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Jóvenes al día

Huella ecológica: aún no es demasiado tarde

La huella ecológica es una gran desconocida para muchos, pero sólo hace falta seguir un poco su pista para ver que tiene más importancia de la que se le da en los medios, en la calle.

el 16 may 2014 / 08:00 h.

15741316Imagina por un segundo que eres rico, asquerosamente rico. Nadas en la abundancia, entre billetes. Posees millones y millones de euros en el banco, manejas cifras con las que el común de los mortales no puede llegar a soñar, ni siquiera a entender. Puedes comprar todo y cuanto se te antoje: una enorme mansión, de esas que salen en las películas, en plena campiña inglesa; varias casas más repartidas por distintas partes del mundo, una colección de coches de lujo, desde los más antiguos, auténticas reliquias, hasta los más modernos y potentes... ¡uno de Fórmula uno con Fernando Alonso incorporado si hace falta! Dilapidas el dinero de tu cuenta, gastas sin mirar al futuro, sin hacer ingreso alguno porque dejaste de trabajar y te dedicaste a vivir la vida. Sin embargo, llegará un día en que veas que tu fortuna se ha evaporado, que tus nobles sueños de grandeza se han esfumado. Tu cuenta acabará en números rojos y volverás a la cruda realidad. Imagina ahora que todos esos millones de euros fueran en realidad recursos naturales y que ese rico heredero fuera nuestra sociedad. Imagina que gastásemos cada año mucho más de lo que la Tierra da, de lo que el planeta ofrece. ¿Qué pasaría entonces? ¿Te seguirías preocupando? ¿Y si no se tratase de imaginaciones ni elucubraciones sino de la pura realidad? Y es que la sociedad actual, al igual que un rico heredero con mala cabeza, consume más de lo que tiene. Es una afirmación que puede hacerse gracias a los estudios realizados en el campo de la socioecología, la rama de la sostenibilidad que, aplicando los principios de la ecología, estudia cómo las sociedades y los sistemas económicos pueden adaptarse a los condicionantes de la naturaleza. Es en este punto en el que salen a relucir los conceptos de huella ecológica y de biocapacidad. El primero mide la cantidad de recursos naturales que consume una sociedad, el segundo se encarga de decirnos de cuánto disponemos realmente, cuánto produce el planeta. Y sí, se puede afirmar que los índices de la huella ecológica superan con creces a los de la biocapacidad. Los datos hablan por sí solos. Actualmente se calcula que la huella ecológica española es de 5,3 por habitante y año, mientras que la disponibilidad de recursos naturales, la biocapacidad, es de 1,8. Manuel Calvo, socioecólogo y experto en huella ecológica, afirma que «consumimos tres veces por encima de nuestras posibilidades. Para que el consumo de España fuera sostenible necesitaríamos tres Españas, dos de ellas vacías». Aunque ésta no es una situación exclusiva de nuestro país. Se calcula que la huella en el mundo está más de un 50% por encima de la biocapacidad. «Ahora necesitaríamos una tierra y media para que el consumo fuera sostenible a medio y largo plazo», confirma Calvo. Aunque no todas las zonas del planeta contribuyen de igual manera a que se den estos datos: la diferencia entre unos países y otros es notoria. Los países que tienen bajos ingresos, baja renta per capita: africanos, latinoamericanos, asiáticos... consumen menos de lo que tienen, tienen huellas ecológicas muy bajas. Sin embargo, los países con altos ingresos consumen más de lo que poseen. Según Calvo, éste es el resultado de haber construido «un sistema económico sobre la premisa de una irrealidad que es que los recursos naturales siempre van a estar ahí para que los consumas y, claro, al final se te cae todo el edificio. Estamos hablando de los cimientos: la capacidad que tiene el sistema de seguir nutriendo de recursos naturales para pervivir». Otra de las cosas que se discuten desde hace tiempo es desde cuándo se están comenzando a notar los estragos de la huella ecológica. A pesar de que lleva calculándose desde los años 90, sus efectos se dejan notar desde mucho antes. «Existen publicaciones de los 60 y 70 que ya empiezan a manifestar síntomas de que la cosa no puede seguir así», asegura el ecosociólogo. Aunque, como él mismo afirma, lo más preocupante es «el tiempo que nos queda, que es algo difícil de predecir pero que es poco. Hay que reaccionar lo antes posible». A pesar de lo apocalíptico que a priori pueda parecer el discurso, de lo catastrófica que aparente ser la situación que se está viviendo, no está todo perdido, aún se pueden encontrar soluciones, aunque todas parecen pasar por un modelo de vida sostenible. «Hay acciones que se pueden tomar en todas las escalas, sobre todo a nivel ideológico. Todo se sintetiza en el paradigma de la sostenibilidad. Se pretende adaptar el sistema de funcionamiento diario a las limitaciones que pone sobre la mesa la biosfera. A escala de políticas públicas se pueden hacer legislaciones que ayuden a que la gente consuma menos. A escala individual: conducir menos coches, comer menos carne, usar la energía de forma responsable, utilizar fuentes de energía renovables, gastar la vida útil de los aparatos electrónicos y no renovar por renovar... dejar de lado el consumismo. No se trata de un modelo de vida sacrificado sino todo lo contrario, uno vive más feliz cuando consume menos porque necesita menos cosas y está menos agobiado». Tan solo es cuestión de concienciarse un poco, de ver que todos contamos, que todos podemos aportar nuestro grano de arena, que «estamos en el mismo sistema, en el mismo barco. No es salvar el planeta, es salvarnos a nosotros mismos. Al planeta le da igual. Perdurará de una forma u otra. Otra cosa es que consigamos nosotros, como sociedad, sostenernos dentro de ese sistema físico». Todo dependerá de nosotros mismos, de lo que hagamos, de las medidas que acabemos tomando. No caben más excusas.

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