Cultura

Jornada histórica en la Real Academia de Buenas Letras

La literatura y el flamenco hacen, desde ayer y hasta mañana, buenas migas merced a unas jornadas organizadas por la Real Academia de Buenas Letras en su sede de la Casa de los Pinelo. 

el 07 oct 2009 / 20:30 h.

Ayer fuimos testigos de un hecho histórico. El flamenco entraba por la puerta grande de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras con motivo de las I Jornadas de Literatura y Flamenco, que quedarán clausuradas mañana viernes con una conferencia del académico Rogelio Reyes Cano sobre Bécquer y el mundo del flamenco. Antes, el también académico Ramón María Serrera disertará sobre Lorca, Falla y el Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922.

Fue el poeta y escritor Félix Grande el encargado de inaugurar estas jornadas ayer por la mañana con una charla sobre la familia Machado y la poesía flamenca. Le siguió Pedro María Piñero Ramírez, de la Universidad de Sevilla y la Fundación Machado, quien habló también sobre la poesía flamenca.

Ya por la tarde, el catedrático de Literatura Francisco Gutiérrez Carbajo ofreció una interesante conferencia sobre la copla popular y la copla flamenca, especialidad en la que es un consumado maestro, con publicaciones muy celebradas.

Entre otras cosas de interés, dijo que no hay frontera entre lo culto y lo popular, "como dijo en su tiempo, entre otros, Juan de Mena", según Carbajo. Se refirió también a Menéndez Pelayo, "quien negó la poesía popular", y a Demófilo, "que identificaba lo popular con lo anónimo".

Cuando ahondó en lo estrictamente flamenco, se refirió con evidente pasión a la cuarteta y el romance, y glosó la grandeza e importancia de la soleá, la solearilla y la seguiriya gitana, llevando a cabo una defensa de la poesía gitana, aunque eminentes literatos la hayan negado también.

Si bien hubo poco público en esta charla, unas quince personas, la participación en la siguiente de Juan Manuel Suárez Japón, rector de la Universidad Internacional de Andalucía, y del cantaor Juan el Lebrijano congregó a mucho más público, aunque a pocos artistas. Sólo vimos a la bailaora Pastora Galván y el cantaor Segundo Falcón.

Suárez Japón no ofreció una conferencia, algo que se le da muy bien, sobre todo cuando habla de flamenco. Se limitó a introducir al cantaor de Lebrija, destacando el hecho histórico de que "por primera vez nuestro arte haya entrado en la regia institución sevillana".

El Lebrijano estuvo acompañado a la guitarra por su sobrino Pedro María Peña Dorantes y, con la voz algo tomada, cantó muy emocionado y con un metal de una gitanería extraordinaria.

Pero antes de cantar explicó su interés desde siempre por la literatura, "aunque fui lo justo al colegio", dijo, para a continuación referirse a obras suyas tan emblemáticas como La palabra de Dios a un gitano o su último disco, con textos de García Márquez, quien llegó a decir que cuando el Lebrijano canta, se moja el agua.

"No soy perfecto, pero mi obra sí", dijo el maestro de Lebrija, que tenía ganas de reivindicarse como un revolucionario del cante. "Los violines no los metió en el flamenco Camarón: lo hice yo primero", dijo con su conocido ángel. Jornada histórica, sin duda, la que vivimos ayer en Sevilla.

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