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Deportes

La roca que quería Emery

Mbia es el músculo que el técnico del Sevilla necesitaba para el centro del campo.

el 02 may 2014 / 22:45 h.

MBIA-EN-BRAZOS Coke y Rakitic levantan a Mbia minutos después de que el Sevilla lograra la clasificación para Turín. / José Antonio Sanz. Para buena parte del país era un gran desconocido hasta este jueves, pero todo aquel que oiga desde ahora el nombre de Stephane Mbia lo relacionará para siempre con un tremendo cabezazo, un equipo y el pase a una final europea en el último suspiro. El bravo jugador camerunés ha entrado para siempre en la historia del club de Nervión. Su gol hizo llorar a miles de sevillistas porque su equipo estará por tercera vez en una final europea cuando todo estaba prácticamente perdido. El jugador camerunés ha sido uno de los grandes descubrimientos de Monchi, ese director deportivo que sabe dónde y cuándo se pueden encontrar buenos futbolistas y que con mucho trabajo vuelve a recuperar esa pizca de fortuna que había disminuido los últimos años. Mbia estaba en la Premier y jugaba en el Queens Park Rangers. Cualquier director deportivo que se precie tenía fácil seguir al futbolista pero únicamente fue Monchi quien supo estar al quite para que el jugador recalara en Nervión. Por algo será. Era el hombre que quería Unai Emery para que el centro del campo sevillista fuera una roca. Tiene 190 centímetros y 82 kilos de puro músculo. Como está demostrando durante toda la temporada, la fortaleza física es una de sus principales virtudes tiene muy buena parte de culpa de que este nuevo y remodelado Sevilla haya llegado donde ha llegado. Sus inicios fueron algo dubitativos porque muchos veían en él un alocado jugador que en cualquier momento era capaz de hacer una buyada. Los sevillistas conocen este término perfectamente. Y alguna hizo. Poco a poco se fue asentando en el once de Emery pero dos inoportunas lesiones lastraron su adaptación tanto al grupo como a la forma de juego. La primera no fue muy grave y sólo estuvo ko durante las jornadas siete, ocho y nueve. Curiosamente, sin el camerunés el Sevilla sólo ganó uno de estos partidos. Empató en Anoeta, ganó en casa al Almería y empató en Zorilla. En este choque, además, debutó en Liga tras su larga lesión Daniel Carriço, el mejor complemento posible para el camerunés y la pareja que quiere Emery en el centro del campo. El golpe duro vino en Elche. El camerunés volvió a caer y sin su participación entró el Sevilla en barrena ya que estuvo cinco partidos sin ganar –dos empates y tres derrotas–. A su vuelta, ya con el equipo en clara fase de ascenso, ha sido clave para que hasta la pasada semana hubiera muy series opciones de jugar la Liga de Campeones la próxima campaña. futbolística. VALENCIA-SEVILLA 13-14 Mbia hace un gesto de rabia a la grada al finalizar el partido. / José Antonio Sanz Su adaptación a la ciudad y al grupo de jugadores que convive a diario con él también ha sido muy importante para asentar su juego sobre el césped. Como muchos jugadores de su país posee un carácter complicado y conviene no estar cerca de él cuando el jugador pueda tener un mal día. Eso no quita que Mbia sea una persona muy extrovertida y muy querida en el vestuario por su simpatía. Cuando tiene un buen día, estar junto a él es garantía de diversión. Su función en el grupo, dentro y fuera del campo, ganó muchos enteros desde el Euroderbi que se ganó al eterno rival en su estadio. Su progresión seguía subiendo al mismo tiempo que su integración en el vestuario. Toda España lo pudo ver la noche del jueves. El camerunés no se cortó lo más mínimo a la hora de posar para los fotógrafos, bailar y hacer todo tipo de carantoñas a las cámaras de televisión para mostrar a todo el mundo que en ese momento era el hombre más feliz de la tierra. Pudo ser un golpe de suerte, otros lo llaman fe y otros, trabajo. Pero quien estuvo en el momento preciso fue él, ninguno más. Fue el mejor fruto, hasta ahora, a toda una vida dedicada al fútbol. Sus inicios deportivos fueron en su país, en el modesto Kadji Sports. Tras una temporada logró dar el salto a Europa y fue fichado por el Stade Rennais para su equipo filial. Tenía 18 años y su sueño de ser futbolista de élite estaba entonces algo más cerca. Tras cuajar buenas temporadas en el primer equipo fue comprado en el verano de 2012 por uno de los grandes del fútbol galo, el Olympique de Marsella. Diez millones de euros tuvieron la culpa. Mbia, rematando en el gol que clasificó al Sevilla. / José Antonio Sanz. Mbia, rematando en el gol que clasificó al Sevilla. / José Antonio Sanz. La campaña fue discreta, sólo jugó quince partidos de Liga, y cambió en verano el campeonato francés por el británico. En las Islas tampoco salió bien la jugada a pesar de jugar 29 partidos. El club perdió la categoría y la puerta de salida se le abrió al jugador, aunque de momento en forma de cesión. El afortunado club que lo tiene en su poder es el Sevilla. Su compra está en torno a los cuatro millones de euros. El club y el jugador decidirán verano. Pero se quede o no se quede Mbia ya siempre estará en Sevilla y en el Sevilla. Un potente cabezazo tiene la culpa.

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