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José Guerrero

El encuentro fue en la Plaza Nueva. En Granada. Jueves de Corpus de 1935. Ese día José Guerrero bajaba animoso de la Alhambra después de haber asistido a un auto sacramental en el palacio de Carlos V. Distraído...

el 15 sep 2009 / 19:24 h.

El encuentro fue en la Plaza Nueva. En Granada. Jueves de Corpus de 1935. Ese día José Guerrero bajaba animoso de la Alhambra después de haber asistido a un auto sacramental en el palacio de Carlos V. Distraído, arrastraba sus 21 años con un donaire desenvuelto. Nada más se vieron, Federico se le acercó con picardía. Los presentó al instante Gerardo Rosales. '¿Tú qué quieres ser de mayor?', le espetó con ojos vivarachos García Lorca. 'Yo, pintor', respondió Guerrero crujiendo la voz de tanta seguridad. El poeta, sorprendido, no pudo más que asentir ante una convicción tan firme.

En fechas recientes ha visto la luz el catálogo razonado de José Guerrero. Una cuidada edición de toda su obra, fruto de una investigación que ha durado varios años. Averiguaciones que han permitido descubrir facetas poco conocidas -sobre todo las que tiene que ver con su primera época- de uno de los creadores andaluces más importantes del siglo XX. Un artista convencido de sus posibilidades que supo pronto que su vida tendría un rumbo único hacia la pintura. 'Yo seré pintor,' respondía con orgullo a quienes le preguntaban sobre su futuro. Certidumbre que terminó llevándole al hipocentro artístico del momento, Nueva York, donde se ubica entre los grandes pintores americanos de los 60.

Aprovechando las indagaciones realizadas con este estudio en los inicios de su carrera, el museo que lleva su nombre ha acometido una exposición, que permanecerá abierta hasta enero, sobre sus años de formación. Una retrospectiva de "Guerrero antes de Guerrero", como lo ha denominado Juan Manuel Bonet, que permite reconstruir la evolución de su lenguaje en las dos primeras décadas de su trayectoria, de 1931 a 1950. Obras desarrolladas en diferentes lugares (de Granada a Roma) donde recorre con voraz ilusión los caminos de la modernidad, un trayecto salvífico que culmina con gozo en la abstracción.

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