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La fórmula de Einstein

Cuando Albert Einstein rechazó la presidencia del Estado de Israel en 1952, dijo que él "hubiera dicho cosas a los israelíes que a estos no les gustaría oír". El primer ministro Ben Gurion respiró con satisfacción por esta negativa, reconociendo sus problemas...

el 15 sep 2009 / 20:50 h.

Cuando Albert Einstein rechazó la presidencia del Estado de Israel en 1952, dijo que él "hubiera dicho cosas a los israelíes que a estos no les gustaría oír". El primer ministro Ben Gurion respiró con satisfacción por esta negativa, reconociendo sus problemas si aquel hubiera aceptado. Einstein declaró que "la dominación de los árabes por los judíos supondría la perpetuación de un estado de hostilidad mutua entre dos pueblos, que significaría el fracaso del sionismo".

En su discurso en el Congreso Sionista de 1929, expresó que "lo primero y más importante es la creación de un modus vivendi. La fricción es quizás inevitable, pero sus malvadas consecuencias deben ser superadas por una cooperación organizada, permitiendo que el material inflamable no se acumule hasta el punto de peligro. La ausencia de un contacto normal en el día a día conduce a una atmósfera de miedo mutuo y desconfianza. Nosotros los judíos debemos demostrar que toda nuestra historia de sufrimiento nos ha dado suficiente comprensión y percepción psicológica para saber cómo afrontar este problema con la suficiente organización y psicología; no existen diferencias tan irreconciliables que impidan un camino de paz entre árabes y judíos en Palestina. Estemos en guardia contra el chovinismo ciego de cualquier clase, evitando que la ausencia de la razón y el sentido común sean reemplazados por las bayonetas británicas".

En una de sus cartas, Einstein escribe que "es necesario trabajar para la creación de una comunidad árabe-judía que acerque estrechamente a esos dos pueblos, excluyendo a los fanáticos nacionalistas". En otra misiva escribe que "los acontecimientos parecen haber demostrado la necesidad de una simbiosis real entre árabes y judíos en Palestina.

Esto significa la existencia de organizaciones permanentes mixtas, tanto administrativas, como económicas y sociales. La coexistencia separada conllevará de vez en cuando peligrosas tensiones". En otra afirma que "si no somos capaces de encontrar un método honesto de cooperación y de pactos con los árabes, entonces no hemos aprendido nada de más de dos mil años de sufrimiento".

Afirma que "sin una cooperación honesta con los árabes no hay paz ni seguridad". Opina que un Estado judío contra los árabes provocará un conflicto eterno. Durante años fracasa en su propuesta de igualdad de derechos y acceso al poder en Palestina entre judíos y árabes, con un papel activo de las Naciones Unidas en el gobierno de organismos paritarios.

En una conversación entre Einstein y Weizmann, éste le argumentó que la no consideración de los derechos de los palestinos se debía a que esa era la tierra prometida por Dios a los judíos. Einstein le replicó que "debemos sacar a Dios de este argumento, porque ambos lados ven a Dios de su parte. Si Dios fue el que prometió esta tierra a los judíos, Dios también puso a los palestinos allí". Ocho décadas son demasiadas confirmando las peores premoniciones del sabio pacifista. 80 años sin salida. 80 años de tragedia excesiva.

Abogado

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