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La nueva vida de la galga Vida

El animal, que fue maltratado por sus dueños durante meses y que perdió un ojo,vuelve a nacer en Holanda y con nuevos amos.  

el 17 jun 2010 / 18:53 h.

Vida se ha ido a Holanda con su nueva familia.

Del mes de enero ya sólo queda el recuerdo. Ahora, aquella galga que tuvo la suerte de encontrar ante ella a la asociación en defensa de los derechos de la vida animal Ddevida campa a sus anchas en Holanda con sus nuevos dueños. En Utrera le pusieron por nombre Vida, aunque su nueva familia ya la llama Marleenje.

La presidenta del colectivo, Encarnación Ranea, recuerda cómo encontraron a la galga, víctima de unos desaprensivos dueños que abandonan a los perros de su raza cuando la temporada de caza con galgos llega a su fin. "Paseábamos por los alrededores de la Oficina de Turismo, fin de jornada laboral y fin de semana a la vista, pero lejos de un rato de ocio nos sorprendió un perro con un extraño comportamiento, ya que se daba golpes con cuanto se ponía en su camino".

Al verlo, "me apresuré a acercarme pero corría a cierta velocidad, sin rumbo fijo, hasta que entró en un portal y se quedó con su cabeza pegada a la pared con la que se había dado su último golpe". Fue entonces cuando "me acerqué, la giré hacia mí y pude ver cómo su ojo izquierdo colgaba putrefacto por su cara, en el pecho y parte de la pata izquierda tenía una enorme herida; ella era casi un esqueleto".

Con el cuerpo "saltando de miedo", al estar "aterrorizada", Vida tuvo que visitar urgentemente al veterinario donde tuvieron que extirparle un ojo, y curarle y coserle el resto de heridas. "El único ojo que le quedaba no presentaba visión alguna por lo que la veterinaria decidió desviarla a un especialista, ya que recuperar la vista en ese único ojo era su esperanza de vida", recuerda Encarnación, quien pudo respirar tranquila cuando este animal consiguió finalmente ver.

Durante diez días, Vida sólo comió, bebió y durmió. Si su peso ideal oscila entre 22 y 23 kilos, el día de su recogida pesaba 16,5, y "no quería caminar ni salir a la calle, todo la asustaba". Como antídoto, unas dosis de caricias diarias por el cuerpo para acostumbrarse al contacto humano, del que no tenía muy buen recuerdo.

En el tiempo de tratamientos, curación y búsqueda de su nueva familia, Vida ha vivido en casa de varios miembros de la asociación, además de con Giulia y Marcus, una pareja italiana de acogida que le dio todos los cuidados.

A través de la organización española Galgos112, la perrita ha encontrado su familia adoptante, con la que disfruta en tierras holandesas de un nuevo hogar, siendo ya "una perra equilibrada, alegre y confiada". Es una labor "dura pero satisfactoria", gracias a la cual, de entre tantos miles de animales maltratados y abandonados, algunos de ellos tienen su oportunidad. Es el caso de Vida.

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