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Deportes

La Contracrónica: pierde más que tres puntos

Nuevas lesiones, muy mala imagen y más dudas en el horizonte del Sevilla

el 09 feb 2015 / 08:45 h.

GETAFE - SEVILLAHabía cierto tufo en el ambiente que alertaba de que el Sevilla podía meter el petardazo en el Coliseum. Había planteado bien –aunque ejecutado mal– hacía pocos días su partido en el Bernabéu y claro, Unai recibió bastante azúcar; además, seguía acumulando bajas importantes y el campo del Getafe no se le daba bien tradicionalmente, ni al Sevilla ni a Emery. Y pronto se confirmó el drama: Mbia lesionado, Diogo a lo suyo y el extrañísimo plan del entrenador por los aires. Con esos ingredientes, sobre todo a medida que pasaban los minutos y el Sevilla jugaba cada vez peor, es de resaltar que los hinchas del Sevilla desplazados hasta Getafe resistieran en ese gélido estadio y no se marcharan. Estos intrépidos sevillistas, algunos de Madrid o localidades cercanas, y otros llegados desde Andalucía,  son los primeros que merecen el perdón de Unai y los suyos. Porque el Sevilla no sólo se dejó tres puntos de oro ayer en Getafe, sino el crédito recuperado tras haber tirado la Copa. Dejó en evidencia que las bajas le han destrozado el equipo, que no habría estado de más apretarle a José María Cruz para poder fichar en enero –como todos los primeros clasificados de la Liga– y que tiene que ocurrir prácticamente un milagro para que remonte un partido. Cuando no es uno es otro. Los rivales saben cómo jugarle y el mismo Sevilla se agobia nada más ponerse por debajo, sabedor de que va a atacar a uno por hora a un rival encerrado y que intuye casi todas sus jugadas. Es cierto, el Sevilla llegaba tocado por las bajas y, por ende, por la acumulación de minutos. Pero hay más de fondo: el problema del lateral derecho y el agujero de fútbol en el centro del campo, que hace que Banega sea imprescindible –esté bien o mal–. Diogo está desquiciado y ni siquiera los dos golazos al Espanyol tapan sus cada vez más groseras lagunas defensivas. Emery persiste en el riesgo. Y Banega no puede solo, máxime cuando Iborra tiene que ser su mejor amigo y base de un plan trazado a pelotazos. También ahí persiste el entrenador.

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