De paso, el regidor contó una anécdota ocurrida antes del inicio del acto, cuando el pintor le expresó sus dudas sobre cómo le verán porque alguien le había preguntado si todavía sigue pintando. Pese a que algunos crean que ya no trabaja, «estoy seguro de que va a terminar el cuadro de Sevilla», con lo que de paso hilvanó con el sambenito que persigue al artista de alargarse en exceso en la entrega de sus obras, con esos casi 20 años que ha invertido en el cuadro del rey Juan Carlos y su familia como referente. Antonio López acepta con paciencia la cuestión y ayer resaltaba, en relación con este paisaje sevillano, que «lo importante es que ya lo he empezado y hay que pensar que lo acabaré». El artista estuvo el pasado agosto trabajando en esta obra, para lo que ha instalado un improvisado taller en la torre del pabellón de la Navegación. Desde allí está plasmando en el lienzo una vista de la ciudad que, con el Guadalquivir como gran protagonista, abarca desde la Torre de los Perdigones hasta el horizonte en dirección a Huelva, con el Sagrado Corazón de San Juan de Aznalfarache como hito por ese lado. En los planes de Antonio López está regresar en agosto para continuar con la tarea. Y en cuanto a los tiempos que invierte en su trabajo, salió en su defensa la decana de Bellas Artes, María Teresa Carrasco, que en la laudatio al pintor previa a la entrega de la medalla subrayó que «no es que su trabajo sea lento, es que cada obra tiene su tiempo, como el membrillo es de otoño». Y la mención al membrillo tampoco es casual, porque su «mítico membrillero» se ha convertido en poco menos que su tarjeta de presentación, es el dibujo que pidió que apareciese en el cartel que anunciaba este homenaje y, encima, dio nombre a la película de Víctor Erice que en 1992 ganó el premio especial del jurado de Cannes y popularizó la meticulosidad con la que se enfrenta a un cuadro, El sol del membrillo. La decana también reconoció su sorpresa cuando el artista aceptó «nuestra modesta medalla», un reconocimiento hermoso que palidece ante los méritos que acumula el homenajeado: Príncipe de Asturias de la Artes (1985), Premio Velázquez de las Artes Plásticas (2006), Medalla de Oro de Madrid (2010), Premio Príncipe Viana de la Cultura (2012), Medalla Internacional de las Artes (2012)... María Teresa Carrasco desveló la respuesta que recibió de Antonio López: «Hay algo dentro de mí que me dice que no debo dejar de ir». ¿Y qué es lo que sintió para dar esa contestación? El propio artista admitió luego que, más que una llamada interior, lo que recibió fue la de un buen compañero, el profesor Antonio Zambrana (al que curiosamente también se homenajeó ayer por su jubilación), animándole a venir. «No podía decir que no», señaló, por amistad y porque «los centros de enseñanza para mí son mi sitio, les tengo mucho apego porque me cambiaron la vida», en alusión a la formación de la que disfrutó pese a sus humildes orígenes. Antonio López, un «realista en el sentido más profundo de la palabra» en palabras de Carrasco, ya que él es como pinta, recibió como recuerdo de la jornada la pequeña escultura El dibujante, de Carlos Montaño, en la que un saltimbanqui pretende transmitir la idea de la maestría de un oficio que se ejerce con una aparente facilidad que, en realidad, oculta años de esfuerzo. Con esta medalla, que se entrega por segunda vez, el pintor de Tomelloso toma el relevo del también pintor y escultor Guillermo Pérez Villalta, que recibió la distinción en 2013. De esta manera, establece un lazo afectivo más con una ciudad, Sevilla, a la que tiene en estima como cuna de su admirado Velázquez y de la que ahora se va a convertir en su retratista.

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